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LA MAJA DESNUDA Cuando llegamos a Milán para asistir a su famoso salón de la moto en otoño del año pasado, vimos que Yamaha era la marca más madrugadora haciendo una presentación de sus modelos nuevos incluso antes de que el propio certamen abriera sus puertas. En un local aparte, bastante alejado del centro ferial, toda la prensa nacional (lo que al hablar de Italia supone mucha gente) y parte de la internacional- grupo donde nos encontrábamos- observábamos con curiosidad dos motos tapadas con sendas telas blancas a ver si a través de las formas que se dejaban ver podíamos deducir cómo serían esas dos novedades. Una era la última evolución del megascooter medio de la marca, la Majesty 400, mientras la otra era un secreto ya anunciado y esperado. Se trataba de un nuevo miembro de la larga e histórica familia XJ 600 que venía a ser algo así como una alternativa más urbana y polivalente a la ya veterana, pero aún efectiva y exitosa, FZ6.
Para aquellos que no lleven muchos años en esto de las motos, habría que recordar los orígenes de esta saga que poblaron los sueños de los españoles que, allá a principios de los 80, veían como las primeras japonesas llegaban a nuestro mercado tras años de estar prohibidas por esas estúpidas leyes proteccionistas dictadas por el gobierno de Franco, que lo único que lograron fue hacer cada vez más raquítica y menos competitiva la en otros tiempos poderosa industria española de la moto. Con Ossa, Montesa y Bultaco a punto de morir, Yamaha llegaba nuestro país y se hacía con la única marca española con motores de cuatro tiempos, Sanglas, y aprovechaba sus instalaciones y fábricas para su filial española. Bueno, aparte de lecciones de historia, hay que decir que allá por el 81-82, la primera moto que realmente entró con fuerza y como verdadero objeto de culto (a precios elevadísimos, recuerda que en aquel momento había un limitado cupo de importación) fue en la Yamaha XJ 650. Era un modelo que ahora llamaríamos “muscle naked” pero que por aquel entonces era simplemente una sport tetra cilíndrica refrigerada por aire con transmisión por cardan y que era prácticamente “lo más de lo más” que podía montar un motero de la época. En el 85 apareció su sucesora XJ 600, mucho más deportiva, con algo más de potencia, más esbelta y que también fue un exitazo de ventas, aún más si cabe que su predecesora… entre otras cosas porque duró más años en nuestro mercado y rápidamente se hizo con una merecida fama de robusta, polivalente, cómoda y de excelente comportamiento sport. Tanto que hasta llego a ser una de las protagonistas de varios campeonatos nacionales de lo que hoy sería la categoría de Supersport. 10 años más tarde, se adoptó su nombre y parte de su filosofía para desarrollar la que sería la antecesora más directa de nuestra protagonista de hoy. Estamos hablando de la XJ 600 Diversion, que no Diversión. Era ya un modelo más simple que todavía equipaba un motor refrigerado por aire, mientras que su espíritu deportivo había sido casi totalmente cambiado por uno mucho más urbano y turístico- ligero. En aquellos mediados de los 90, donde se atravesaba una crisis de ventas incluso mayor de la que hoy vivimos, se vendió bastante bien y aún hoy podemos encontrar muchas unidades rodando por nuestras carreteras.
Junio 2009 |
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