Prueba TOYOTA IQ2
1.0 VVT-i Multidrive 68 CV

CIUDADANO SORPRENDENTE

Toyota continúa lanzando modelos originales pensados para ser utilizados en ciudad e incluso algo más lejos. Con el IQ, apunta directamente al veterano Smart Fortwo y lanza un rival que mejora en casi todo al pequeño Smart de dos plazas y hasta ahora, rey de la ciudad.

  

LA RAZÓN DE SER

Antes de probarlo ya sentíamos mucha curiosidad por conducirlo, por su peculiar estética y con su nombre parecía sacado del último catálogo de novedades de Steve Jobs y la firma Apple. El inventor de este concepto de mini utilitario urbano y que tan buenos resultados ha obtenido, fue el Smart hace ya cerca de 12 años. Toyota retoma esta idea y la evoluciona para ofrecer con unas dimensiones parecidas algo que parecía imposible, cuatro plazas utilizables en un vehículo de menos de tres metros. El Smart ya no está solo, aunque para su desgracia le ha salido un rival difícil de batir.



CIUDADANO IDEAL

Está muy claro que el IQ ha nacido para ser el amo de la ciudad, cuanto más complicada sea la circulación por haber poco espacio o giros complicados, más cómodo parece encontrarse. En particular es en las calles estrechas donde es difícil maniobrar o aparcamientos imposibles es donde más partido sacamos a su extraordinaria manejabilidad. Para realizar esta prueba nos dirigimos a la bella ciudad de Toledo, plagada de callejuelas estrechas pesadilla de cualquier vehículo que pase de cuatro metros. Allí sometimos a las pruebas más exigentes de maniobrabilidad al pequeño Toyota. 

Es cierto que forzamos la situación al máximo al circular por calles en las que ya solo caminaban los peatones, por la imposibilidad de movimientos que hubieran sufrido el resto de vehículos, pero con el escaso radio de giro del que disfruta el IQ, 3,9 metros, nos atrevimos con todas ellas hasta que el miedo a quedarnos encajados entre las paredes nos hizo retroceder. En este tipo de calles estrechas tan solo un Smart o el IQ están capacitados para desenvolverse sin apuros.
La visibilidad hacia atrás al maniobrar es peor cuando los asientos traseros están operativos a causa de los reposacabezas traseros, pero en un vehículo con estas dimensiones resulta muy fácil intuir el espacio disponible tras él. Para los que aparcar resulte todo un dilema, con el IQ se pueden olvidar de este inconveniente. Con semejantes medidas, cuando aparcamos hay que acostumbrarse a unas dimensiones tan reducidas. Al principio cuesta creer que sea capaz de entrar en algunos huecos, pero siempre acaba sobrando espacio, es fácil, basta con darnos cuenta que donde acaban los asientos traseros, termina el IQ.



EN CARRETERA

El comienzo de nuestra prueba es llegar hasta Toledo por autovía. La velocidad máxima es de 150 kilómetros por hora, más que suficiente para realizar un viaje y que no se nos haga eterno. El motor no es especialmente brillante en su respuesta pero si nos mantenemos entre 120 y 140 kilómetros por hora, la sonoridad no es elevada y los consumos son bastante racionales, en parte por el escaso peso de 845 kilos.

Los 32 litros de capacidad del depósito nos deberían dar fácilmente para recorrer 600 kilómetros que pueden llegar a ser 700 si realizamos una conducción eminentemente económica, todo ello según datos oficiales de Toyota porque durante la prueba no nos acercamos a los consumos oficiales en ningún momento y no logramos bajar de los seis litros cada 100 kilómetros. Sus emisiones como buen vehículo ciudadano que se precie están por debajo de los 120 gr de CO2, tanto con caja manual (99 gr) como automática (110 gr). Aunque el medio ideal de IQ sea la ciudad, solo encontramos un motivo para no realizar un viaje largo con él, y es la imposibilidad de llevar equipaje en el caso de viajar cuatro pasajeros.

 

Si solo son dos los pasajeros, este inconveniente desaparece y podemos abatir los asientos traseros y logramos así 242 litros muy aprovechables. La aceleración no nos pegará al asiento pero la respuesta del cambio automático tampoco nos dejará los últimos en las arrancadas, acelera de cero a 100 kilómetros por hora en 15,2 segundos, 3 décimas más que el manual. Cuando le exigimos pisando a fondo la sonoridad del motor tres cilindros se deja notar pero nunca llega a ser molesta o a impedir una conversación en tono normal.

