Comparativa
FORD FOCUS RS & FOCUS RS500

TRES, DOS, UNO, GO!!

350 caballos de potencia contra 305. Son parecidos hasta en los números que indican la potencia de sus motores. Un pequeño cambio de orden. Les diferencia sobre todo la exclusividad. Del RS500, el más potente, sólo se fabrican 500 unidades, todas numeradas con una placa en el salpicadero. Ya están todas vendidas. El RS “normal”, no tan exclusivo, es muy similar y más asequible. En carretera, salvo por el color de la pintura, no hay tanta diferencia.

  

665 CV RESUENAN EN EL GARAJE

Es viernes, último día laborable de la semana y llega la hora de irme a casa. Este fin de semana es especial, tengo que trabajar: voy a probar un Ford Focus RS y un RS500. Entre ambos suman un total de 655 CV.

Todavía en la redacción, sentado en mi mesa, tengo a mano las llaves de los dos Focus RS. He quedado con un compañero al día siguiente para probarlos y fotografiarlos. Él llevará desde el primer momento el RS500. Yo me resignaré con el RS normal.

¿Cómo es posible que piense así? Mi subconsciente me riñe por ser capaz de “menospreciar” un Focus de 305 CV. Lo que sucede es que es superior a mí la atracción que siento por conducir el RS500, una versión aún más potente y exclusiva del Focus RS; sólo hay 500 unidades para todo el mundo y, de ellas, tan sólo 20 llegarán a España. Aunque quisiese no podría comprármelo porque las 20 están vendidas. Es un privilegio poder conducirlo. Más adelante lo será verlo circular por la calle de la mano de algún afortunado.

Bajo al garaje y allí están las dos bellezas. Me siento como si estuviera acompañado de dos bellezas, una rubia y una morena, un Ford Focus RS de color Verde Eléctrico y un Focus RS500 negro mate (la marca lo denomina Panther Black). Tengo la impresión de que tengo donde elegir, pero por el momento no es así. Me tengo que conformar con la rubia, que luce un precioso traje de un color verde infinitamente indiscreto.

Antes de nada quiero alegrarme la vista. Doy un par de vueltas a su alrededor fijándome en cada detalle de su carrocería. Podría dibujarlo sobre un papel como si estuviera calcando una fotografía. Empiezo a darme cuenta de que una máquina me tiene loco. Quiero tener un romance, al menos de una noche, con este coche.

Saco el mando de mi bolsillo. Es exactamente igual que el de cualquier otra versión de la gama Focus. Tras abrir el coche, lo guardo en mi bolsillo. De momento no me va a hacer más falta puesto que arranca mediante un botón situado en la consola. Abro la puerta y me dan la bienvenida dos asientos tipo bacquet firmados por Recaro, con tapicería mixta de tela y cuero. El acceso es un tanto incómodo debido a los resaltes tan pronunciados, y duros, que tiene en los laterales, pero una vez sentado en ellos son casi perfectos. Recogen a la perfección. Van anclados sobre unas guías que no ofrecen la posibilidad de regularlos en altura. El puesto de conducción es cómodo, aunque resta un toque de deportividad al ser tan alto.

Miro su interior y me doy cuenta de que varía levemente con respecto a las demás versiones. Antes de arrancarlo bajo las ventanillas para ver cómo suena. Estoy nervioso. Parece mi primera vez. Presiono el botón de arranque y al instante el bramido que emite a través de la doble salida de escape retumba por todo el parking. Se me escapa una sonrisa tonta, estoy completamente enamorado. Seguro que el guarda de seguridad del aparcamiento ha escuchado el despertar de esta bestia del asfalto.

Acaricio suavemente el acelerador, con acabado metálico al igual que el pedal del freno y del embrague, aunque se diferencia porque no tiene tacos de goma para evitar que resbale. La posición de todos es aceptable y cómoda. Con cada mínima insinuación sobre el pedal del acelerador el borboteo de escape hace que mis ganas de conducirlo aumenten notablemente. Los indicadores que hay situados en el cuadro de instrumentos y en la parte central superior del salpicadero me indican que la temperatura del motor está baja. Me contengo. Tengo la misma sensación que cuando, en la despedida de la primera cita te dan un beso en la mejilla y, quieres aún más.

Cojo con fuerza el aro del volante. Es completamente redondo y su grosor me parece correcto. Está forrado en piel con un tacto muy agradable. Lo manoteo un poco, la dirección es rápida. Me sorprenden sus dos vueltas entre tope y tope. La maniobrabilidad entre las columnas del garaje es reducida debido a un radio de giro alto. Siento a la perfección los pequeños baches que hay en el pavimento del garaje. La suspensión tiene pinta de ser muy dura.



