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Dice un amigo mío que la mayoría de los motoristas llevan dentro un piloto de carreras en potencia y en la mayoría de los casos frustrado, pues solo unos cuantos consiguen hacer realidad su sueño y participar en alguna carrera. Yo soy uno de esos afortunados. Me di cuenta enseguida que estaba infectado por el virus de la competición cuando apenas contaba 15 años. Mi padre me compró mi primera moto (ciclomotor, mejor dicho) como premio por haber sacado buenas notas en 5º de bachiller, una flamante Derbi Antorcha que lucia orgullosa unas pegatinas en su decoración: “Campeona del Mundo con Ángel Nieto”. Me gustaba salir con mis amigos y pasarles frenando en los “garrotes” de la Cuesta de la Vega o en los virajes subiendo la Dehesa de la Villa. Siempre lo he dicho, de las cosas que más me gusta hacer en moto es ¡adelantar!
Luego al poco tiempo empecé a correr en motocross y en enduro, pero mi sueño se cumplió unos años más tarde cuando participé en mi primera carrera de velocidad en circuito: en el Criterium Solo Moto en el año ’79, con una OSSA Phantom preparada para velocidad por mi amigo y buen mecánico Juanito Martín.
Si la respuesta es afirmativa, tan solo será la primera pregunta a una serie de ellas que te tendrías que hacer. Ser piloto y participar en una carrera requiere cierta dosis de decisión que tienes que superar. Y por otra parte te enfrentas a una prueba contra ti mismo, que te va a dar respuestas a preguntas que puede que te decepcionen o que te hagan el tipo más feliz del mundo. ¿Valgo para esto?, ¿tengo talento?, ¿soy decidido?, ¿Cómo me comportaré en una lucha cuerpo a cuerpo con otros rivales en pista?... Si estás decidido mi consejo es que te apuntes a participar en una copa monomarca y si ya tienes algo de experiencia y un buen nivel de conducción, la Copa Ninja 600, sin duda es la mejor opción de todas. Mi buen amigo Ricard Coll, jefe de prensa de Kawasaki España, ya me lleva tentando desde ediciones anteriores para invitarme a participar en una prueba de esta Copa, pero por unas circunstancias o por otras, el caso es que no había podido ser. Este año estaba decidido, pusimos fecha y elegí el precioso Circuito de Jerez para reencontrarme con el mundo de las carreras.
A las 8 en punto de la mañana estaba en el circuito. Ya estaba casi todo montado, solo a falta de algunos detalles en el recinto dedicado a la Copa, con sus carpas haciendo un gran cuadrado y el nombre del piloto y su dorsal identificado en cada una de ellas. Y allí estaba mi moto, con el nº 42, subida en los dos caballetes con mis mecánicos colocando los calentadores. Mi equipo técnico es de auténtico lujo, son los hombres que dan asesoramiento a cualquier participante que lo solicite, capitaneado por Pep Sastre, director técnico y jefe de servicio postventa de Kawasaki España. Xabi Ribe y Alejandro Calvo son además los dos eficientes “mecas” encargados de cuidar y mimar mi moto durante todo el fin de semana.
Bueno pues superado el trauma, procuré no mirar a la parte baja de la cúpula, sino mirar lejos (como hay que hacer) y concentrar mi atención en la pista y mi pilotaje. ENTRENOS LIBRES
En la segunda media hora, hablé con Pep y decidimos no cambiar nada y pensamos que lo mejor sería dar cuantas más vueltas mejor y tratar de sacar algunas conclusiones después de los entrenos. Me sentí bien y bastante rápido, pero me decepcionó comprobar que solo había bajado en un par de décimas o tres mis tiempos de la tanda anterior. No logré bajar de “cincuenta y cincos” ENTRENOS CRONOMETRADOS
Todo eso lo tenía que probar en la primera tanda de cronometrados, a las nueve de la mañana. Había dormido bien, la moto estaba lista y me encontraba en forma. Pero a las nueve menos diez se plantan unos nubarrones encima del circuito y se pone a llover. ¿Qué hacemos?, ¿cambiamos ruedas, esperamos que pare, salimos a rodar? Decidimos, creo que con buen criterio, que como estos entrenos no iban a valer para nada –los segundos cronometrados son a las doce y diez y serán los que decidirán la parrilla- no salir.
