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Prueba DERBI RAMBLA 125
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Parlare Italiano
No. No te has equivocado. Estás viendo la prueba de un scooter
español, para más señas, un
Derbi Rambla 125. Pero este Derbi sabe
italiano: mucho italiano. Tanto como un
Aprilia.
Nació siendo un
Aprilia. Más concretamente el primer
Sportcity que
hubo. Después, en Noale decidieron “expandir” el concepto del
Sportcity e hicieron un
One y un
Cube, el primero, siguiendo un poco
las líneas y la filosofía deportiva-ciudadana-utilitaria que inspiró
aquel primer
Sportcity pero abaratando, con motor de aire, ruedas
más pequeñas y otros detalles y después el
Cube, un escalón por
encima en cuanto a equipamiento (y precio) que el original. Pero
para entonces, dentro del grupo
Piaggio, propietario de ambas marcas
(Derbi y
Aprilia) se decidió que “repetir” el
Sportcity original,
con marca Derbi podría ser una buena idea.
Por
tanto, el Derbi Rambla es la “reinterpretación” hecha por
Derbi del
Sportcity. Y como ocurrió con el
Aprilia en su momento, el
Rambla es
un scooter muy original, que recurre a
ruedas de 15”, con suelo
plano, un equipamiento no muy elevado pero unos acabados y líneas de
deportivo de cierto nivel. Es, si te fijas, una formula extraña, no
sigue los parámetros de ningún segmento del mercado del scooter
establecido. Me explico: no es un rueda alta típico, no emplea las
ruedas de 16” que definen a estos, pero tampoco las de 14” de
algunos scooters GT con aspiraciones deportivas, cómo los
X Max.
Monta unas originales ruedas, muy anchas, de 15”, buscando aunar la
estabilidad de los primeros con la agilidad de los segundos. Lleva
un motor de agua, multiválvula, y declara los 15Cv máximos que la
ley permite a los poseedores de carnet A1 y B, como esos mismos GT´s
y deportivos, pero no tiene un enorme
hueco para el casco, si no que
sólo cabe un jet. Eso si, tampoco tiene el suelo “ocupado” por un
enorme bulto, como aquellos, si no que tiene el suelo plano para
poder dejar bultos, como un auténtico rueda alta o utilitario
ciudadano.
Como
ves, resulta casi más fácil definir al
Rambla por lo que no es que
por lo que es. Pero si tenemos que “definirlo”, yo diría que es un
buen scooter ciudadano, con un motor puntero y líneas atractivas,
diseñado para ser rápido y funcional en el día a día de la ciudad.
Así, el
Rambla recurre al motor Leader del grupo
Piaggio en su
versión de carburación metido en un chasis tubular de acero y una
carrocería que mezcla la deportividad con la utilidad. Muy agresivo
de líneas, el suelo plano y el
portabultos trasero ponen la nota
utilitaria “que se ve”. La que no se ve (que también la tiene) es un
buen radio de giro, importante en la ciudad y una buena capacidad de
acelerar, gracias a un desarrollo de transmisión bastante corto, en
el que prima la fuerza y las salidas sobre la velocidad punta.
Frenos de disco, por supuesto, bien dimensionados,
suspensiones muy
efectivas (una de las mejores facetas del
Rambla, sin duda)
completan el apartado mecánico de este original scooter y dan a
entender que no se ha querido ahorrar nada en este aspecto. Sin
embargo, un cuadro bastante espartano, la ausencia de detalles como
la pata lateral, la cerradura del asiento en el lateral izquierdo y
no en el contacto, o el pequeño
hueco del casco, con capacidad sólo
para un casco jet nos dicen que realmente no quiere ser un “líder”
en equipamiento y lujo, a costa de disparar su precio. No. El
Rambla
es ciudadano y deportivo, y lleva todo lo necesario para serlo. Pero
al tiempo quiere ser utilitario y no muy caro. Y también lleva lo
justo para estar en esa categoría.
