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EL ELEGIDO Aparte de ser una comparativa muy somera entre dos motos de carreras, hoy te quiero hablar y al mismo tiempo rendir un homenaje a un personaje que tristemente ya no está entre nosotros, pero que nos dejó una huella indeleble a los que amamos este apasionante mundo de las motos. Cesar Agüi era una persona brillante en casi todos los aspectos de la vida. Un ingeniero aeronáutico que consagro su profesión a su gran pasión: las motocicletas. Los que tuvimos la suerte de conocerle y compartir su amistad, no le olvidaremos nunca, y tú amigo motorista, que puede que con el paso del tiempo no hayas oído hablar de él, merece la pena que sepas algo de lo que Cesar nos aportó a este mundo que nos apasiona. Lo que te voy a contar a continuación es, desde un punto de vista muy personal, mi particular epopeya, una gran aventura. En ella no hay Cíclopes ni dragones, ni doncellas prisioneras en la torre de un castillo y tampoco hay villanos. Pero si hay héroes que luchan por conseguir sus objetivos y uno sobresale entre todos ellos por su determinación y talento. Yo me siento orgulloso de haber formado parte de esta historia. Si la quieres conocer, no tienes más que seguir leyendo.
Giro el cuello a tope hacia la izquierda y luego a la derecha, noto pequeños crujidos en mis cervicales; una última flexión para tocarme la punta de los pies con las palmas de las manos y me dirijo a la puerta del box. Pasan 10, 15, 20, segundos… se me hace larga la espera y de repente alguien grita: “¡Ya esta ahí, ya ha entrado! Frenesí en el box pero con orden; todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, están listos y en sus puestos. Llega Cesar, para la moto justo en la marca indicada. Yo mentalmente recuerdo las instrucciones pactadas: ponen el caballete trasero, él se baja por la izquierda y se va hacia delante, yo me monto por detrás mientras dos mecánicos llenan el depósito de gasolina con el sistema de repostaje rápido de aviación y otro echa un vistazo general a la moto. Cesar me mira fijamente con una enorme emoción en los ojos, acerca su casco al mío y me dice al oido: “Todo perfecto”. Me señala con el dedo pulgar de la mano izquierda hacia arriba y con la derecha me da una palmada en la espalda. Contacto, arranco y a pista Hemos tardado menos de diez segundos en repostar y cambiar piloto. Cuando me dirigía hacia el final del pit-line iba pensando en las recomendaciones que me había dado Pepe unas horas antes: “no pases de 40 km por hora al salir, hay penalización por exceso de velocidad en boxes y acuérdate que llevas un cambio de carreras con la primera hacia arriba” Una vez en pista se me pasan todos los nervios, y empiezo a disfrutar de las excelencias de la espacialísima moto que piloto. Era el primer relevo de las 24 Horas de Montmelo del año 1999, pero esta aventura había comenzado muchos meses antes y no sabíamos como iba a terminar. “La Modenagüi”
Cesar tenía la idea de que una seiscientos era una moto demasiado “grande y pesada”, pero la potencia del motor le parecía buena. Así que su moto ideal sería del tamaño de una 250-400, y el motor de una 600. Partiría de un propulsor Honda CBR 600 del ’98 y sobre él construiría su moto. El resultado fue la GP6 Modenagüi, yo mismo la bautice así porque en esa época Keny Roberts estaba con su proyecto Modenas y me pareció un simil muy cachondo No te voy a contar todo el proceso de fabricación, pero Cesar la construyó principalmente en un cobertizo que se habilitó en el jardín de su casa. Allí se elaboro el “potro” para guiar y soldar el chasis, yo le ayudé algunas tardes, y allí se “parieron” la mayoría de las piezas Sin darse cuenta Cesar había inventado diez años antes la categoría Moto2. Cuando la terminó, la GP6 (así la bautizó Cesar) era una moto increíble. Tenía básicamente las cotas de una 250 de Gran premio, de hecho utilizamos una horquilla invertida delantera de un TZ 250 de competición, sus frenos y sus llantas. Pesaba unos 140 kg en orden de marcha y el motor rendía cerca de 100 CV a la rueda, era prácticamente de serie, con un cambio de relación cerrada Arbizu y una tapa de embrague hidráulica. Su efectividad dinámica era brutal y lo mejor, su manejabilidad y velocidad de paso por curva, amen de la eficacia de sus frenos y el conjunto tan compacto y equilibrado que formaba. Modenagüi versus Moto 2 Laglisse: Piezas de Museo
Cada vez que la veo, la GP-6 de Cesar me sigue sorprendiendo. Actualmente se encuentra en orden de funcionamiento gracias a nuestro “meca” y amigo de Cesar de toda la vida, y por consiguiente amigo mío también, Fernando Alix, alias “el cejas”. Fernando conoce la GP-6 hasta sus últimos rincones y al igual que todo el que entiende algo de mecánica y la ve, se quedó prendado de ella; además Fernando colaboró activamente en su creación y junto con su equipo fueron los mecánicos que nos dieron cobertura en las 24 horas del ‘99. Fernando regenta un clásico taller de motos en el centro de Madrid, Doctor Bike y no se si de él o de su anagrama, se inspiró el mismísimo Valentino Rossi para su apodo, “The Doctor”.
