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Esta historia de un viaje sobre el lomo de los llamados “hierros” de la cultura motociclista, comienza como todas las buenas rutas moteras, tomando unas cervezas con unos amigos. Durante hace ya cinco años y durante el último fin de semana de julio, se viene celebrando en el país de los Pirineos una concentración harlista, la “ &Dorra”. Esta concentración la organiza Nacho Antón y es uno de los mejores destinos a los que llegar con una Harley y pasar unos días de diversión y espectáculo, rodeados de naturaleza y compañerismo. Tengo la suerte que uno de estos amigos, con los que tomaba este día unas cañas, Javier Arias organiza el viaje para uno de los “Chapter” o grupos de gente con Harley. Mas concretamente para el Madrid Chapter que pertenece al HOG (Harley Owners Group), el club de estas motos más grande del mundo, con más de un millón de socios. Y hablando y hablando y entre caña y caña me sorprende con la invitación: quieren que les acompañe hasta Andorra. La verdad es que nunca he hecho un viaje tan largo en una moto y yo que monto desde hace años, me pregunto que si aguantaría en la parte trasera de su Harley Road King, me lo pienso y decido poner una única condición, yo llevaré mi propia Harley, nada de ir de paquete, quiero sentir la libertad, el viento en mi cara, los mosquitos en el casco, el frío y el calor, con mi propia montura y en mi pellejo. Quiero hacer el viaje de verdad. La única pega es que yo no tengo una Harley. Aquí entra en la historia otro buen amigo que además de ser un hombre aventurero (nos conocimos hace años en el desierto marroquí), es el dueño de la mejor tienda de Harley Davidson de Madrid, Makinostra. Él es Víctor Romero, al cual me dirijo para rogarle que me deje una de sus “niñas” para poder realizar esta ruta tan especial. La respuesta es afirmativa y me prepara tres bellezas para poder elegir. Al final, por peso y tamaño me decido por una Harley Davidson Sportster, modelo Nightster 1.200, negra, y preciosa.
La ruta está servida, el grupo de motos cerrado. Durante 1.800 Km. conviviremos y rodaremos juntos. Y eso que cada moto tiene su cilindrada y su rollo sobre el asfalto, siendo yo la más “pequeña” aunque matona, en equilibrio sobre dos ruedas. El jueves a las 11 quedamos en la puerta del concesionario oficial, Makinostra, en una calle del barrio de Chamberí. Cafelito para conocernos y foto de rigor, salimos de Madrid con un calor abrasador y un tráfico insoportable, aún no se ha ido nadie de vacaciones y la ciudad es un hervidero de vehículos calenturientos. Seguimos por María de Molina para coger la A2 dirección Guadalajara. Estamos deseando llegar al primer desvío y salir de la autopista. Primera dirección por la CL-101 hacía Hita.
Subimos y bajamos algún puertecillo, se ven los castillos y atalayas en los altos, cerca de los pueblos a los que antaño defendieron y avisaron de posibles invasores. Castilla es historia, sencilla y con unos amplios horizontes de trigo y cebada. Desde la Harley se pueden apreciar los pueblecitos de casas blancas y tejado rojos, acurrucadas alrededor de un río y una iglesia.
De nuevo carretera y manta, hemos cubierto las dos primeras horas de viaje y son las 13 horas, aún nos queda llegar hasta Borja para el buen yantar. La ruta continúa por la CL-101 hacia Jadraque, Atienza, Almazán, Ólvega y Agreda para continuar por la N122 hacia Tarazona y Jadraque. El cambiante paisaje se va enredando en curvas y puertos, puertecillos y más curvas, el amarillo va dando paso al verde y la temperatura va bajando. Una pequeña parada en lo alto de un puerto, nos permite contemplar un precioso paisaje, el mar de Castilla.
