Prueba FORD KA 1.3 TDCi

CIUDADANO EJEMPLAR

Mitad italiano mitad alemán, el benjamín de la gama Ford es un atractivo vehículo de dimensiones contenidas, capaz de desenvolverse por entre el tráfico ciudadano como pez en el agua y que no renuncia a cualquier tipo de trayecto interurbano ofreciendo a sus ocupantes cierto confort y muchísima seguridad.

  

CONCENTRADO

Maravillas de un diseño denominado por Ford como ‘kinético’, en contra posición al ‘new edge’ de la gama de mediados de los años 90. Un estilo visible en los productos más recientes de la marca, como Mondeo y Kuga pero sobre todo en el Fiesta, modelo que es un calco del Ka pero en una talla más grande.

El ‘kinetic design’ se percibe, exteriormente, en detalles como una prominente parrilla trapezoidal y unos faros de grandes dimensiones que se alargan hacía atrás. Unos laterales marcados por unos pasos de rueda prominentes, con amplios faldones de puerta y una cintura alta y en forma de flecha que une las manillas de las puertas con los pilotos traseros. La zaga aporta un aspecto macizo y el cristal del portón muestra unas esquinas inferiores biseladas. En el interior el concepto ‘kinético’ también está presente gracias a algunos elementos en forma trapezoidal y a una moderna combinación de materiales y colores.



BUEN PUESTO DE MANDO

Me gusta la facilidad con la que se accede al asiento del conductor, debido al inmenso hueco que deja libre unas puertas de gran tamaño. Una vez sentado en el asiento encuentro casi sin dificultad una óptima postura de conducción, gracias a la regulación en altura del volante –que no en profundidad– y a un asiento que aunque no permite un movimiento de la banqueta en altura completo si permite hacer que esta pivote de arriba abajo desde la parte más cercana al respaldo.

 Hecho en falta algún portaobjetos pues sólo se dispone de los huecos de las puertas y de una pequeña guantera para vaciar los bolsillos. Los dos espejos retrovisores son de gran tamaño y se pueden regular cómodamente desde dentro y de manera automática por medio de una sola tecla. La visibilidad frontal, digna de elogio, se ve favorecida por un parabrisas de grandes dimensiones que va encastrado en dos montantes estrechos, algo que se agradece a la hora de girar en curvas de radio corto. Los cristales laterales, también de gran tamaño, facilitan una óptima visión.

Pero si en la zona delantera no hay casi nada que criticar en cuanto a espacio y visibilidad, detrás la cosa cambia. Para empezar, acceder a ella es algo complicado debido al escaso espacio que queda libre al mover hacia delante el respaldo del asiento anterior. Una vez sentado, la sensación de espacio real es escasa, aunque hay altura suficiente como para que viajen cómodos dos adultos de no más de 1,75 metros. A diferencia de algún modelo de la competencia, como por ejemplo el Renault Twingo, no es posible ganar espacio moviendo el asiento trasero hacia atrás. La luneta es muy pequeña y su visibilidad se ve reducida notablemente en el momento de colocar unos reposacabezas que, curiosamente, no forman parte del equipamiento de serie. La visibilidad a través de los cristales laterales traseros, desde el asiento del conductor, está muy limitada, no sólo por el tamaño escueto del cristal sino, sobre todo, porque el reposacabezas del copiloto impide la visión. Para finalizar, me resulta incómodo en un coche de talante urbano que los asientos delanteros no recuperen su posición inicial ni al acceder a la parte posterior ni al salir de ella. Y también se echa en falta algún asidero en el techo donde el acompañante pueda agarrar su mano derecha.



INFORMACIÓN FÁCIL Y COMPLETA

De vuelta al puesto del conductor, subrayar la excelente ergonomía que ofrecen los mandos. Todos ellos, de diseño tradicional y fácil utilización, se encuentran perfectamente a mano y la información que ofrecen es completa y de fácil lectura. El cuadro de instrumentos está formado por esferas analógicas con velocímetro, cuentarrevoluciones e indicadores de nivel de gasolina y de temperatura del agua. Cuenta con una pantalla digital en el centro que facilita datos básicos como fecha, cuentakilómetros, hora, temperatura exterior y posición del haz de los faros –regulable por medio de dos teclas–. También dicha pantalla muestra la información de un sencillo ordenador de a bordo desde el que seleccionar que salte un ‘beep’ de aviso de exceso de una velocidad determinada así como programar dos recorridos diferentes A y B desde los que controlar autonomía, distancia, consumo medio e instantáneo, velocidad media y tiempo de viaje.