¿Cómo Va?
Como
has visto hasta ahora, el
Rambla es un scooter muy original y esto
se refleja también en su comportamiento, en su “personalidad”
andando. Es atractivo de líneas, está bien acabado y, sobre todo, en
el color negro que ves en nuestras fotos, resulta muy sport, con
detalles en rojo, como su nombre en los lados o los bordados del
asiento. De frente su look deportivo es indiscutible, con el
doble
faro, las entradas de aire y la
mini-cúpula ahumada. Desde el
asiento te encuentras con un scooter de tamaño medio, no muy grande,
pero tampoco pequeño. Se llega bien al suelo y se baja bien del
caballete central (el único que trae de serie) fácilmente con un
pequeño empujón. Por delante de ti, un
manillar bien colocado, de
dimensiones correctas y con
mandos de calidad. Un
cuadro un tanto
espartano, con un gran cuentakilómetros y un reloj horario enorme en
la pantalla digital, las distancias recorridas (total y parcial
cambian mediante un mando en el
puño derecho) y a ambos lados del
reloj digital, sendas barras digitales que te indican temperatura y
nivel de gasolina. No falta nada importante (el cuentavueltas es un
“lujo” prácticamente innecesario en un scooter automático) y se lee
bien. En el escudo frontal, una
guantera estrecha, con cierre con
llave y dentro un
enchufe para el cargador del movil o algún
accesorio similar.
En marcha, el motor Leader es silencioso y suave. Un tanto frío,
tiene bastante tendencia a calarse la primera vez que lo arrancas,
pero una vez en marcha, tras unos minutos de calentamiento, es uno
de los mejores motores de la categoría. En este caso no es su última
evolución, la de inyección, si no que todavía conserva el motor de
carburador (costes mandan). Acelera bien, con decisión y sin
titubeos. No hay vibraciones molestas y cuando sales a carretera
alcanza y pasa de 100km/h con facilidad. Pero llegas entre 105 y 110
de marcador y ahí se queda: cuesta abajo, cuesta arriba o llaneando
(sin exageraciones, claro) corre lo mismo, lo que demuestra que se
ha buscado un desarrollo de transmisión corto, ciudadano.
Su
forma de rodar es un tanto peculiar. Quizás debido a sus
ruedas de
15”, anchas o quizás por su reparto de pesos, el
Rambla parece algo
“cabezón” las primeras veces que lo pruebas. Parece que se cae hacia
dentro un poco en curvas cortas, aunque cuando le coges el aire ves
que esa sensación va desapareciendo y más si cargas peso hacia
atrás. No es especialmente ágil, algo que decepciona un poco, ya que
te esperas un comportamiento algo más deportivo. Lo cierto es que
tiene buen rodar, pero no entra en las curvas con la agilidad y el
aplomo que caracteriza a un scooter sport. Cómodo, suave...pero no
deportivo.
En ciudad tiene varios factores a su favor: acelera bien, no es muy
grande y gira bastante. Sobre terrenos bacheados sorprenden sus
suspensiones: si en buen asfalto transmiten lo que pisas y se
muestran firmes, sobre firmes “chungos” absorben las irregularidades
muy bien, de hecho te permite pasar los malditos “guardias
acostados” con cierta velocidad sin que parezca que se te van a
desarmar el scooter y los dientes. Con ello, se convierte en una
buena opción ciudadana. Y un detalle, cuando menos, discutible, son
las rejillas laterales de aireación que monta, por las que sale el
calor que despide el radiador, montado delante. En invierno seguro
que se agradece, pero en verano...
Lo destacable:
-Concepto original
-Motor
-Suspensiones
Lo mejorable:
-Falta de equipamiento
-Comportamiento poco deportivo
-Hueco para el casco pequeño

Julio 2010
Prueba y Redacción: Daniel Navarro “DaniRacing”
Fotografía: Miguel Méndez
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