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Un trozo de historia Desde su reactivación a principio de los ’90, la centenaria marca inglesa ha sabido sacar muy buen provecho a su ilustre leyenda explotando su glamorosa imagen de marca histórica. Estos ingleses son muy listos y dentro de su cada vez más extenso catalogo hay que destacar la gama que denominan Modern Classic. Son realizaciones actuales basadas en motos que hicieron historia en años pasados, especialmente en las décadas de los ’50 y los ’60. Son fieles réplicas de aquellas, pero construidas con técnicas y materiales actuales. Lo bueno de estas motos, es que parecen piezas clásicas impecablemente mantenidas o restauradas, por las que no hay que pagar desorbitados precios. Además se pueden utilizar todos los días del año, no dan ni un solo problema y conservan el encanto de lo autentico y genuino.
Hoy he probado la
Bonneville T100, originalmente nacida en el año ’58 como
deportiva de la época y se forjó una bien ganada leyenda durante el
siguiente decenio.
Por mi parte te contaré que personalmente recuerdo perfectamente el
concesionario de la marca en Madrid, en la calle Princesa, pues
pasaba todos los días en el camino de casa al colegio y viceversa.
La parada era obligada y me quedaba muchos minutos con la nariz
pegada al cristal del escaparate. Muchas veces cuando nos llevaba mi
madre, salía corriendo antes de llegar al concesionario para estar
más tiempo mirando las motos. Mi madre se paraba un momentito y
tiraba de mi mano con un : “vamos hijo… todos los días igual con
las dichosas motos. ¿No te las sabes ya de memoria?”. Me acuerdo un día que al pasar de camino al cole, estaba el mismísimo señor Cantó entregando una Bonneville a un afortunado cliente y se disponía a arrancar la moto, todo un ritual: Primero abrir los grifos de la gasolina. Pulsar el cebador de sus dos carburadores Amal hasta que rebosara un poquito de combustible. Palanca de arranque desplegada en el lado derecho. Y ahora viene lo bueno, subirse en la palanca dando al mismo tiempo con habilidad una enérgica y continuada patada. Si lo hacías bien, lo más normal es que el motor se pusiera en marcha, si no… podía pasar de todo. Podía volver la palanca con muy mala leche golpeándote en la pantorrilla (a un amigo mío una BSA 650 le rompió el peroné)… o si sigues subido en la palanca te puede lanzar a las nubes… o bien no pasar nada. Eso depende primordialmente de tu experiencia, maña y suerte.
A Don Manuel, hombre discreto de tamaño pero con evidente pericia,
arrancó la Bonneville al primer intento. Así era la Bonneville 650 del ’72, con sus 46 CV a 6700 rpm, sus neumáticos esculpidos y sus frenos de tambor; una moto hecha para hombres curtidos. De serie venía con una buena dotación de herramientas y cada poco tiempo debías entretenerte un par de horas en el garaje y reapretar la tornillería de toda la moto, si no querías -en el mejor de los casos- llegar a casa con alguna pieza en el bolsillo o metida en una bolsa.
Clásicas Modernas Hoy estas historias parecen de ciencia ficción.
