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RUGIENDO Todo esto logra un conjunto que se sitúa a años- o siglos- luz del anterior modelo y que no solamente consigue una moto que corre y acelera como ninguna otra, sino que además frena y se comporta bien en conducción, digamos, animada. Espectacular trabajo el realizado por Yamaha en ese sentido porque ha logrado, además, no perder ni un ápice del espíritu y la estética que han hecho legendaria a la V-Max. Cuando la bestia ruge, échate a temblar. Esto lo que piensas cuando presionas el botón de arranque de la moto más esperada de este año. El bramar del V4 te anuncia que las cosas van en serio y que no se trata de una versión descafeinada ni excesivamente civilizada del mítico modelo, sino una nueva frontera en cuanto a prestaciones y sensaciones fuertes. Pues esto es exactamente lo que te encuentras cuando metes primera presionando el embrague hidráulico de tacto bastante duro. Gracias a su descomunal par puedes comenzar a rodar casi sin tocar el acelerador. Sigues subiendo marchas hasta la quinta, donde te das cuenta que en carretera prácticamente es una moto monomarcha. Casi te podías hacer larguísimos tramos sin tener que reducir ni una sola vez, a no ser en curvas muy cerradas. El motor siempre está dispuesto a impulsar de hace adelante con una motricidad envidiable y una fuerza que te hace sentir casi como en el tubo de lanzamiento de una nave espacial. Como te puedes esperar, busca rápidamente una recta despejada donde poder comprobar si esos 200 caballos declarados (180 reales, lo que sigue siendo extasiante y más con este par) son de verdad. ¡Y vaya si lo son! Puede que fuera porque en las condiciones que hicimos la prueba nunca logramos rodar sobre asfalto con buena temperatura, pero la V-Max es capaz de hacer deslizar el gigantesco Bridgstone 200 trasero casi en cualquier marcha. Su capacidad de aceleración y de recuperación es casi indescriptible, conjugado con un sonido de admisión (y del viento, porque con su aerodinámica casi custom parece que te vaya arrancar el cuello) realmente adrenalínico. Y eso qué hay que tener en cuenta que se encuentra claramente limitada en cuanto a sonido de escape y en cuanto revoluciones máximas para mantener sus prestaciones dentro de los límites más o menos accesibles al gran público. O sea, una maniobra parecida a la que se hace en algunos modelos de altísimas prestaciones como la Suzuki Hayabusa o la Kawasaki ZZR 1400.
El cuadro digital colocado sobre el depósito es realmente completo. En él puedes ver la temperatura, la reserva y la velocidad engranada, pero es bastante dificultoso de ver en marcha. En cambio, el cuadro de relojes propiamente dicho se encuentra en una posición convencional y su inspiración es, de nuevo, claramente dragster con un gigantesco reloj central y otro piloto de buenas dimensiones colocados sobre él que se ilumina cuando llega la zona roja. O sea, cuando debes meter la siguiente marcha, aunque si se llega a iluminar a lo mejor es que vas demasiado rápido…
Febrero 2009 Prueba y Redacción: David Garcia de Navarrete
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