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Prueba HONDA NT 700 V Deauville

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Una buena trabajadora
Hay motos que entran por los ojos, algunas resultan espectaculares
por su apariencia deportiva o por su grandiosidad de formas. La
Honda Deauville no pertenece a esa clase. No llama especialmente la
atención, y si lo hace es absolutamente por todo lo contrario. Es
mesurada en su tamaño, discreta de apariencia y sencilla
técnicamente, pero esconde grandes virtudes o a lo mejor estas son
precisamente sus virtudes que la han convertido en todo un éxito.
Tener una moto polivalente es una acepción muy amplia, pero una de
las motos que conozco que mejor cumple este concepto es esta Honda
Deauville 700, una buena herramienta urbana, excelente viajera con
buena capacidad de carga y además es muy acogedora y amable con el
pasajero.
Parece que con esta entradilla te he resumido la prueba de la moto,
y en cierto modo es así, pero en estos tiempos que corren y con una
vehículo tan popular como este, quiero desmenuzar su comportamiento
en todos los escenarios posibles y en las situaciones más variadas
para que te hagas una idea muy concreta de cómo es y como va.
Estéticamente lleva más de cuatro años sin variaciones y tal vez la
notamos algo trasnochada en su línea y en sus componentes, cuadro de
instrumentación, interruptores, etc…
De todas formas esta es la primera remodelación sobre el modelo
original (la 650) y la verdad es que la mejora fue sustancial,
perfeccionando ostensiblemente casi todos los aspectos importantes
en una moto de este tipo. Nada más subirnos a ella, aunque sea en
parado, nos damos cuenta que resulta verdaderamente cómoda, con una
estudiada ergonomía y una excelente protección aerodinámica debido a
su remozado carenado con pantalla regulable en altura. El triángulo
imaginario que forman el manillar, asiento y estriberas nos hace
adoptar una postura muy cómoda y natural con todos elementos a mano.
Una posición que no cansa, ideal para viajar. El asiento es largo y
amplio, acoge con holgura al pasajero le ofrece un espacio extenso
con unas asas bien situadas donde poder sujetarse y en conjunto una
ergonomía muy correcta gracias a la buena distancia entre estriberas
y altura de las posaderas. Su capacidad de carga también se ha visto
beneficiada gracias a que sus maletas integradas ahora van
intercomunicadas entre si. También se pueden montar en opción unas
tapas de maletas más grandes que aumentan sensiblemente la anchura
trasera de la moto, pero evidentemente también su capacidad de carga
(valen 364 euros y cabe un casco integral en cada maleta).
Igualmente en opción hay disponible un baúl trasero de gran
capacidad (45 litros, en el que caben dos cascos integrales, por 443
euros) e incorpora un cómodo respaldo para el pasajero. Además
dispone de dos guanteras en las bandejas laterales del carenado (una
de ellas con llave) muy útiles para llevar pequeños objetos, llaves,
documentación, mando del garaje, etc. El cuadro de instrumentos
tiene un corte bastante automovilístico, tal vez ya un poco
anticuado, pero es muy completo. Lo componen cuatro esferas, una
pantalla digital multifunción y muchos testigos de aviso para
diferentes funciones.
Un motor apropiado
En cuanto al propulsor es un viejo conocido y para mi uno de los
estandartes de la marca que lo ha empleado siempre con mucho éxito.
Es el bicilíndrico en V a 52º que en esta ocasión cúbica 680 cc
(antes era 647 cc), refrigerado por agua y alimentado por un sistema
de inyección electrónica, que rinde 66 CV a 8.000 rpm. (10 CV más
que antes y un 15% más de par). Las principales virtudes de este
propulsor son su robustez, es escaso mantenimiento, parco en el
consumo y en consecuencia muy limpio en emisiones (cumple
holgadamente la exigente normativa Euro 3). Si tenemos que achacarle
algún defecto es que por su configuración vibra más que un cuatro
cilindros y estas vibraciones a determinados regimenes las
apreciamos más de lo que nos gustaría, aunque sin llegar a ser
verdaderamente molestas. La caja de cambios es de cinco velocidades,
el embrague multidisco bañado en aceite y la transmisión final por
cardan, lo cual es sinónimo de nulo mantenimiento.
