Prueba Nissan Pixo
1.0 Acenta 68 CV

POLIVALENTE LOW COST

El Nissan Pixo es un urbanita de atractiva línea y buen espacio interior, con prestaciones y un bajo consumo y precio. Ágil y manejable en ciudad, permite también viajar en carretera gracias al magnífico rendimiento de su motor tricilíndrico y a su conseguido bastidor. Todo un polivalente low cost.

  

PARA CUATRO ADULTOS

Las formas casi cúbicas de la carrocería permiten aprovechar excelentemente bien los 3.565 mm de largo, 1.600 mm de ancho y 1.470 mm de alto que mide el Pixo. El acceso al habitáculo es fácil gracias a cuatro puertas bien dimensionadas. Para dar cabida a las traseras éstas se comen parte del pilar c. Una inteligente solución, similar a la que emplean Peugeot en el 107, Citroën en el C1 y Toyota en el Aygo.

Las plazas delanteras son amplias, con butacas bastante pegadas a las puertas. Una posición que a los conductores más corpulentos obliga a llevar los codos tocando con el interior de las éstas y con los apoyabrazos. No incomoda, pero el tacto del plástico rígido que forra las puertas no es muy agradable, especialmente en largos trayectos. Ganaría con uno textil mullido.

 

Los asientos del conductor y del acompañante son grandes y presentan una tapicería austera y un relleno confortable, que no blandea cuando se acumulan varios centenares de kilómetros de viaje. El respaldo cuenta con pétalos laterales que, sin ser los de un vehículo deportivo, cumplen sujetando suficientemente el cuerpo lateralmente en curva. Las piernas no gozan de tal privilegio, ya que la banqueta es lisa. El reposapiés está bien situado y su tamaño es correcto. Menos cómodo es el lado izquierdo de la consola central donde se suele apoyar la pierna derecha al conducir. Como el apoyabrazos de la puerta, se agradecería que el plástico del que está hecho fuera blando.

 

La segunda fila de asientos está conformada para dos ocupantes. Con la limitada anchura disponible no caben los hombros de un tercero, salvo que sea un niño. De hecho, el Pixo está homologado como un vehículo de cuatro plazas. Eso sí, válidas para adultos de hasta 1,75 mm de alto. Si el conductor y el acompañante superan esa medida comprometen el espacio para las piernas de los pasajeros traseros, que tampoco gozarían de cota suficiente para la cabeza, lo que les obligaría a ir con ella algo agachada.

Una banqueta deslizante longitudinalmente o un respaldo reclinable permitiría acomodar a personas más talluditas a costa de sacrificar algo en maletero.

 

En las plazas traseras se viaja cómodamente. El respaldo no es muy alto y los reposacabezas son pequeños pero cumplen bien su función. No hay espacio para más, estamos hablando de un coche de sólo 3,5 metros que da cabida a cuatro adultos. La visión delantera de los pasajeros traseros no plantea problemas, siendo peor lateralmente debido a las pequeñas ventanillas en cuña. Nada agobiante. Éstas llevan apertura tipo compás, ofreciendo una ventilación menor que la clásica descendente. El caso es que si las llevara tampoco podrían bajar mucho por la forma de la puerta, bastante limitada por el paso de rueda.



MALETERO EXIGUO

El Nissan Pixo ofrece un exiguo maletero, especialmente si se ocupan todas las plazas y se quiere emprender una escapada de fin de semana o unas vacaciones. Para eso hay coches más preparados. Como en el habitáculo, hay que recordar que sus 3,5 metros no dan para más y hay que buscar un compromiso entre sitio para personas y para equipaje. En el Pixo está bastante logrado, teniendo en cuenta que son más las veces que se va con amigos que de mudanza o a tope de trastos.

La capacidad del maletero es de 129 litros. La boca de carga es algo pequeña y también alta. La culpa de lo primero la tiene el portón, de limitadas dimensiones, y de lo segundo el paragolpes, que sube mucho para dar rigidez a la estructura de la carrocería. El cofre es de formas rectangulares, por lo que es aconsejable elegir para bolsas más que maletas para llenarlo, si bien cabe una de mediano tamaño de pie y todavía sobra algo de espacio para pequeños bártulos. Para efectuar esta operación hay que retirar la bandeja, a la que faltan unos tirantes para que se eleve solidariamente con el portón.

 

Bajo el piso del maletero no hay huecos para objetos menudos y sí uno para la rueda de repuesto. Ésta es de emergencia y medida 115/70 R14. Una solución poco comprensible y que arruinará cualquier viaje ya que el único trayecto recomendable con ella es el de buscar un taller. Seguro que la mayoría de los conductores prefieren un poco más de peso y algún litro menos en el maletero a cambio de evitarse una faena de este tipo. Al menos yo sí. Tampoco es excusa no equipar una rueda convencional los índices estadísticos de los pinchazos, que señalan que son poco frecuentes entre los conductores. Algunos no los conocerán pero otros los habrán sufrido varias veces. Yo soy de los últimos.

