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HEDONISTA FUNCIONAL El acertado pero manido tópico del placer de conducir alcanza su máxima expresión en los vehículos descapotables. Los de última generación, como el Eos, añaden la funcionalidad de sus cuatro plazas y maletero con un techo metálico plegable automáticamente y con cristal capaz de transformarlo, fácil y rápidamente, en cupé, cabrio o cupé con techo corredizo. Un caza miradas para todo el año que, con el motor 2.0 TDi de 140 caballos y cambio DSG 6, ofrece cierta diversión al volante.
Hace años, cuando los descapotables contaban con techo de lona, su utilización estaba muy limitada ya que eran poco prácticos y, salvo excepciones, su adquisición y mantenimiento suponían un elevado desembolso de dinero. La aparición del Mercedes SLK con su techo metálico automático abrió un camino que siguió marcas generalistas capaces de ofrecer productos atractivos a precios más asequibles que el de la firma de la estrella. Cierto es que para los puristas, los descapotables deben mantener el techo de lona y carecer de barras de protección de cabeza para no afear el conjunto. Coincido con este planteamiento, vigente en coches actuales como el primo hermano y rival del Eos, el Audi A3 Cabriolet, básicamente por la ligereza de peso y un centro de gravedad más bajo que supone un techo flexible, lo que repercute positivamente en la agilidad dinámica. Pero tras conducir el Eos he de afirmar que me ha convencido su planteamiento, independientemente de las cualidades en marcha de un vehículo hecho tanto para el día a día y como para paseos a cielo abierto. Básicamente por tres motivos: por la posibilidad de tener dos coches en uno –descapotable o cupé–, por contar con un habitáculo de dos más dos plazas con un pequeño maletero, y por la comodidad que supone la operación de apertura y cierre del techo metálico. Con lo mejor de la casa
El techo del Eos es una de sus partes fundamentales. Desarrollado por el especialista Webasto, la firma alemana lo denomina CSC –coupé, solar y cabrio–, pesa tan sólo 12 kilogramos y está formado por numerosas piezas agrupadas en cinco principales. La parte superior está compuesta por dos cristales amplios que forman un techo panorámico que aporta luminosidad y frescura cuando se viaja con el techo completamente cerrado. El cristal delantero es cromático y se puede desplegar hacia atrás de manera automática con sólo pulsar una tecla para conseguir un hueco abierto sobre las cabezas del conductor y su acompañante. Con esta configuración el Eos se transforma en un cupé con techo corredizo. Para descapotarlo por completo hay que pulsar otra tecla cercana a la anterior, mantener el coche completamente parado y que el sensor de aparcamiento no detecte obstáculos en un radio de 50 centímetros ya que la tapa del maletero bascula hacia atrás. Que el coche tenga que permanecer completamente detenido para poder abrir o cerrar el techo –algo que no ocurre en algún modelo competidor– constituye una cierta pega, sobre todo si pretendemos hacerlo en un semáforo en rojo y de pronto este cambia a verde. Tampoco se puede proceder a la metamorfosis de la carrocería por medio del mando a distancia. Metamorfosis en 25 segundos
El hecho de contar con dos tipos de carrocería cupé y cabrio no es óbice para disfrutar de dos estéticas realmente bellas y claramente diferenciadas. En modo cupé la silueta es alargada, baja y la trasera musculosa, una imagen de gran elegancia y calidad. El caparazón de la carrocería está concebido a prueba de ladrones y vándalos. Una vez descapotado, el parabrisas corto y la parte posterior contenida, junto con una cintura alta, aportan unas proporciones óptimas y limpias que no se ven perturbadas ni por la presencia de arcos de seguridad ni de antenas ya que éstas van integradas debajo de la tapa del maletero. Como elemento de seguridad pasiva se encuentra un sistema de protección antivuelco, tomado del New Beetle Cabriolet, conformado por dos dispositivos que emergen automáticamente de la parte posterior de los reposacabezas traseros en menos de 0,25 segundos cuando el vehículo ha superado un cierto valor de aceleración transversal o una determinada inclinación máxima admisible. Interior completo y de calidad
En cuanto al equipamiento del nivel Excellence que montaba la unidad de pruebas, este se sitúa entre la versión básica y el acabado individual. Combina detalles de diseño de cierta elegancia y look tecnológico y equipa asientos deportivos de cuero calefactados, el control de la velocidad de crucero Tempomat y alarma con inmovilizador electrónico. Cuenta también con faros autodireccionables y regulables en alcance, luces bixenon y lavafaros escamoteables a presión para las tulipas delanteras. Igualmente aporta conexión para reproductores de música iPod, radio CD con ocho altavoces, climatizador bizona, espejo retrovisor interior fotosensible, sensor de lluvia, control de distancia de aparcamiento y el Multimedia Device Interface, para el manejo de todo lo relacionado con el entretenimiento, entre otros, con conexión USB. En el apartado dinámico cabe destacar el control de estabilidad ESP y de tracción ASR, cuatro airbags, asistente de arranque en pendiente, dirección asistida electromecánica y autoregulable según la velocidad. Mecánica y transmisión correctas
El sistema DCC de amortiguación deportiva es un gran invento ya que con sus tres modos de actuación –normal, confort y sport–, seleccionables a voluntad del conductor, aporta comodidad en los dos primeros modos y dinamismo en sport, gracias a que el tarado de los amortiguadores se hace más duro, así como la asistencia de la dirección, más precisa y ágil, la actuación del acelerador es más rápida y el régimen mecánico más apurable. Estas posibilidades hacen que se pueda circular tranquilamente en normal o confort y que cuando necesitemos más ‘chicha’ recurramos al modo sport con tan sólo retrasar una posición la palanca del cambio. El manejo del DSG de manera automática convence por la rapidez con la que engrana marchas superiores aunque es algo indecisa en reducciones. En manual no me gusta al subir velocidades ya que es algo lenta y al bajarlas no permite reducciones inmediatas a marchas cortas. Comportamiento neutro y equilibrado
El aislamiento acústico es correcto con el techo cerrado, aunque se perciben algunos ruidos aerodinámicos y rumorosidades procedentes del motor. Cuando se circula descapotado, obviamente se perciben más ruidos, aunque los del motor, pese a ser turbodiésel, no son realmente molestos, ya que el sonido de escape está afinado para ofrecer una acústica algo deportiva. Menos conseguido está el aislamiento aerodinámico con el cielo como techo ya que las turbulencias que se cuelan dentro del habitáculo a partir de entre 100 y 120 kilómetros/hora llegan a molestar. No pude comprobar el paravientos opcional que se instala en las plazas traseras, anulándolas, aunque sí un pequeño derivabrisas que de serie monta en el borde superior del parabrisas. De accionamiento manual, es retráctil y consta de una pantalla de tela perforada de unos seis centímetros de altura, que tampoco me convenció en marcha. Conclusión
Lo destacable - Calidad y diseño del interior. - Asientos cómodos y ergonómicos. -Diseño del pedalier. - Cambio DSG de seis velocidades. - Estabilidad en curva. - Capacidad de frenada. - Motor fino y de consumo contenido. Lo mejorable - Protección aerodinámica. - Espacio para las rodillas del conductor. - Reflejos de luz en instrumentación descapotado. - Cambio perezoso en reducciones. - Elevado peso del conjunto. - Precio elevado. Prueba y Redacción:
arpem.com
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