TÍMIDOS Y TÍMIDAS ABSTENERSE EN PROBAR ESTOS COCHES

Dejo el aparcamiento y subo la última rampa antes de salir a la calle. El guarda de seguridad, que está acostumbrado a verme pasar con los diferentes coches de pruebas, me saluda más sorprendido que de costumbre. En este caso su expresión lo dice todo. Le ha encantado.

Nada más salir a la calle noto que la gente me mira. Estoy detenido en un semáforo y soy el centro de atención. Reanudo la marcha y en menos de cinco minutos ya van cuatro personas que me levantan el pulgar indicándome que les ha encantado el vehículo que llevo entre manos. Soy tímido y para evitar cruzar la mirada con la gente, me entretengo conectando el sistema de climatización y el equipo de audio.

La temperatura del aceite está en su punto óptimo. Salgo de la ciudad y me incorporo a una vía más rápida. Acelero con decisión en tercera velocidad. El empuje es contundente y el sonido abrumador. La entrega de potencia es constante. Los recorridos de la palanca de cambios son más bien cortos y el guiado es una delicia. Cada marcha entra con suma facilidad.

Siento que la gente me persigue. Me alcanzan y una vez a mi altura reducen la velocidad para contemplar el coche. Van diez minutos conduciéndolo y ya he visto seis pulgares en alto y un par de peticiones, mediante gestos más bien obscenos, de que lo acelere. Tengo sangre fría y me contengo. Me encantaría hacer lo que me piden, pero estoy trabajando.

El ruido de rodadura es el más evidente. El motor apenas se oye desde el interior, a no ser que se acelere con decisión. Reduzco un par de marchas para adelantar. El sonido y la contundente aceleración me impresionan. Empuja todo lo que cabe esperar de su potencia pero una cosa me sorprende: si se revoluciona el motor hasta la zona roja del cuentarrevoluciones y se sube de marcha con rapidez, en ocasiones, a través del escape se escucha una explosión. Me recuerda a los coches de rallies, pero éste es matriculable.

Aparco el coche en mi plaza de garaje y me marcho con pena; estaría todo el día dándome vueltas con él. Me llevo muy buen sabor de boca. La experiencia por el momento se acaba hasta mañana, cuando podré disfrutarlo con total seguridad al lado de su hermano, el RS500.

A la mañana siguiente quedo muy pronto con un compañero de trabajo. Él es quien está probando, o mejor dicho, disfrutando de la otra belleza. Cuando nos encontramos me sorprende el color negro mate con la luz del amanecer. Desde lejos es mucho más discreto que el Verde Eléctrico, pero al acortarse las distancias llama mucho la atención; es algo nuevo. El efecto mate se consigue colocando un vinilo sobre la carrocería.

Nos ponemos en marcha para llegar lo antes posible al puerto de montaña más cercano. Allí los pondremos a prueba para ver de lo que son capaces. En el camino voy repasando mentalmente los datos técnicos de ambos modelos. Destaco los referentes al motor: cinco cilindros en línea, sobrealimentado mediante un turbocompresor, 2,5 litros de cilindrada y 305 y 350 CV de potencia. Ambos motores están evolucionados a partir del que tiene su hermano pequeño, el Focus ST, donde rinde 225 CV. El sistema de tracción transmite toda la fuerza únicamente al eje delantero. A la vez que repaso los datos voy escuchando el equipo de sonido, de calidad media, que según esté regulado puede hacer temblar algunos de los plásticos interiores y producir vibraciones molestas. Los acabados dejan que desear, al igual que toda la gama. En eso no hay diferencia a pesar de tratarse de una de las versiones más caras de toda la gama Focus.



A FONDO

Llegamos al puerto de montaña y comenzamos a aumentar el ritmo. Para ir rápido no es necesario subir el motor de vueltas pero quiero disfrutar de todo el potencial de sus 305 CV. Empuja con mucha fuerza en cualquier rango de revoluciones. Es impresionante el aplomo con la que puede negociar curvas de todo tipo circulando muy rápido. Permite jugar con la trasera. Es muy vivo de reacciones, lo que puede agradar a muchos conductores e incomodar a otros. Para exprimir su potencial hay que estar alerta porque puede jugarte una mala pasada.