La estabilidad en autovía rodando cerca de su velocidad máxima es elevada y la suspensión no resulta incómoda salvo cuando atravesamos un bache de grandes proporciones o un típico “guardia tumbado”. En estos casos la escasa distancia entre ejes hace que el bache se sienta prácticamente a la vez en los dos ejes y los pasajeros los acusen algo más al estar sentados cerca de ambos ejes.

En el resto de firmes su comportamiento es intachable y al poco de rodar con él, olvidamos que viajamos en un mini utilitario y las sensaciones al volante son como las de un turismo convencional de mucho mayor tamaño.



VERSIONES Y EQUIPAMIENTO

Por el momento existen dos opciones mecánicas disponibles: 1.0 de 68 caballos de tres cilindros y 1,3 litros de cuatro cilindros y 99 caballos. La unidad de nuestra prueba corresponde a la primera de ellas en su versión automática. Un tres cilindros de muy buena respuesta y consumos oficiales de 4,3 litros cada 100 kilómetros, 4,7 litros en la versión de caja de cambios automática. Con el acabado superior disponemos también de un monitor Eco-Drive, un pequeño ordenador de a bordo que nos informa a través de un display del tipo de conducción que estamos realizando para intentar reducir al máximo el consumo de carburante.

El equipo de serie en el IQ es toda una declaración de intenciones ya que supera a cualquier utilitario y se asemeja más a una berlina grande. Nuestra unidad contaba de serie con asientos de cuero calefactados, llantas de aleación, luces automáticas, climatizador automático, nueve airbags, volante de cuero con mandos integrados, sistema de apertura de puertas y arranque con llave inteligente que permite realizar estas funciones con la llave en el bolsillo. En opción incorporaba el equipo de navegación y audio con altavoces firmados por JBL por 647, 80 euros y detalles estéticos como los pasos de puerta iluminados por 228,95. La versión básica viene con aire acondicionado en lugar del climatizador y los asientos de cuero calefactables pasan a ser opcionales.

La llave inteligente está reservada también para las versiones de acabado superior denominadas IQ2, al igual que las llantas de 16 pulgadas con neumáticos de menor perfil disponibles para la versión más potente. De serie monta llantas de aleación en medida 175/65/15.

El equipamiento de seguridad es muy elevado, no en vano obtuvo la puntuación máxima, cinco estrellas, en el test Euro NCAP, por supuesto incluye control de estabilidad y asistencia a la frenada.

Para proteger a los pasajeros de las plazas traseras en caso de alcance, todos los acabados cuentan con un airbag de cortina especial en la luneta trasera. En las plazas traseras encontramos también dos enganches Isofix de seguridad para anclar las sillas de los niños.



EL INTERIOR

Al sentarnos por primera vez no tenemos sensación de estar en un vehículo de escaso tamaño, la gran anchura del IQ hace que nos olvidemos de ello y solo nos lo recuerda si miramos hacia atrás y vemos que muy poco más atrás se termina el Toyota. Aunque no se aprecia en el primer vistazo, el volante está achatado por la parte inferior para facilitar los movimientos del conductor y los asientos son bastante confortables a pesar de ser tan finos, incluso para pasar mucho tiempo al volante, nuestra prueba en carretera duró 7 horas con una sola parada de media hora.

Una de las pocas cosas criticables es la escasa sujeción lateral, que solo echamos en falta cuando afrontamos curvas lentas forzando mucho los apoyos, aunque esto es algo que no suele hacerse con un coche ciudadano. Otra sería la calidad de algunos plásticos, no todos, pero que desmerecen con el resto de un modelo tan bien terminado como el Toyota IQ.

 

Cuando nos sentamos por primera vez y miramos hacia atrás, las plazas traseras parecían testimoniales e inutilizables y ese pensamiento se mantuvo hasta que realizamos la prueba real y nos sentamos en todos los asientos uno por uno. Comenzamos por la plaza del copiloto, ese es el lateral más amplio al contar con un espacio extra para las piernas ya que no lleva la habitual guantera. En su lugar una especie de gruesa carpeta se sujeta por medio de cuatro corchetes al salpicadero.

Esto permite ajustar la distancia del asiento y colocarlo más adelantado que el del piloto, todo ello sin tropezar con las piernas delante. La prueba la realizamos con dos pasajeros de 1,75 y 1,80 metros de altura.