Para llegar a Borja, el pueblo al lado de Tudela y poder comer sentados en la mesa, debemos pasar un puerto helador muy cerquita del Moncayo justo donde se dividen Castilla y Leon de Aragon, estamos de nuevo en la autopista y de pronto creo que nos hemos teletransportado al Polo Norte. Las manos se me hielan, el frío penetra por los agujeritos de la cordura de mi “chupa” de verano. No me lo puedo creer, con el calorazo madrileño, este frío era impensable. Me hielo y comienzo a sufrir. Pero nadie para, ninguno de nosotros parece estar helado, no seré yo la que de la voz de alarma.
Gracias a Dios, según voy pensando en como será morir congelada con
ropa de verano, paramos. Javier, que es el conductor del grupo nos
guía hasta el arcén. Bajo de la moto y veo que Sergi, que viaja en
la caravana detrás de mi, está tan helado como yo. Nos acercamos al
Infinity conducido por Sara y sacamos la ropa de abrigo, cazadoras
de cuero, un forro polar...esto es otra cosa. En este momento aprendí que cuando uno viaja en moto, sea por donde sea, hay que llevar de todo, tanto para el frío como para el calor, nunca se sabe y el micro-clima de cada zona hace subir o bajar el termómetro en varios grados. Además algo ha pasado, la espectacular Harley del presidente de Chapter de Madrid, Pepe Llamas, se ha quedado sin embrague. Hay dos abandonos, aunque nos informan de que llegarán por la noche al hotel tras esperar la grúa, volver a Madrid (estamos unos 200 Km. por autopista) y subir en otra moto. ¡¡Esto si que es amor a la ruta!! Calentitos por fin, arrancamos las ruidosas máquinas y nos dirigimos a el mesón Las Cuevas, a comer. Tengo hambre y estoy cansada, el frío me ha dejado tiesa. Este restaurante es muy bonito y agradable, pedimos verduritas (típicas de la zona) alcachofas, espárragos... está todo delicioso y la compañía del cocinero, hace que nos sirvan de manera especial. Perfecto, pero tenemos que reanudar la marcha. Repostamos y adelante! Aún nos queda la mitad del camino hasta llegar a dormir a un bello lugar, el pueblo de Aínsa. La A-126 dirección Ejea de los Caballeros es nuestra ruta, Javier y su Harley naranja nos va marcando el ritmo, 90-100 Km./h es lo suyo, aunque hay puertos que los hacemos mucho más despacio. La nota dominante en estos parajes son los modernos molinos de viento, que pueblan las planas colinas. Limoneros y perales son parte también del paisaje. Las grandes nubes nos empiezan a saludar, yo espero que no llueva eso seria muy incómodo, con estas motos, este equipamiento veraniego...no quiero ni pensarlo, pero las nubes enormes, blancas y de algodón están frente a nosotros. Tenemos un arma secreta, un amuleto para que hará que no caiga ni una gota: la cazadora de cuero de Sergi. Esto es una pequeña anécdota que ha servido para que la lluvia ni se nos acerque durante todo el viaje. Cuando paramos antes de comer a abrigarnos, Sergi sacó una cazadora de cuero negra, nueva. Nos decía que le gustaría que lloviera para que se quedara curtida, con su forma, pero las leyes de Murphy existen, nos dijo, y seguro que si la llevo puesta no llueve, termina de contar. Yo me alegro por una vez de que existan estas leyes tan tontas y espero que el “maleficio de la cazadora” funcione. Creo que el resto piensa lo mismo. Antes de llegar a Aínsa, ya en la provincia de Huesca tenemos que subir y bajar un precioso pero enrevesado puerto. El verde, el olor a pino y roble, la hierba fresca y la humedad de suelo nos hacen ver que acaba de llover. Casi, por los pelos.