El paso de los kilómetros hace que mi confianza aumente y, a su vez, el ritmo. Mi compañero me sigue de cerca. Tras 33 kilómetros por curvas los frenos aguantan sin problemas. Cierto es que no estamos en un circuito, pero hay que decir que tienen una resistencia a la fatiga más que suficiente para un uso por carreteras abiertas al tráfico. Seguro que tienen mucho que ver las pastillas de la marca Galfer que llevan nuestras dos unidades de pruebas.



FOCUS RS500: CONDUCES O PILOTAS

Nos detenemos y cambiamos de coche sin apenas intercambiar impresiones. Queda claro que queremos darnos cuenta lo más rápido posible de las diferencias existentes entre uno y otro. Una de ellas, la de precio, es elevada; el RS500 en el cual me estoy subiendo cuesta 9.000 € más que la versión de la que me acabo de bajar.

Lo primero que se me pasa por la cabeza al ponerme en marcha es que estoy conduciendo una de las 500 unidades que hay en todo el mundo. Esta unidad en particular está traída de Alemania. Ahora mismo sé que hay solamente dos unidades como ésta en España. Tengo mucho cuidado con todos los coches que pruebo pero en este caso la responsabilidad es mucho mayor.

En su interior los bacquets son iguales aunque tapizados en cuero de color rojo, lo que los hace mucho más llamativos desde el exterior. Rápidamente me doy cuenta de que son más cómodos que los del RS. Están más mullidos. Los cambios en el interior son leves; el plástico que recubre la consola es diferente, las costuras de todo el habitáculo son de color rojo en lugar de azul al igual que el esquema del cambio dibujado en el pomo. La placa identificativa que la distingue entre las 500 unidades está situada en la consola central, justo en la tapa del cenicero. Desde el exterior es visible. Su tamaño es considerable.

El motor está arrancado y emprendo la marcha. El sonido de la admisión y del escape es mayor que en el Focus RS convencional. Acelero con decisión. Es más rápido; tiene un 15% más de potencia. El tacto de la dirección, amortiguación y dirección me parecen muy similares, sin cambios apreciables. En retención, el motor apenas suena, pero si se acelera con decisión y la aguja del cuentarrevoluciones sobrepasa las 4.000 rpm el sonido envenena. Al girar a altas vueltas y cambiar a una marcha superior con rapidez, siempre suena una explosión a través del escape. Esto sucedía ocasionalmente en el RS convencional. En este caso siempre está presente y es adictivo, al igual que el sonido de la válvula de descarga. Es una orquesta perfecta.

Decido aumentar aun más el ritmo. Parece que se me ha olvidado la joya que llevo entre manos pero no es así, lo que sucedes es que aporta mucha seguridad si se lleva por el sitio, sin brusquedades y sin realizar maniobras desafortunadas. El paso por curva apenas se diferencia de una versión a otra. Estoy circulando muy rápido. Las apuradas de frenada son cada vez mayores y los frenos siguen aguantando, aunque empiezo a notar el pedal de freno un tanto esponjoso. Los neumáticos de ambas unidades son unos Continental ContiSportContact3 de medidas 235/35 montados en llantas de 19 pulgadas de diámetro. La adherencia lateral que aportan es muy buena y al tener un perfil tan bajo favorecen la precisión de la dirección. No tienen apenas deriva. Me gustaría conducir una unidad con neumáticos slicks.



CONCLUSIONES

Solamente con cronómetro en mano se puede diferenciar uno de otro en cuanto a reacciones y a paso por curva se refiere. El trabajo realizado por el departamento técnico de Ford con las suspensiones es fantástico en ambos casos. Parece mentira que un coche de calle, sin ser un deportivo de altura reducida, tenga un paso por curva tan bueno, entre otras cosas, debido a lo bien contenidos que están sus movimientos de balanceo y cabeceo.

Los Focus RS y RS500 son coches de carreras matriculables hechos para disfrutar de la conducción deportiva. Ambos brindan la oportunidad de compartir una experiencia inolvidable junto a tres ocupantes más gracias a que están homologados para cuatro personas.



A favor

- Prestaciones (Ambas versiones destacan por ser muy rápidas).

- Estabilidad (El paso por todo tipo de curvas puede ser muy rápido con cualquiera de ellos).

- Exclusividad (Del RS500 solamente se fabricarán 500 unidades para todo el mundo).

En contra

- Consumos (Los consumos de carburante son elevados en ambos casos).

- Habitabilidad (Están homologados para cuatro ocupantes, en lugar de cinco).

- Acabados (Apenas se diferencian interiormente de las versiones más económicas).

Prueba y Redacción: Arpem.com
Fotos: Javier Molto y José Robledo
Agosto 2010

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