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POMPONE Así es como llaman los ducatistas a su motor. En este caso, tu primera sensación es de estar sobre un bicilíndrico agrio de respuesta, brusco y difícil de llevar y dosificar… y realmente lo es por debajo de las 4.000 revoluciones. Lo que ocurre es que las unidades de prensa siempre las recoges en medio de la ciudad (por cierto, muchas gracias a los chicos de Ducati Motorrad de Madrid) y dos grandes pistones en un motor de alta compresión nunca respiran bien entre semáforos y atascos, y hasta que no llegas a carretera abierta tienes la sensación de ir sentado sobre un demonio de Tasmania encerrado en un jaula. Cuando llega este momento, te das cuenta de que la ciudad no es para ella, ni siquiera los tramos lentos con el motor remoloneando a bajas revoluciones. Lo suyo es enfilar tu tramo de curvas favoritas y disfrutar de un tacto de acelerador demoledor, incluso con el desarrollo tan largo que tiene que hasta te permite entrar en primera en curvas muy lentas… además de hacer más asequible a cualquier usuario el tacto del puño derecho. Aquí seguirá fielmente la trazada y se mantendrá imperturbable sea cual sea tu ritmo, y recuerda que cuentas con la magia negra del mejor control de tracción del mundo. Eso sí, es más estable que ágil,- como buena Ducati deportiva- y en zonas reviradas de curvas lentas enlazadas se muestra algo física y alta de asiento y centro de gravedad, pero te da igual. Todo termina siendo tan fácil y ¡divertido! con ella, que pongo esto porque algo hay que criticar. Agosto 2009 Prueba y Redacción: David García de Navarrete Fotografía: Miguel Méndez |
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