¿Una moto grande de carretera que se arranca a pedal? ¿Qué hay que
llevar herramientas… Nuestra Bonneville T100 se parece a la historia de Dorian Gray, el protagonista de la famosa novela de Oscar Wilde, que nunca envejece y mantiene su lozana apariencia desde el día en que le retrataron. La Triumph se la ve flamante, con su aspecto y línea de hace cuarenta y pico años pero en perfecto estado. Su depósito de gasolina con su forma de “lagrima” e impecablemente pintado, luce orgullosos el emblema de la marca en sus laterales y las carrilleras de caucho para proteger el roce de las piernas. Su asiento plano y largo, cómodo y amplio para dos personas. Y su manillar plano y de dimensiones nada exageradas. El motor
bicilíndrico paralelo y refrigerado por aire también conserva su
aspecto externo, Su funcionamiento supera al mejor de los sueños de cualquier usuario del modelo primitivo. Conserva integro su carácter, pero es suave de tacto y vigoroso al abrir el gas. Vibra muy poco, gasta algo más de la mitad y corre un cincuenta por ciento más. Además tiene fama de ser muy robusto, de escaso mantenimiento y no da problemas. En cuanto al bastidor y
suspensiones han seguido la
tradición, el chasis es tubular de
acero, A los frenos afortunadamente no les ha quedado más remedio que rendirse a los nuevos tiempos y aunque las llantas son de radios como antaño (de 19 pulgadas la delantera y 18 la trasera), llevan ahora frenos de disco en los dos ejes en lugar de tambores, que cumplen infinitamente mejor su cometido. Los mandos e instrumentación siguen con su clásico aspecto, tiene dos relojes analógicos para del velocímetro y cuentarrevoluciones, y se han permitido un guiño a los nuevos tiempos en forma de una discreta pantalla digital multifunción que nos informa de la hora, el totalizador kilométrico y los parciales.
Nos vamos de ruta Evidentemente cuarenta años no pasan en balde.
Alguien dijo que “verdades eternas, solo las tiene la Iglesia”,
y lo que antes era un moto sport o una deportiva, hoy la tenemos que
considerar como una moto de paseo o una buena polivalente. En ciudad va de maravilla, tiene un buen radio de giro, el centro de gravedad bajo con lo que se maneja con facilidad, es relativamente ligera y el motor suave y progresivo de respuesta. Viajar, podemos viajar con ella, de serie es una
naked en el más estricto sentido de la palabra, no protege nada,
pero
Triumph pone a tu disposición una serie de accesorios para
hacerla mucho más rutera. Hay varios tipos de pantallas delanteras,
alforjas para llevar equipaje, bolsas sobre depósito… etc. Cuando nos sumergimos por carreteras viradas, si somos conscientes de lo que llevamos entre manos, nos lo podemos pasar bien. Sin olvidar que una deportiva de mediados del siglo pasado, no tiene nada que ver con lo que ahora entendemos como deportiva. Se maneja bien entre curvas, es graciosa en su comportamiento porque te hace sonreír al sorprenderte favorablemente. Sale bien desde abajo cuando abrimos el gas y frena más o menos donde queremos. Es una buena moto, pero todo esto tratado con bastante cariño, pues como imaginarás no está ni pensada ni construida para practicar una conducción al límite, y además no disfrutaríamos intentándolo. Podemos ir alegres practicando una conducción a la vieja escuela, pero olvídate de “descolgadas” e intentar plantar cara a una deportiva actual, por virtuosa que sea nuestra conducción.
¿Cuanto Cuesta Asegurarla? El mejor precio del seguro a todo riesgo con franquicia, en la fecha que hemos realizado la prueba de esta moto, tomando como referencia un hombre de 30 años, con mas 10 de antigüedad de carné, que vive en Sevilla, guarda la moto en garaje colectivo y recorre hasta 10.000 kilómetros al año es de 521.76 euros, en SegurMoto MMT con una calidad/precio en la póliza de 5.36.
En Conclusión ¿A quien recomendaría esta moto? Pues por su facilidad de conducción y polivalencia, en principio es apta para todo el mundo. Pero a los que de verdad les va a gustar esta Triumph Bonneville T100 es a los “puristas” y da igual la edad que tengan. A aquellos motoristas que les gustan las motos en estado puro, que aprecian lo que es una moto “de las de verdad de toda la vida”. Y evidentemente para de los que han llegado a los cincuenta también hay un componente nostálgico muy importante. Si no, que me lo digan a mí.
¿te ha gustado?
Lo destacable: - Lo bien conseguido que está todo el conjunto.
Lo mejorable: - La situación incómoda de la llave de contacto en el lado izquierdo del soporte del faro, eso si muy “como antes”.
Prueba y Redacción: Mariano Urdin Fotografía: Javier Ortega Enero 2012 Equipamiento probador: Guantes: RS Taichi
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