Al tiempo que tomo nota del sencillo manejo del ordenador de a bordo y compruebo el agradable tacto de los plásticos duros que recubren el salpicadero y las puertas –aunque detecto algunas piezas que ajustan de manera imprecisa y bordes con labios algo cortantes–, intento encontrar, en vano, un mando desde el que abrir el portón trasero. Sencillamente no existe ni dentro ni fuera. Para acceder al maletero no hay más remedio que utilizar o bien el mando a distancia o bien la llave; un auténtico engorro que implica, con el motor en marcha, tener que desconectarlo, quitar la llave y apretar el botón del mando. Una vez abierto el portón, se accede a un maletero de cierta amplitud para un coche ciudadano, que cuenta con hueco para llevar, de serie, un kit reparapinchazos o, a cambio de 25 euros, una rueda de repuesto de emergencia.



EQUIPAMIENTO PERSONALIZADO

Uno de los puntos fuertes de este Ka es el equipamiento, sobre todo en cuanto a sus amplias posibilidades de personalización, propias de coches de segmentos superiores. Así, entre otros, es posible disfrutar de un Ka con climatizador –el aire acondicionado es de serie–, hasta seis airbags –los dos frontales vienen de origen–, asientos de cuero con calefacción y conexión para el teléfono con Bluetooth con reconocimiento de órdenes de voz. Este último dispositivo estaba montado en la unidad de pruebas y he de constatar que su funcionamiento resulta excelente. De momento no es posible montar como ‘extra’ programador de velocidad, volante con ajuste de la profundidad, luces automáticas o navegador –sí su preinstalación–. También existe la posibilidad de personalizar el diseño del interior a juego con el exterior, por medio de tres paquetes diferentes: ‘Digital Art’, ‘Tatto’ o Grand Prix’, así como con la combinación de retrovisores de carcasas de colores, tiradores de puertas cromados, alerón y llantas de aleación de hasta 16 pulgadas.



VEHÍCULO EFICAZ EN CIUDAD

Repasadas las diferentes características del benjamín de Ford, sólo falta pasar a la acción. Para ello basta con buscar la mejor posición al volante, ajustarse un sencillo cinturón de seguridad carente de regulación en altura y arrancar el motor. Desde el habitáculo, se percibe notablemente el sonido del motor –un 1.300 centímetros cúbicos turbodiésel con conducto único e intercambiador de calor, de 75 caballos de potencia de origen Fiat–, debido posiblemente a un aislamiento acústico deficiente. Voy engranando marchas con pasmosa facilidad gracias a una palanca de cambios de accionamiento preciso. En ciudad da gusto conducir este Ka por la suavidad de todos sus mandos y la pequeña longitud de la carrocería. El volante, que acciona una dirección de asistencia eléctrica muy eficaz, cuenta con tres radios y 37 centímetros de diámetro, algo grande pero que permite un excelente ángulo de giro de 9,25 metros entre bordillos en tres vueltas completas de volante. Todo esto, junto con un par motor máximo disponible a partir de sólo 1.500 revoluciones permite una conducción muy cómoda sin necesidad casi de cambiar de marchas.

