Contrato de seguro: aspectos humanos
''Del papel a los hechos''
Cuando se contrata un servicio o se compra un
producto, la lógica impone que es para utilizar todo su potencial y sacar el
máximo partido. Por ejemplo, cuando nos compramos un coche, es para utilizarlo
siempre que queramos, y obtener de él toda su comodidad, versatilidad, o
prestaciones.
Quién se compra un deportivo, lo que desea es
poder sentir como ruge el motor, o como acelera, o como adelanta. O si es un
monovolumen, lo que desea es aprovecharse de su versatilidad, su amplitud de
espacio, y su comodidad.
Sin embargo, los contratos de seguros de
automóviles tienen la particularidad de que lo que se espera de él es no tener
que utilizarlo nunca, o en su defecto, rara vez a lo largo de su existencia. No
todos los usuarios tienen un siniestro todos los días.
Además de ello, se caracterizan porque cuando se
utiliza es en unas condiciones que siempre son desfavorables y desafortunadas.
Por ejemplo, cuando hay una víctima por accidente, o el coche ha sufrido un
golpe por salida de vía, el cliente está en un momento desagradable de su vida.
No es como cuando se usa el coche, que la persona que lo hace puede estar
disfrutando del placer de conducir.
Este es el motivo que hace que el negocio del
seguro sea especial, porque se utiliza en casos especiales. El comportamiento de
la aseguradora y del cliente en esos momentos, nos debería hacer pensar, mas
allá de la lógica del negocio y del contrato firmado.
|
LAS ASEGURADORAS ''frías o sensibles'' |
Desde el punto de vista de las aseguradoras, lo
pactado en la póliza del seguro se puede aplicar desde dos perspectivas
diferentes.
Fría y calculadora
Para algunas compañías, al fin y al cabo, un
seguro de coche no deja de ser un contrato, con cláusulas y ''letra
pequeña''. Como en todo negocio, se trata de aplicar y responder a las
exigencias que hay firmadas, sin mas pretensión que cubrir todos aquellos
aspectos a los que tiene derecho el usuario, en los tiempos y plazos
establecidos.
Por ejemplo, si ocurre un accidente donde el
asegurado tiene que ser hospitalizado, el trabajo se limitará a llevarlo al
hospital, tasar los daños y secuelas, y pagar la indemnización a la que tenga
derecho.
¿Es una actuación correcta?, SI, por su puesto.
Esta actitud fría de la compañía será la que luego
recibirá el día que el cliente evalúe cuando renueve su seguro, y será tan frío
en su decisión que solo tendrá en cuenta los números. Se recibe lo que se da.
Sensible y cercana al cliente
Las aseguradoras deberían ser conscientes que
cuando un cliente solicita un servicio es porque lo necesita, y en muchos casos,
lo está pasando verdaderamente mal.
Quién choca frontalmente con otro vehículo, o
quién se sale de la calzada y queda hospitalizado, está pasando por unos
momentos que ya nunca se le van a olvidar.
La atención de la compañía en un primer momento,
con un trato amable y eficaz, así como los detalles y las formas son muy
importantes. No es lo mismo tener una atención agradable, cercana, que intente
''arropar'' en todo momento al cliente, que ser frío y aplicar el ''manual de
actuación'' de manera fría. ¿alguna aseguradora tiene contratado los servicios de un psicólogo
para atender los casos mas graves de sus clientes?.
En esos casos es cuando debería salir a relucir la
sensibilidad y cercanía al cliente, poniéndose en ''en el pellejo'' de quién
está sufriendo, y donde mas allá del puro negocio y del dinero que cueste el
siniestro, hay una persona detrás con sentimientos y bajo de moral, que lo que
necesita es una AYUDA.
En esos momentos tan críticos, las personas
necesitan ser tratadas con el máximo mimo y cercanía. Muchas veces tan solo con
una información real y certera de lo que va a suponer el siniestro, los pasos a
seguir y lo que va a ocurrir, es suficiente, el cliente ya no siente la ansiedad
que produce la inseguridad.
Esta actitud tiene muchos beneficios económicos a
la larga, porque un cliente satisfecho es un cliente fiel, que contratará mas
productos y a su vez atraerá a otros clientes.