Los 129 litros del maletero se pueden ampliar a 367 litros abatiendo el respaldo de los asientos traseros. En el acabado Acenta probado éste se pliega por mitades, permitiendo el mantener una plaza trasera y ocupar la otra con pertenencias. Una buena solución, por ejemplo, si vamos al supermercado acompañados.

Y si requerimos más espacio para objetos voluminosos, se puede optar por abatir el asiento trasero, disponiéndose de hasta 774 litros, que no está nada mal para las contenidas medidas exteriores del Pixo.

El urbanita japonés trae apertura remota del maletero mediante una palanca ubicada en el piso, a la izquierda del asiento del conductor, pero no se puede abrir desde exterior con el cierre centralizado. Hay que introducir la llave en la cerradura ya que no hay tirador para ello. Bien podría emplearse el emblema Nissan para incluir este elemento. También podría buscarse un apoyo para el tapón del depósito de la gasolina mientras se reposta. La tapa de éste si cuenta con palanca de apertura remota, ubicada en el habitáculo, al lado de la portón.



POSICIÓN DE CONDUCCIÓN MEJORABLE

La postura de conducción del Pixo es claramente mejorable. El asiento va algo alto y no se puede regular para bajarlo, mientras que el reglaje del respaldo es por puntos. Están bastante distanciados, con lo que normalmente queda un poco avanzado o algo atrasado. También debería mejorarse la posición del volante, un poco horizontal y que sólo puede ajustarse en altura y no en profundidad, con lo que si nos gusta estirar las piernas al conducir queda un tanto alejado. Además el tacto del plástico en el que está realizado es desagradable y deslizante. Merece la pena gastar unos euros más en este elemento de uso intensivo.

 

Mucho más satisfactorio es el pomo del cambio, por posición y porque su plástico se agarra mejor. Manejar el selector es gozoso por los cortos carriles entre las marchas y su precisión. Más propio de un compacto sport que de un tranquilo urbanita.

El salpicadero presenta un simple y agradable diseño. También es muy ergonómico, siendo muy fácil e intuitivo manejar el equipo de audio y el aire acondicionado. Cuenta con distintos huecos para dejar gafas y objetos menudos y una guantera grande frente al acompañante. Lástima que ésta como otros receptáculos no tengan tapa y que todo quede a la vista de un posible amigo de lo ajeno.

La instrumentación del Pixo es muy sencilla. Tiene una única y grande esfera para el velocímetro con aro exterior para los distintos chivatos de aviso. Se echa en falta un medidor de temperatura del agua del motor o al menos un testigo que indique cuando ha alcanzado la óptima de funcionamiento. También estaría bien contar con un tacómetro para evitar castigar la mecánica en frío. Sería igualmente útil el cuentarrevoluciones para controlar visualmente el giro del propulsor a fin de llevarlo en la zona de óptimo empuje para, por ejemplo, realizar un adelantamiento.



TRES CILINDROS Y 68 CV

El motor del Pixo tiene tres cilindros en línea y 996 cc. Dotado de culata de cuatro válvulas por cilindro e inyección multipunto de gasolina, rinde 68 CV de potencia a 6.000 rpm y 90 Nm de par máximo a 3.400 rpm. Muy voluntarioso, mueve con diligencia desde el ralentí al urbanita nipón, superando en este sentido a los turbodiésel de baja cilindrada, que presentan normalmente una zona muerta. Silencioso al ralentí, le falta aislamiento a medida que se ganan revoluciones, si bien el ruido que emite es de lo más deportivo y estimulante. Ya quisieran muchos compactos GTI. También gusta por su predisposición a subir de vueltas y a girar alto.

Menos entusiasma el tricilíndrico por las vibraciones que genera, que se transmiten fielmente al habitáculo. Un apartado en el que los ingenieros de Nissan deben aplicarse más.



PURE DRIVE

El Pixo luce en el portón trasero el emblema Pure Drive, con el que Nissan identifica a sus vehículos que emiten menos de 140 gramos por kilómetro de dióxido de carbono (CO2). En el Pixo la cifra es de 103 g/km –exento del impuesto de matriculación, siendo su consumo medio homologado de 4, 4 litros. Durante la prueba registró 5,1 litros, una cifra realmente buena teniendo en cuenta el alto ritmo y la exigencia mecánica al que ha sido sometido. La fórmula de este contenido gasto de combustible hay que buscarla en el poco peso del compacto japonés: 855 kilos en orden de marcha. Y es que no hay mejor fórmula para reducir consumos que someter a dieta a los vehículos.