Volver a pilotar la Modenagüi me ha supuesto una grata emoción. Se comporta tal cual la recordaba, es muy pequeña y su pilotaje muy intuitivo. Aparte de Cesar, yo fui el primero que probó esta moto y en su momento dije: “Es una moto que tiene un tacto decididamente “de carreras”. Hay que acostumbrase a ella, exige un pilotaje agresivo, siempre al ataque, pero a cambio te recompensa con una enorme efectividad. Una vez que te acostumbras y descubres sus posibilidades se puede rodar muy rápido con ella”. Y hoy diez años después sigo pensando lo mismo. Lo que pasa es que el motor entonces me parecía más o menos bueno, a pesar de que iba prácticamente de serie. Los motores de seiscientos de hoy en día rinden un treinta por ciento más de potencia que hace once años. Y por otro lado sus frenos no me han parecido lo buenos que me parecieron entonces, pero la culpa la pueden tener una pastillas que deben de estar cristalizadas. El Cejas me ha prometido cambiarlas.
La verdad es que tan solo pude dar un par de vueltas al Jarama con esta moto, y hacer las fotos que ilustran el reportaje, pues el sistema de escape que lleva va totalmente libre, y con el asunto del ruido que envuelve al circuito madrileño, no nos pareció conveniente dar “un cuarto al pregonero” y me conformé con una pequeña toma de contacto para darme cuenta de las primeras impresiones.
La moto se siente muy estable, muy rígida, frena de locura y el motor, comparado con el de la Modenagüi, anda un huevo. Mi amigo Jaime Fernández Avilés, patrón de Laglisse, me ha prometido una prueba en exclusiva y como Dios manda con su Moto 2, cuando esté terminada y ya con el motor Honda definitivo. El Final
La carrera había sido una lucha contra los elementos. El sistema eléctrico se nos quemó a las tres horas de carrera y perdimos una hora en repararlo. La cuarta marcha empezó a saltar a partir de la quinta hora de carrera y fue a más. No podíamos estirar el motor mas allá de las 8.000 rpm en esa marcha porque saltaba, lo que hizo que tuviéramos que ralentizar nuestro ritmo y cada vez fallaba con más frecuencia, contagiando a las marchas colaterales. Se partió un soporte del escape y tuvimos que parar a repararlo a las tres de la madrugada. En uno de los cambios de rueda se trasroscó eje trasero y tocó hacer una reparación de emergencia. El cambio de marchas temíamos que rindiera el alma y no llegara al final, pues faltando tres horas para terminar la prueba, meter tercera, cuarta o quinta era una autentica lotería.
Lo bueno es que la parte ciclista de la moto, iba como un reloj, tanto es así que logramos la séptima vuelta rápida de las 42 motos que terminaron la carrera. Lo que demostraba las increíbles posibilidades de la Modenagüi a pesar de un motor que no se encontraba, ni de lejos, en su mejor momento. Hasta que tuvimos el primer percance, nos movíamos entre las diez primeras posiciones, ganado puestos paulatinamente. Creo sinceramente que si no hubiéramos tenido ningún problema (algo casi utópico en una carrera de 24 horas) habríamos acabado muy cerca del podio, aunque claro, como reza el dicho: “Y si mi abuela tuviera ruedas…¡seria una bicicleta!”