En cuanto al bastidor lo forman dos vigas de acero con el basculante
trasero de aluminio y por el interior del mismo gira el árbol del
cardan. La horquilla delantera es telescópica convencional y en la
suspensión posterior lleva un sistema progresivo de bieletas con
monoamortiguador. Los frenos son de disco en los dos ejes y monta el
sistema patentado por Honda Dual CBS que combina la acción de los
discos delantero y trasero. Como opción se puede pedir además con el
sistema antibloqueo ABS (600 euros), nuestra unidad de pruebas lo
lleva y te puedo garantizar que su funcionamiento es impecable y
verdaderamente eficaz.
Compañera de fatigas
La Deauville es una moto de turismo con maletas incorporadas pero de
dimensiones y peso bastante contenidos, unos 250 kg en orden de
marcha y de ahí sus buenas cualidades en cuanto a agilidad y
dinamismo. El motor tiene un funcionamiento correcto para las
pretensiones de esta moto, con potencia suficiente y sobre todo buen
par que responde con presteza a las solicitudes del mando del gas.
Sin ser ningún trueno, acelera bien (el kilómetro con salida parada
lo hace en 27 seg) y en cuanto a su velocidad máxima real ronda los
190 km/h, por lo que mantener cruceros de 140-150 km/h no representa
ningún problema.
La utilizamos por ciudad y vemos que en ese entorno se comporta
francamente bien, se mueve con agilidad entre los coches, además sus
eficaces espejos retrovisores van situados bastante altos, por lo
que libra los espejos de los coches a la hora de superar atascos. Es
manejable, en parado se mueve sin demasiada dificultad y su altura
contenida facilita que un conductor de talla media llegue
perfectamente con los dos pies al suelo. Como moto ciudadana mi
calificación es de notable.
Dejamos atrás los edificios y salimos a carretera. En autopistas y
autovías el límite lo ponemos nosotros dentro del abanico de sus
prestaciones. En líneas generales se comporta con nobleza, transmite
aplomo y pisa bien en línea
recta incluso apurando al máximo sus
posibilidades. Los virajes rápidos típicos de autopista no me
inquietan en absoluto, los podemos abordar con confianza sin cortar
gas y la Deauville siempre mantiene la trayectoria que la propongo
sin hacer ni un solo aspaviento. Por otra parte la protección es
francamente buena y además podemos colocar y regular la altura de la
cúpula, de forma manual, como más nos convenga en cada ocasión.
Salimos de la autopista y nos metemos por carreteras. Entre curvas
se comporta razonablemente bien, es más te diré que mejor de lo que
me esperaba. Es suficientemente rápida en los cambios de dirección,
da confianza en los apoyos y los frenos actúan correctamente. Pero
claro todo dentro de un orden, evidentemente no es una deportiva,
pero si he confesar que he pasado con ella buenos ratos, con
acompañante incluido, por mi carretera de curvas favorita.
En definitiva, la Deauville 700 es una verdadera moto para utilizar
todos los días. Se desenvuelve divinamente por el centro de la
ciudad con una soltura y agilidad impensables, es muy practica por
su magnifica capacidad de carga, admite perfectamente a dos personas
a bordo, es una buena moto de turismo, gasta muy poco (5,5 l/100 km
de media) y por tanto tiene muy buena autonomía, es barata de
mantener y tiene un buen precio de compra (9.299 euros). No me
extraña su éxito pues todas estas cualidades juntas pocas motos las
alcanzan.
Texto: Mariano Urdin
Fotografías: Paloma Soria
Diciembre 2010
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