EL REY DE LA CIUDAD

Compacto, maniobrable y ágil, el Pixo es un arma excelente para bregar en el denso tráfico urbano. Es el rey de la ciudad, en la que se desenvuelve con desparpajo y soltura por las calles, especialmente en las más angostas. Con él se encuentra aparcamiento en un periquete, realizándose la maniobra fácilmente gracias a sus compactas medidas exteriores y a lo bien que se domina su perímetro. Todo un especialista en estas lides. Y su reducido consumo y mantenimiento hacen que no añoremos un diésel. Un auténtico vehículo anticrisis.



BUEN RODADOR

Pero es que el Pixo es algo más que un vehículo para la urbe. Si bien no es un sprinter (acelera de 0 a 100 km/h en 14 segundos), el buen rendimiento del motor y las acertadas relaciones del cambio, con una quinta de largo desarrollo, le autorizan el rodar a cruceros legales y más. Llanea como un campeón. Alcanza 155 km/h, marca que logra ya en cuarta. En quinta, a poco que la orografía ayude y vayamos muy cargados, no es difícil superarla. Eso sí, si hay que subir una pendiente algo pronunciada es obligado reducir una o dos marchas, pero la bajada le sirve para recuperar rápidamente el ritmo. Con el reloj en la mano y sin pretender ser multados, se llega igual de rápido que coches de mayor cilindrada y precio. Eso sí, hay que estar más pendientes del cambio que en éstos.

 

El bastidor asume perfectamente circular raudo por autopista y autovía y la suspensión, bien calibrada, se traga los baches sin rechistar y sujeta bien la carrocería en las curvas, donde inclina y subvira moderadamente. En carreteras convencionales también sigue el ritmo del resto de los coches, si bien los adelantamientos exigen prepararlos antes. Hay que tener en cuenta que bajo el pie derecho sólo hay 68 CV. Para afrontarlos con garantías se tienen que realizar en segunda y tercera velocidad. Con la última, apurándola hasta el corte de inyección, se rueda a 100 km/h. Y para rebasar a alta velocidad, la tercera estira fácil por encima de los 120 km/h.

Ahora bien, todo este esfuerzo mecánico, si bien no se paga exageradamente en el surtidor de combustible, si pasa factura sonora. El motor suena si se apura como una moto R deportiva, decibelios que en largos viajes pueden llegar a cansar. Tampoco la aerodinámica es óptima en este aspecto, oyéndose bastante el aire fluyendo en el pilar a y en los retrovisores.

Los frenos cumplen bien su función y sólo si vamos de carreras el sistema, con discos delanteros y tambores traseros, no tarda en fatigarse. Pero el planteamiento del Pixo no es racing sino de ciudad y recorridos interurbanos, en los que saca buena nota.



ESP RECOMENDABLE

Pero es que el Pixo es algo más que un vehículo para la urbe. Si bien no es un sprinter (acelera de 0 a 100 km/h en 14 segundos), el buen rendimiento del motor y las acertadas relaciones del cambio, con una quinta de largo desarrollo, le autorizan el rodar a cruceros legales y más. Llanea como un campeón. Alcanza 155 km/h, marca que logra ya en cuarta. En quinta, a poco que la orografía ayude y vayamos muy cargados, no es difícil superarla. Eso sí, si hay que subir una pendiente algo pronunciada es obligado reducir una o dos marchas, pero la bajada le sirve para recuperar rápidamente el ritmo. Con el reloj en la mano y sin pretender ser multados, se llega igual de rápido que coches de mayor cilindrada y precio. Eso sí, hay que estar más pendientes del cambio que en éstos.

 

El Nissan Pixo con el acabado Acenta cuesta 9.450 euros. Trae un ajustado equipamiento de serie, que incluye cuatro airbag, dirección asistida eléctrica, radioCD, faros antiniebla, aire acondicionado y ABS. Para disponer del recomendable ESP hay que optar por el Pack Safety (700 euros), que incluye también los airbag de cortina y la pintura metalizada. Si queremos un Acenta con cambio automático, de cuatro velocidades (de 0 a 100 km/h en 17 segundos, 150 km/h de velocidad máxima, 5,2 litros de consumo medio y 122 g/km de CO2), hay que desembolsar 11.150 euros (11.850 euros con Pack Safety).



A favor

- Rendimiento del motor.

- Relaciones del cambio.

- Consumo.

- Comportamiento.

- Línea.

- Polivalencia de uso.

- Precio.

En contra

- Antena no integrada.

- Boca de carga alta del maletero.

- Portón sin tirador.

- Rueda de emergencia.

- Volante no regulable en distancia.

- Respaldo del asiento ajustable por puntos.

- Plásticos interiores duros y brillantes.

- Guantera sin tapa.

Prueba y Redacción: Arpem.com
Fotos: Alex Blanco
Marzo 2010

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