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¡MOLA! Cuando llegué a casa con la flamante Speed Triple y pregunté a mi hijo Alex (gran erudito en la materia) por su parecer sobre la moto, no pude contener una sonrisa de complicidad cuando me respondió, después de observarla detenidamente, con una sola palabra, la misma que llevaba yo en mi cabeza para el titulo de la prueba, ¡mola!.
He de reconocer que soy de ese tipo de publico que ha encontrado en la motos del segmento streetfighter (deportivas desprovistas de carenado y manillar alto) ese revulsivo tan necesario para no caer en el aburrimiento por la monotonía al que nos tenían acostumbrados los fabricantes de motocicletas en los últimos años. El número de ventas de este tipo de motos ha ido aumentando progresivamente año tras año. Tras un claro dominio años atrás de los modelos mas deportivos, el motorista español, se va decantando por modelos mas lógicos para el uso en el día a día, motos cómodas y fáciles de conducir que sin recurrir a cifras espectaculares de potencia sean capaces de proporcionarnos también grandes dosis de diversión en nuestras escapadas de fin de semana. Motoristas franceses y alemanes, con gran tradición motociclista, así lo entendieron hace años y motos del tipo de las que hoy nos ocupa representan el grueso de ventas de su mercado. Triumph consciente de las demandas y necesidades de este sector del público; que a falta de este estilo de motos transformaban las deportivas existentes desnudándolas de sus prominentes carenados y adoptando manillares elevados, creó por 1994 la primera streetfighter de fábrica, la Speed Triple, convirtiéndose rápidamente en la niña mimada de la firma de Hinckley.
Visualmente es muy corta y compacta, con un frontal provisto de su característico y prominente doble faro y una parte trasera minimalista con unos espectaculares silenciosos de escape ovalados de acero pulido en posición muy elevada y un pequeño piloto trasero de leds entre ambos. El chasis, un doble viga de aluminio formado por la unión de dos tubos redondos y basculante monobrazo, también de aluminio y como el chasis y motor pintado en un bonito color negro proporcionan un alto grado de sofisticación y originalidad, acrecentado por unas bonitas llantas de aleación ligera con brazos en forma de estrella terminando por conformar un producto realmente acertado en cuanto a diseño se refiere. Equipamiento
Ergonomía Nos subimos en la Speed Triple y lo primero que nos llama la atención es la elevada (815 mm) altura al asiento. Con las piernas bastante encogidas y el manillar no muy elevado, nos encontramos con una posición de conducción ciertamente deportiva. El tronco inclinado y adelantado carga bastante peso sobre nuestras muñecas favoreciendo la aparición del cansancio sobre todo en recorridos urbanos. En carretera la ausencia de carenado impide realizar medias de más de 150 km/h debido al constante azote del viento en nuestro cuerpo. Buscando su velocidad máxima (pudimos visualizar puntas de 262 km/h) debemos adoptar posturas de autentico contorsionista con la barbilla a escasos centímetros de los relojes buscando la ínfima protección que estos nos ofrecen, siendo el comportamiento a velocidad máxima impecable. El pasajero sufrirá lo suyo con un espacio de asiento reducido a la mínima expresión y las rodillas a la altura de las axilas a causa de unas estriberas con una separación de poco más de una cuarta con respecto al asiento. Nos ponemos en marcha
Varios son los factores que influyen en el buen comportamiento de una motocicleta, entre ellos: una correcta puesta a punto de suspensiones o la presión adecuada y estado de sus neumáticos. Y es precisamente este último factor lo que ha marcado la prueba dinámica de esta moto. Calzada con unos adherentes Michelín Pilot Power, estos se encontraban al final de su vida útil, sobre todo el neumático trasero totalmente cuadrado y carente de dibujo alguno en su parte central. La Speed Triple se mostraba poco precisa e intuitiva en la entrada a la curva motivado por el ya comentado estado de los neumáticos y un tacto de gas algo brusco en los primeros milímetros del recorrido. Una vez dentro de la curva y estando el neumático apoyado en su parte final la moto mantenía correctamente la trazada. Movimientos continuos de dirección a la salida eran provocados nuevamente por el estado de los neumáticos y un claro aligeramiento del tren delantero (seria aconsejable la instalación de un buen amortiguador de dirección) propiciado por la tremenda motricidad y capacidad de aceleración de su maravilloso (no nos cansaremos de repetirlo) motor tricilindrico marca de la casa. No obstante, es de esperar que con un correcto calzado de neumáticos el comportamiento mejorará considerablemente. Las suspensiones con un reglaje tirando a duro sujetan bien la moto en las tremendas deceleraciones que son capaces de proporcionarnos su generoso equipo de frenos. En carreteras en mal estado el amortiguador trasero le sentimos demasiado seco de reacciones, cosa fácilmente solucionable ajustándolo gracias a sus múltiples posibilidades de regulación.
Triumph dispone de multitud de accesorios para éste modelo, desde
escapes más deportivos a multitud de piezas en fibra de carbono (os
recomiendo entrar en el enlace para ver su extenso catálogo) con
lo que podremos personalizar a nuestro gusto ésta ya de por sí
exclusiva motocicleta.
Llegó el momento de devolverla al importador y he de decir que no me he aburrido en ningún momento con ella, hemos llegado a un perfecto entendimiento y sobre todo he descubierto la agradable sensación de poseer algo realmente exclusivo y original que “mola mogollón”. Buen trabajo chicos. OK - Estética y diseño. - Prestaciones. - Carácter motor. - Frenos.
KO - Dirección nerviosa. - Protección aerodinámica. - Amortiguador trasero. - Espacio para el pasajero.
Precio: 11.420 € Septiembre 2007 Prueba y Redacción: Alberto Palomo (Campeón de España QRS 2006 Q1) Fotografía: Roberto Ramos y Alvaro García Rojo |
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