Para verificar que la altura al techo no era un problema, hicimos una segunda prueba alternando las posiciones delante atrás. El resultado nos dejó bastante sorprendidos, ninguno de los dos viajaba incómodo ni por altura ni por anchura y lo que resulta más increíble, por espacio para las piernas. No fue necesario ni tan siquiera desmontar la carpeta-guantera del salpicadero, de haberlo hecho, hubiéramos ganado más espacio todavía.

Una vez analizado el lateral más amplio, pasamos al más pequeño, el del conductor. Lógicamente a causa de el espacio que ocupa el cuadro y el volante. Tras ajustar el asiento longitudinalmente además de poner una inclinación razonablemente cómoda en el respaldo, colocamos un pasajero de 1,80 metros de altura tras el conductor.

El resultado, sin ser tan sorprendente como en el lado derecho, si que permite realizar un recorrido urbano e incluso algo más duradero sin que el pasajero se queje.

En este caso las piernas del pasajero deben estar levemente abiertas pero nada que resulte incómodo o muy forzado. Puede que no sea el ideal para realizar un viaje largo, pero si es bastante como para llevar a cuatro personas adultas en recorridos ciudadanos sin que los pasajeros de atrás estén contando los minutos que faltan para bajarse del coche, en habitabilidad el resultado es sobresaliente.

El veredicto es más que favorable y el Toyota IQ puede considerarse un verdadero cuatro plazas, aunque desde fuera al observar el interior pueda resultar una quimera acomodar a cuatro pasajeros, la realidad es que lo han conseguido.

Durante la prueba comprobamos que los asientos no tienen memoria y cada vez que se abaten hacia delante pierden su colocación por lo que tenemos que volver a tomar medidas para encontrar de nuevo nuestra posición y regularlos cada vez que levantemos cualquier asiento delantero, en la práctica resulta bastante incómodo.



SUS RIVALES

El Smart Fortwo es el único modelo que puede considerarse alternativa real al pequeño Toyota. Si analizamos la capacidad interior de ambos modelos, los 29 centímetros de longitud extra y los 13 de anchura, resultan definitivos. Suponen dos plazas más reales y mayor maletero, si los comparamos con la misma configuración dos plazas obligatoria en el Smart. Otro factor a favor del Toyota es el comportamiento en carretera, la mayor comodidad y eficacia de sus suspensiones lo convierten, aunque parezca pretencioso en un vehículo de su tamaño, en un mejor devorador de kilómetros.

Sin embargo a favor del Smart diremos que el mayor brío de su respuesta se traduce en una mayor aceleración, aunque con el cronómetro en mano solo sea de 1,4 segundos en el cero a 100 kilómetros por hora, la sensación de inmediatez en la respuesta es mucho mayor.

En cuanto al coste económico ambos tienen un precio elevado para ser los vehículos más pequeños del mercado. A igualdad de equipamiento, es decir con cambio automático, el Toyota se aleja entre 2000 y 3000 euros más, según opciones, del precio del Smart. Si elegimos el Toyota IQ con el cambio manual y motor pequeño dispondremos de un IQ desde 12.500 euros y si queremos el más potente a tope de equipamiento podríamos llegar a pagar 17.000 euros.

 

Existen algunos utilitarios que podrían ser considerados rivales, dentro de la propia marca japonesa; el Toyota Aygo, o fuera de ella el Peugeot 107 o Citroën C1, todos ellos hermanos de nacimiento y con precios entre siete y nueve mil euros.

Cuatro plazas y prestaciones parecidas con mucho menor precio serían a priori argumentos más que suficientes para decidirse por ellos. Pero el Toyota IQ no pretende ser uno más. Con cerca de medio metro menos de longitud que ellos y un nivel de acabados y equipamiento muy superior, el IQ busca un público muy particular que quiera distinguirse del resto por su diseño o una manejabilidad superior y que esté dispuesto a pagar por un utilitario para la ciudad, más de lo que cuestan algunos compactos de cinco plazas.



A favor

- Espacio interior (4 plazas utilizables por adultos).

- Maniobrabilidad (Radio de giro excelente).

- Equipamiento (Como una berlina Premium).

En contra

- Precio elevado (Para un utilitario).

- Reglaje asientos (Delanteros sin memoria).

- Algunos acabados (Calidad de ciertos plásticos).

Prueba y Redacción: Arpem.com
Fotos: Alex Blanco
Marzo 2010

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