Sigo en la pista. Doy esa última vuelta con sumo cuidado, rezando para que no se me pare a mí la moto. Si se tiene que parar, ¡que se le pare al Pere Casas en su último relevo! Entro en boxes y veo a mis mecánicos indicándome el lugar de stop y a mi compañero preparado para tomar el testigo. Pero no es el Perita, es Cesar el que va a terminar la carrera. El equipo ha decidido que le van a dar ese honor a creador de la moto y ahí esta el tío esperándome, con lagrimas en los ojos. Me bajo, ponen gasolina y Cesar me pregunta con ansiedad: “¿Que tal Morgan, como va el cambio?” Le miro y tardo un segundo en contestarle: “¡Aguantará Cesitar. La moto la has hecho tú, amigo!”. Me da un abrazo, se monta y le veo desaparecer por el pit line. TERMINAMOS. Mi amigo Cesar Agüi: “Grande entre los grandes”
Su pasión también acabó con su vida. Cesar falleció en un accidente de tráfico (se estrello contra un guardarail) en la primavera del 2004, un 17 de mayo más concretamente. Como escribí ese día en una breve nota de prensa, no solo perdí “a mi director más completo, a mi crítico más severo, a mi admirador más encandilado, a mi rival más pertinaz, a mi alumno más aventajado, a mi maestro más competente, a mi mejor compañero… sobre todo perdí a mi amigo, a mi gran amigo César Agüi”.
Este articulo quiero que sea un poco homenaje a su persona en este año que se cumple el quinto aniversario de su fallecimiento, ya que muchos de vosotros, jóvenes aficionados, seguramente no habréis oído nunca hablar de él. Cesar era todo un personaje en este maravilloso universo de las motos. Me vais a permitir que os transcriba algunos de los párrafos de una carta que le escribí el día después de su entierro, con todo el cariño, toda la emoción y toda la tristeza que me embargaba el alma y me había roto el corazón, en ese funesto momento. Pero que recuerdo un poco de su vida y de su historia.
Luego, a finales del ’89, se nos ocurrió la común idea de montar ADM Escuela de Motociclismo, nuestra escuela de conducción y precursora de lo que es hoy la escuela del Action Team. Seguro que nuestros primeros alumnos nunca te podrán olvidar por la rotundidad con la que exponías tus teóricas, con claras reminiscencias de tu época de profesor de Universidad, en la Escuela de Ingenieros Aeronáuticos.
Y así fue pasando el tiempo, cimentando nuestra amistas con el roce del trabajo -nuestra mejor afición- y del ocio, que casi siempre seguía siendo parte de nuestro trabajo. Recuerdo nuestras excursiones de enduro los domingos por la mañana temprano, con todo el grupo con el que salíamos,¡que bien nos lo pasamos, tú con tu Yamaha YZ y yo con mi Honda CR!
También me acuerdo de tu aventura en el Mundial de Velocidad cuando formaste el equipo con nuestro amigo Luis D’Antin, trabajasteis duro ese año y adquiriste experiencia como si hubieran pasado cinco o seis. Luego regresaste al mundo del periodismo y la ilusión con la que me contabas cuando te ofrecieron el puesto de director de La Moto, tú revista, hace ya casi diez años. Y nuestra inolvidable carrera con la “Modenagüi” en las 24 Horas de Montmelo del año ’99, ¡como sufrimos y como disfrutamos!
Hoy te he dejado en tu última morada y he salido del cementerio de Fuencarral casi el último, me estaban esperando algunos compañeros de la revista para irnos a comer juntos y hacer un brindis por ti. Me puse el casco, los guantes y salí con la Aprilia RSV 1000 R que estoy probando. En la puerta del cementerio había un hombre sentado sobre una Badit de color rojo y al verme se levanta y me hace una seña. Pare a su lado pensando que era algún compañero o algún otro conocido, pero en ese momento su cara no me sonaba de nada. Vino hacia mi, me extendió la mano y me dijo: -“Hola, tu eres Mariano Urdín ¿verdad? No me conoces de nada y César tampoco me conocía, pero no he podido aguantar mis ganas de venir a darle mi último adiós, porque para mi César era un verdadero amigo que me ha guiado y enseñado con sus siempre sabios consejos. Se por la revista que vosotros dos erais muy amigos desde hace mucho tiempo y por eso quería decírtelo a ti personalmente y he estado esperado el momento más oportuno para hablar contigo. Mi sentimiento y mi dolor y el de muchos motoristas anónimos más se que está con vosotros y con toda su familia. Y os acompañamos en este trance tan triste y tan duro”. Se me hizo un tremendo nudo en la garganta. Me bajé de la moto, me quite los guantes y le di un abrazo con el casco puesto, no quería que me viera llorar más. Le di las gracias y se marchó.
No se quien era, probablemente nunca lo sabré y no me importa, pero lo que me dijo me reconfortó y me hizo pensar en tú grandeza. En la grandeza de mi gran amigo Cesar Agüí.
Noviembre 2009 Prueba y Redacción: Mariano Urdín
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