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EN LA PRÁCTICA Como ya suponíamos después de haber probado por las anteriores 1300 S y GT, aún más que notar la mayor potencia o el par mejorado, o los ligeros cambios de chasis o transmisión, lo que primero y más sientes y agradeces respecto a la anterior generación 1200 es que todo es mejor: desde el tacto de la maneta del embrague hasta la suavidad del cambio, pasando por la ausencia de vibraciones y la sensación de que todo está mejor ajustado y más cuidado. Toda esa sensación de evolución culmina con unas nuevas piñas que jubilan de una vez por todas las aparatosas e incómodas que incorporaban las acciones generaciones, con botones grandes y difíciles de accionar y detalles tan poco ergonómicos como dividir el simple accionamiento de los intermitentes en 3 botones en vez de conjuntarlo en uno. Ahora las piñas son mucho más compactas- diría que incluso ocupan la mitad que los anteriores-y los botones funcionan por contacto electrónico, no mecánico. Puede que parezca un detalle pequeño e incluso frívolo, pero en realidad es uno de los que más utilizas, por lo que a la hora de la verdad supone un gran avance para la comodidad.
La posición de pilotaje es, como en la 1200, algo particular. El manillar corto y recto, junto con el depósito algo largo, te obligan a inclinar un poco el tronco hacia adelante como buena naked deportiva. Esto, combinado con la posición de las estriberas, hace un conjunto al que te tienes que adaptar. No obstante, ahora la zona de unión del asiento (disponible en dos alturas, 790 y 820 milímetros) y depósito es más estrecho y resulta más cómodo que antes.
Por otro lado, la relación entre acelerador y motor ha sido mejorado y refinado por lo que resulta más fácil la dosificación del gas, algo importante cuando estamos hablando de casi 250 kilos y dimensiones nada compactas. De hecho, con sus 2.182 mm podemos considerarla como una moto realmente larga.
Julio 2009 . |
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