Lo peor de todo es que no pude probar nada en todo el día. Estábamos como en la jornada anterior y con el puesto 15 en la parrilla de salida. Ahora se como se sienten Elías y Hayden. EL WARM-UP No dormí muy bien la noche del sábado al domingo. A las nueve de la mañana tenía quince minutos para probar por fin como va con el desarrollo nuevo. Mañana espléndida, me dio tiempo a dar ocho vueltas, fui bajando mis tiempos vuelta a vuelta, y en la octava hice la mejor. Había rebajado casi dos segundos los tiempos de viernes, rodé en “cincuenta y tres”. LA CARRERA
Terminé satisfecho, pues aguanté muy bien las dieciséis vueltas de la carrera y además mi vuelta rápida fue la número quince. Rodé en cincuenta y dos, pero ya a ese ritmo la moto no me iba bien. Me rebotaba delante en las frenadas más fuertes y no me permitía apurar lo que yo quería y tenía que luchar un poco con ella para no salir abierto. Además tuve que acostumbrarme a mantener siempre el motor entre trece y quince mil quinientas vueltas y abrir más rápido el puño de gas. ¡Cuánto eche de menos una mil! EL CUENTO DE LA LECHERA
Si hubiera podido aprovechar las dos sesiones del sábado, hubiera llegado a cincuenta y doses en la primera sesión. Luego en la segunda probablemente hubiera bajado a cincuenta y unos altos y en la carrera habría salido mucho más delante. Y lo más importante, si hubiera quitado el escudo del Barsa con su dichosa copa, eso me habría hecho bajar dos segundos y si hubiera puesto uno del Madrid, sería por lo menos otro segundo más rápido. Con lo cual a la postre habría hecho cuarenta y ochos, dos segundos más rápido que la mejor vuelta de carrera, ja, ja, ja… La verdad es que tengo que admitir que en esta edición de la Copa Kawasaki he visto un gran nivel general. Hay pilotos muy rápidos, otros bastante rápidos y otros sencillamente rápidos, pero te aseguro que “paquete” no hay ni uno. Todos, hasta los de la cola del pelotón, van razonablemente bien. Espero que estas líneas te hayan animado y si has notado algo por dentro al leerlas, hazte un “análisis” y si tienes “el virus”, ya sabes, la Copa Ninja te esta esperando. RECUADRO COPA NINJA
Hay que desembolsar 14.500 euros, pero en ellos incluye la moto en propiedad con el kit de carreras montado, más el resto de las piezas nuevas para volver a transformar la moto “de calle”. En el kit hay piezas tan atractivas como un escape completo Akrapovic, un amortiguador trasero Öhlins, centralita electrónica con distintas opciones de curvas de potencia, carenado y asiento completo de fibra, juego de pegatinas para decorarla, puño de acelerador rápido… y algunas cosas más. Va incluido un mono de la copa hecho a medida por Silmar para cada participante, la inscripción en todas las carreras y un espacio específicamente reservado en el paddok del circuito para la Copa, en el que cada uno tiene su propia carpa. Hay verificaciones técnicas en todas las carreras para asegurar la igualdad mecánica, asesoramiento técnico para todos los participantes por parte del equipo de competición de Kawasaki y un completísimo servicio de recambios con descuentos especiales para la copa con el fin de contribuir a sufragar los gastos de una indeseable caída. Si tenemos en cuenta todo esto y el nivel de la moto, verdaderamente es barata, pues participar en la categoría de supersport, en un plan “más o menos cutre”, cuesta al menos el doble de esa cifra. Si queremos ir con ciertas garantías y contar con un material para poder estar entre los diez primeros, nos vamos a sesenta o setenta mil euros. Y si nuestro objetivo es el podium o la victoria, el presupuesto a destinar no puede bajar de los cien mil euros.
Agosto 2009
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