A estas alturas de la ruta y con más de 7 horas a nuestras espaldas, las posaderas se comienzan a resentir. Creo que me tendré que pintar la raya del culillo cuando baje de la Harley, pues no siento ni padezco en esta parte de mi cuerpo. El asiento de la Sportster se ha ido volviendo duro e incómodo por momentos, no puedo más. Voy tirándome de lado en las curvas, como si condujera una 2R” por un circuito con la intención de que el lugar donde termina mi espalda descanse y se desentumezca. Tan solo me sirve para que Ángel y su acompañante, Jenny, se rían de lo lindo de mi cuando paramos. Si están hasta llorando de risa!, claro, su Harley dispone de cómodos asientos, respaldo... en fin, esto de ser harlista es un sufrimiento a veces, pero como digo, un buen rotulador para pintarme la raya...y como nueva (espero). La llegada a Aínsa es espectacular, entramos en este bonito pueblo de piedra con el rugir de los motores, todos nos miran, en Harley es imposible pasar desapercibido, todo a nuestro paso retumba, los turistas se dan la vuelta y nos miran. Pasamos hasta el final de la plaza, y aparcamos frente a nuestro pequeño hotel. Muchas personas se acercan a fotografiarse con las motos, yo estoy agorada y hambrienta de nuevo. Cansada de la tensión de bajar el puerto, pero feliz de haber cumplido sin problemas la primera parte de esta ruta. El hotel, los Arcos, en la plaza, será el lugar de descanso esta noche.
Mientras cenamos en Aínsa comienza a llover, la ley de Murphy se ha
cumplido o el cielo nos ha permitido respirar tranquilos, no nos
hemos mojado. Ahora que llueva todo lo que tenga que llover. La
dueña del restaurante nos enseña las bodegas, que llevan bajo la
plaza unos cuantos metros, que bien viajar con Sergi, nos enseñan,
sirven y tratan como a reyes. Es todo un placer. Truenos, rayos y
agua a cántaros, pero estamos secos y “a salvo” en el hotel. Dormir
bajo la tormenta, calentitos es lo mejor que nos podía pasar para
terminar con este primer día de ruta. A la mañana siguiente está todo mojado, pero ha dejado de llover. Un buen desayuno nos pone las pilas, los compañeros que ayer se retrasaron han llegado de madrugada, sus monturas están fuera. Las nuestras están caladas, pobrecillas, han aguantado el chaparrón. Desayunamos fuerte y a secar motos. De nuevo y con el pantalón algo mojado (nunca se secan bien del todo) volvemos a funcionar. Esta vez camino hacia el país vecino, Francia por la A-138, el túnel de Bielsa, Bagneres de Louchon, para coger la C-28 por el Valle de Arán hacia Bielha y después la N-260 para terminar al medio día en Sort, donde compraremos unos décimos de los que tocan y comeremos. El día está fresquito, pero nos hemos abrigados, Sergi lleva su cazadora, anti-lluvia, eso me tranquiliza. Aquí el paisaje es verde totalmente, montañoso y húmedo. Hay grandes ríos muy anchos, vacas lecheras, caballos en libertad y una gran nube de niebla a la que nos vamos acercando pegada a la montaña. Toca repostar, en realidad mi moto es la que más lo necesita, ya que mi depósito es el más pequeño, aún así me estoy haciendo una media de 170 Km. del tirón, no está nada mal, la conducción suave y fina me permite estirar los últimos litros y no tener que parar tanto al resto de ruteros. En la gasolinera nos hacemos fotos y de pronto veo a Javier bajo la rueda trasera de su moto. No es que se haya auto-atropellado, es que su rueda se deshincha, un pinchazo sería fatal en estos momentos. Entre Ángel y él, consiguen hinchar de nuevo la rueda y pronostican un pequeño fallo en la válvula que hace que el aire se escape poco a poco. No tiene mayor importancia, nos toca continuar.
Salir del túnel ha sido como trasladarse a otro lugar, La empinada y curvilínea bajada del puerto está llena de niebla, no se veo casi la luz roja del piloto de detrás de la Harley de Javier. Esto no me gusta, el suelo está empapado, tirito como un “perro chico” y empiezo a pensar qué hago yo aquí. Pero no hay mal que 100 años dure y al bajar el puerto todo se aclara, la niebla se queda arriba y como no, paramos en un bar. Es un bar francés, tomamos queso con pan y aceite, café para entrar en calor.
