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Piel de lobo y corazón ¡de lobo! Por diseño y comportamiento la nueva “Gran Zeta” de Kawasaki nada tiene que ver con la versión anterior. Parece que la ha dibujado un creador de cómics japonés, con un aspecto anguloso, fiero y agresivo. Pero no solo es fachada. Esta Z1000 es una moto totalmente nueva, tiene una de pinta que intimida, con una estética de mirada dura y cortante, al verla ya deja entrever que viene dispuesta a luchar duro. Si hacemos un poco de historia fue en el 2003 cuando se puso en escena la primera Z1000 y la pura verdad es que nunca ha llegado a alcanzar el éxito deseado por su fabricante. Ha gozado de buenos argumentos, como un precio bien ajustado, buenas campañas y “buena prensa” general, pero las ventas de este modelo siempre han sido escasas, algo que contrasta mucho con la enorme popularidad de la que goza la Z750 una auténtica superventas. Pero la firma verde no se rinde y vuelve a la carga con ánimos renovados, invirtiendo en un proyecto en el que han depositado mucha confianza y esperan conseguir los éxitos que hasta ahora le han sido esquivos en esta cilindrada. Para ello han tirado por la calle de en medio y han partido prácticamente de una hoja en blanco. A su estética futurista la refuerzan con unos mimbres de primera, chasis y motor totalmente nuevos de última generación, específicamente diseñados para ella. Un poco de mecánica
Pero lo realmente novedoso lo encontramos en el bastidor. Lo forman dos vigas de aluminio que discurren por encima de la culata (como en la ZX-10R), es un 30% más rígido y 4 kg más ligero. Y ese es precisamente un punto en el que los hombres de Kawasaki han prestado especial atención: el ahorro de peso. Han conseguido una moto casi 15 kg más liviana que la anterior, y eso es hacer un buen trabajo. En cuanto a los componentes, son más o menos tradicionales pero observamos buena calidad, las suspensiones son multirregulables, con una horquilla invertida de 41 mm en el tren delantero y un monoamortiguador con bieletas para proporcionar progresividad al tren trasero. Los frenos son de discos lobulados con pinzas de anclaje radial, aunque echamos de menos, como en casi todas las japonesas, latiguillos metálicos de serie que siempre le dan un tacto más firme a la frenada. Nos ponemos en marcha
Nos ponemos en marcha, enseguida me doy cuenta que no tiene nada que ver con su antecesora. Las sensaciones que me transmite van en consonancia con su agresiva y futurista estampa. Al acelerar o al cambiar de dirección, las reacciones son muchos más directas, más rápidas, más precisas, con un tarado más firme de suspensiones y un tacto general mucho más agradable. Esta claro que es otra moto completamente nueva y mucho mejor. En ciudad se mueve bien, es una moto corta, muy manejable para su cilindrada y llegas bien al suelo (810 mm de altura de asiento). Pero dejemos los edificios atrás y salgamos a carretera. Cuando enroscas con decisión el puño de gas por primera vez, te das cuenta que “ahí debajo hay chicha”, y te premia con una respuesta muy instantánea y una gran pegada que actúa desde abajo y va aumentando progresivamente. Según va ganando revoluciones el ruido del motor va cambiando, de un sordo ronquido cuando aspira a 4.000 vueltas se va convirtiendo en un aullido cada vez más excitante cuando pasas de 6000 y te lleva hasta las 10.000 en un santiamén chillando como un lobo. Me gusta su voz, me excita y pone mis sentidos alerta optimizando mi conducción, me concentro en la carretera y no necesito mirar el cuentavueltas. Desde luego su carácter es bien distinto al de la anterior Z 1000.
Haciendo turismo el desarrollo final se queda un poco corto, pero aún así es una moto rápida (235 km/h de punta) aunque la ausencia de protección obliga a mantener velocidades más normales. Pero lo mejor lo encuentro al salir de autopistas y autovías y adentrarme en carreteras nacionales, comárcales y puertos de montaña. Entre curvas es una moto muy divertida, sus suspensiones son firmes, frena muy bien y el motor es potente e instantáneo cuando abrimos gas con decisión a la salida del viraje. Solo a la salida de curvas rápidas y con el asfalto en mal estado he notado algo de nerviosismo en el tren delantero, es un poco el precio que hay que pagar por tener una agilidad endiablada.
En resumidas cuentas, la nueva gran “Z” de Kawasaki me ha parecido un inmenso paso adelante con respecto a su predecesora. Independientemente de su atrevida estética, es una gran moto que por una parte es agradable, suave y fácil de conducir, hasta te diría que tiene cierto componente utilitario, apta para llevarla todos los días al trabajo. Pero por otra parte tiene una marcada personalidad pasional, con un motor y un bastidor que sacan su carácter deportivo en cuanto se lo propongamos. Forman un conjunto muy eficaz y divertido capaces de transmitir fuertes sensaciones. Con la Z 1000 no me he aburrido en absoluto, en ninguna circunstancia ni en ningún sitio. Lo +: - Me gusta su estética y el conjunto homogéneo y equilibrado que forman.
Lo -: - En situaciones muy concretas es algo nerviosa de dirección.
Texto: Mariano Urdín Julio 2010
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