Salgo de la ciudad y me incorporo a una circunvalación, donde compruebo la pasmosa facilidad con la que se conduce el Ka de gasoil. Una vez en carretera abierta es fácil alcanzar y mantener velocidades entorno a los 140-150 kilómetros por hora. El engranaje de las marchas se puede hacer rápido sin que el motor pierda mucha fuerza. Entre 2.000 y 4.000 revoluciones hay energía suficiente e incluso se puede apurar sin llegar a cortar el encendido rondando las 5.000 vueltas, buena elasticidad para un pequeño motor turbodiésel con culata multiválvula como este. Alcanzar los 100 kilómetros por hora desde parado me lleva no menos de 15,2 segundos mientras que el 0 a 1.000 metros lo hago en 36,7 segundos, cifras razonables en un coche de 75 caballos y algo más de 1.000 kilogramos de peso. Para adelantar en carreteras tipo autovía resulta conveniente hacerlo al menos en cuarta velocidad y no en quinta ya que el desarrollo algo largo de esta marcha, claramente enfocada a reducir los consumos, penaliza las recuperaciones de 80 a 120 kilómetros por hora. Y hablando de consumos, en recorrido mixto no he conseguido bajar de unos razonables 5,4 litros cada 100 kilómetros, algo más de 1 litro de la cifra oficial, mientras que en conducción decididamente deportiva el gasto máximo lo cifro en alrededor de 8,5 litros.



SUSPENSIONES AFINADAS

La estabilidad en recta es muy buena, siempre que no haya un fuerte viento lateral, y las suspensiones trabajan a la perfección para ofrecer el máximo confort a los ocupantes. También en tramos de curvas reviradas el coche se comporta correctamente, con ausencia de rebotes en la carrocería.

 En este apartado el Ford Ka supera a su primo hermano el Fiat 500 ya que pese a mantener un esquema de suspensiones similares los ajustes están más elaborados en el Ford, que a su vez hereda parte del gran trabajo desarrollado en el Fiesta. El Ka monta barras estabilizadoras en ambos ejes que reducen notablemente el balanceo de la carrocería y una dirección de asistencia eléctrica, que se endurece a medida que aumenta la velocidad, que permiten ciertas ‘alegrías’ al volante. La seguridad, no obstante, es elevada ya que el coche va siempre pegado al suelo gracias a unos neumáticos de dimensiones exageradas para un coche de este tamaño: 195 R50 en llanta 15.

Por si fuera poco, la unidad probada disponía del siempre recomendable control de estabilidad ESP –desconectable a mano– programado con bastante acierto para permitir una conducción alegre ya que no entra en acción excesivamente pronto ante un deslizamiento inesperado de las ruedas. Un dispositivo que se paga a parte, por sólo 475 euros, y que en conjunción con los frenos ABS de serie también dispone de control de tracción ASR y de un dispositivo de asistencia en pendiente, que evita que el vehículo ruede hacia atrás al arrancar en subida. Pude probarlo y comprobar que el coche permanece parado en cuesta sólo un par de segundos. Por cierto que los frenos –con discos delante y tambores detrás– se comportan de manera más que correcta en prácticamente cualquier circunstancia. El único ‘pero’ está en que suelen perder prestaciones tras un uso intensivo, por ejemplo al bajar un puerto de montaña a elevada velocidad, inconveniente que desaparece con sólo esperar a que se enfríen.



CONCLUSIÓN

Responder a la pregunta de si merece la pena la compra de este vehículo es relativamente sencillo: sí. Y lo es porque estamos ante un coche moderno y sobre todo seguro, bien acabado y fiable, muy bien equipado y que puede cumplir a la perfección, en cuanto a prestaciones, si los interesados en él son parejas jóvenes o solteros que se mueven por ciudad y hacen viajes de vez en cuando, e incluso puede servir a la perfección como segundo coche familiar. Ahora bien, no está tan claro decantarse por esta mecánica turbodiésel cuando se puede optar por la versión de gasolina Duratec de 1.200 centímetros cúbicos y 69 caballos. La versión de gasoil cuesta unos 1.500 euros más, cantidad extra que compensa pagar si realmente vamos a hacer un uso intensivo del vehículo, dado el precio actual del combustible.



A favor

- Diseño moderno

- Buenas prestaciones

- Suspensiones afinadas

- Equipamiento completo

- Alta seguridad

En contra

- Aislamiento acústico

- Espacio en las plazas traseras

- Sistema de apertura del maletero

- Visibilidad trasera

- Reposacabezas traseros de ‘pago’

Prueba y Redacción: www.arpem.com
Fotos: Alex Blanco
Febrero 2009

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