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¡VIVA LA REINA! Pocas motos, y más siendo japonesas, han conseguido franquear la barrera del tiempo y pasar a la historia como grandes estandartes de la estética, ser una leyenda más allá de sus virtudes o carencias técnicas. Una de esas elegidas es sin duda la Yamaha V-Max.
Todos sabemos que entre ese grupo elegido de mitos rodantes están, por supuesto, motos italianas como las Ducati Monster o las 916, las MV Augusta F4, aparte de la Vespa. No olvidemos a las americanas, como la Indian Chief y las Harley Springer, la Fat Boy o la V-Rod. Pero irónicamente Japón, el mayor fabricante mundial del último medio siglo, quizá precisamente por este gigantismo industrial, no ha podido batirse en esta galería de mitos… pero hay una excepción: la Yamaha V-Max 1200. Es curioso como una moto presentada a mitad de los años 80 conseguía (y consigue) ser tan impresionante, atractiva y hacer girar las cabezas igual hoy que hace ya casi 25 años, ¡un cuarto de siglo! Se dice pronto, pero los que conocen lo voraz y salvaje que es el mundo del diseño industrial no pueden menos que deshacerse en admiración con este modelo de Yamaha que marcó el inicio del nuevo segmento de motos y que no ha perdido un ápice de frescura en todo este tiempo. Pero es que, en clara comparación con los modelos europeos y americanos que citábamos en un principio, esta Yamaha siempre contó con una gran ventaja añadida: que su resistencia mecánica y fiabilidad sigue las pautas que han hecho gigante a la industria japonesa. Es decir, aunque pasan los años no deja de arrancar bien por las mañanas, no se rompe y, si la cuidas, no tendrá ningún problema. Y es que si además de tener un mito, lo podemos usar para ir al trabajo cada día, pues mucho mejor, ¿no?
Febrero 2009 Prueba y Redacción: David Garcia de Navarrete
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