Es imprescindible que las aseguradoras tengan una
partida presupuestaria para ''eventualidades'' fuera del contrato, que
atendieran situaciones especiales. Muchas veces los tramitadores de siniestros
son conscientes de que ''no es justo'' un determinado trato, pero no tienen
margen de maniobra, porque el contrato firmado con el cliente no se lo permite y
la compañía tiene un protocolo de actuación que no pueden saltarse.
|
LOS USUARIOS ''realista o fraude'' |
Desde el punto de vista de los clientes, el
contrato del seguro puede tener dos puntos de vista:
-
Realista y exigente.
-
Cara dura y fraudulento.
Realista y exigente
Los usuarios debemos ser conscientes de lo que se
firma y de lo que se puede pedir a cambio cuando ocurre un siniestro. De ahí que
es preciso tener una cultura del seguro, ser consciente y realista de las
coberturas que hemos contratado, y de las EXCLUSIONES que no cubren. Es el
momento de decidir si nos interesa contratar o de elegir a otra aseguradora.
Una vez que ocurre el siniestro, debemos EXIGIR
todos los derechos. Muchas veces ''por la boca muere el pez'', y nos conformamos
con lo primero que nos ofrecen, porque desconocemos a lo que tenemos derecho, no
sabemos ni lo que hemos firmado, y de
ahí que no acudamos al Defensor del Asegurado, a las Juntas Arbitrales de
Consumo, o a los Juzgados en situaciones injustas.
Por ejemplo, si sufrimos un accidente donde el
automóvil es
siniestro total, y el accidente no es nuestra culpa, no nos tenemos que
conformar con el
valor venal que nos pueda ofrecer la aseguradora, es preciso EXIGIR el valor
de COMPRA de otro coche de idénticas características.
Otras veces pensamos que tenemos derecho a algo
que en realidad no es así, por nuestro propio desconocimiento.
Por ejemplo, en el caso anterior, si el valor de
un coche es de 5.000 euros en el mercado, y el coste de reparación es de 8.000
euros, no hay derecho al arreglo, puesto que el coste de reparación es
antieconómico, al superar el valor el coste real del vehículo.
Cara dura y fraudulento
A quién roba en una tienda se le llama ''ladrón'',
ahora bien, es muy común que a quién roba y defrauda a una aseguradora se le
''ría la gracia''. Hay personas que piensan que ''quién roba a un ladrón, tiene
100 años de perdón''. Lo hacen para autoexculparse de sus actos.
La mayoría de las veces la ''letra
pequeña'' de los seguros vienen motivadas por la actitud fraudulenta de
algunas personas. Por ejemplo, las aseguradoras indemnizan el valor venal de los
neumáticos porque muchos usuarios simulan un robo o un daño para que se los
cambien ''gratis'', de ahí que no sea de extrañar que en una póliza existan
párrafos como ''se indemnizará el valor a nuevo siempre y cuando existan mas
daños en el automóvil''. O por ejemplo, muchas se han visto obligadas a excluir
del robo el equipaje porque la mayoría de las veces ''da la casualidad'' que le
han robado el abrigo de piel, el ordenador portátil y el teléfono móvil de
última generación.
A este respecto, los seguros son como una
Comunidad de Vecinos. La Comunidad es de todos, y si alguien gasta
inadecuadamente, entre TODOS lo van a pagar.
Cometer fraude o incitar a ello es ir en contra de
nosotros mismos.
Según las estadísticas, en el año 2005, 63.525 personas intentaron
defraudar a las aseguradoras, lucrándose a costa del seguro
fingiendo un accidente que no habían sufrido o decorando las consecuencias de
uno real.
Si no se hubieran detectado el fraude, habrían
percibido 190,44 millones de euros, o lo que es lo mismo, casi 3.000 euros por reclamante.
Según los datos dados a conocer por ICEA en su XII Concurso
Sectorial de Detección de Fraudes en Seguros, el sector logró esquivar el pago
de 144,14 millones de euros pero tuvo que resignarse a abonar 46,3 millones al
no poder reunir todas las pruebas que acreditaban los engaños.