Me dejan una cazadora más que me pongo sobre la mía, ya estoy
calentita. Tenemos que volver a pasar a España y llegar a Sort. Este
camino es un continuo subir y bajar puertos. Ya me he hecho
totalmente al estilo de conducción de esta moto y estoy disfrutando
de las curvas y el paisaje. Sale el sol, perfecto! Venga a subir y bajar, pasar por bonitos pueblos de piedra, oler a hierba y flor... mi estómago empieza a rugir como el motor de la moto, me pregunto si en Harley todo se pega, si la catarsis con la moto es tal... La verdad es que es tarde, como las dos del medio día y aún nos queda camino. Paramos a respostar y el grupo se divide en dos. Nos perdemos por la Masana, pasamos el Tourmalet... Bajamos, subimos y volvemos a bajar. En un momento estamos en una carretera ancha, con curvas abiertas, es el momento de exprimir mi 1.200. Adelanto a Javier y me hago unos kilómetros a “toda mecha”, mmm... que gusto no tener nadie delante, poder divertirme un ratos a mis anchas... Dura poco, Javier ha venido en mi busca, me devuelve “al redil”. Llegamos a Sort muy tarde, como a eso de las 4. Comemos muy bien, solos en un restaurante.
Tras la comida en un restaurante con una estrella de la guía
Michelín (Fogony) nos acercamos a la Bruja de Oro, a comprar unos
décimos. De ahí, rumbo a Andorra, aún queda mucho día y carreteras
por descubrir. Nuestro hotel es el Plaza, en Andorra la Bella. Muy
cerca de donde se van a realizar todos los eventos de esta
concentración. Frente al hotel ya lucen unas cuantas
Harley,
grandes, pequeñas, con música, maleteros...este mundo es increíble,
no hay dos iguales.
Ahora llega un buen momento, muy divertido. La Carrera de Lentos va a comenzar: los participantes se suben en sus motos enfrentados de dos en dos por gemelos pasillos marcados con cintas a los lados. Se da la salida y el último que llegue a la meta, a unos 300 metros sin poner el pie en el suelo, gana. También damos una vuelta al circuito de karting, eso sin en moto. Hacemos fotos, nos reímos y tomamos el sano sol de esta montaña. Ahora la concentración vuelve a arrancar, bajamos el puerto y todos nos vamos al recinto a comer. Una gran paella nos espera. Después de hermanarnos unos con otros y compartir el mismo estilo de vida (al menos durante estos tres días), decidimos aprovechar y pasear por Andorra, las tiendas siempre son un buen entretenimiento. Por la noche, en el recinto, vuelve a oler a carne a la brasa. Antes del concierto estrella hay un reparto de premios. Entre los de mi grupo, o chapter en este caso, premian a Sergi Arola y a al patrocinador, Michelín, representado por Ángel Pardo. Y como el mundo es un pañuelo, me encuentro con un buen amigo, Adolfo, que ha presentado una moto a concurso y también ha ganado. En este concurso se presentan Harley modificadas que son un verdadero espectáculo de belleza u “horteréz”, aunque creo lo que puntúa es el trabajo artesano y la decoración, algo muy difícil de hacer bien debido a los cromados, pinceladas y dibujos, además de las delicadas soldaduras de las piezas y chasis entre si. Tras los premios, el concierto, bailando hasta el amanecer , lo que aguantaron, claro. Nosotros nos retiramos, mañana toca volver a Madrid del tirón, desde Andorra. En otro viaje en el que tardaremos 10 horas (parando a repostar y comer) y que ya no será tan divertido, ya que la autopista y el viento no nos dejarán disfrutar. La próxima concentración es en Castellón, del 9 al 12 de septiembre, una reunión de estos moteros que celebra su vigésimo segunda celebración. Vss!!
Redacción: Alicia Sornosa Julio 2010 |
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