|
|||||||||||||||||
|
BAJO CONSUMO, IMAGEN DEPORTIVA
El Volkswagen Polo ofrece en su versión turbodiésel 1.6 TDI de 75 CV con el acabado Sport un aquilatado consumo de gasóleo y una imagen deportiva. La quinta generación del compacto germano suma a estas bondades una atractiva estética tomada del Golf y una buena habitabilidad, así como una elevada calidad. Otra baza a su favor es su eficaz comportamiento dinámico.
Volkswagen ha renovado el Polo dándole mayores dimensiones exteriores a su carrocería, que presume de una deportiva línea inspirada en el Golf. También el compacto sube en su quinta generación un escalón en calidad y empaque, aproximándose a su hermano mayor. Una positiva metamorfosis constructiva que completa el fabricante alemán con una profunda renovación mecánica. La actual oferta turbodiésel del Polo la capitaliza el motor 1.6 TDI de conducto común. Un propulsor estrenado por el Golf que destaca por sus bajos consumos y emisiones contaminantes, además de por su excelente finura de funcionamiento y reducida sonoridad. Esta mecánica se encuentra disponible en versiones de 105 CV, de 90 y de 75 CV. La última, la de acceso a la gama, es la protagonista de esta prueba. MiniGolf
El frontal de este MiniGolf copia las formas de los faros y también de la calandra del mítico compacto. Los primeros, que integran en su interior los intermitentes, muerden ligeramente el voluminoso paragolpes. Llevan bombillas halógenas H7 que proporcionan un buen haz de luz. Para los opcionales de xenón habrá que esperar a 2010. La segunda, muestra una única lama –que va cromada en su filo en el acabado Sport- y un generoso escudo de VW en el centro.
El faldón delantero incorpora luces diurnas en sus extremos y, en la terminación reseñada, ópticas antiniebla de encendido independiente según el lado hacia el que se gire el volante. Iluminan eficazmente el interior de las curvas. El labio inferior del faldón destaca por sus dos salientes, cual punta de lanza –semejantes a los del Audi A4- que le otorgan un aspecto muy fiero.
El perfil del Polo se identifica por una línea de cintura alta, pero sin exagerar, no transmitiendo sensación de agobio a los ocupantes. Las dos primeras ventanillas, bastante amplias, proporcionan mucha luminosidad al habitáculo. La tercera engulle parte del pilar C. El lateral de la carrocería lo rematan marcados pasos de rueda, que le confieren un aspecto musculoso, subrayado también con marcados hombros para las ruedas traseras.
La zaga del nuevo Polo conserva de su predecesor tanto la ubicación de los pilotos, de generosas dimensiones, como su forma trapezoidal. Igualmente repiten el núcleo circular, donde se agrupan las luces. El redondeado portón divide sus superficies casi a partes iguales entre la luneta y el plano de chapa inferior. El último se adorna con un reborde transversal en la parte baja como el Golf, del que también adopta el tirador basculante en el emblema de la firma de Wolfsburgo.
El portón presenta en su parte superior un deflector de aire para mejorar la aerodinámica, algo a lo que no contribuye la antena sobre el techo. Además de afear la estética del modelo germano hay que tener mucho ojo con los cacos porque se desenrosca en un santiamén. Lástima que Volkswagen no la integre en el Polo como si hace en el Golf (ver prueba del Golf GTD).
El segundo se sustituye por un medidor digital, que cumple perfectamente su función y que le aporta un toque vanguardista. Además, podemos controlar la autonomía con el ordenador de viaje, que muestra sus datos en una pantalla multifunción, también digital. Con indicador de cambio de marcha
La consola central presenta dos salidas de aire situadas en la parte superior, bajo la que se ubica una fila de teclas, con pulsadores para encender las luces de emergencia y desconectar el control de estabilidad (ESP) y el airbag del airbag de pasajero. En un plano inferior se ubica el equipo de audio. El vehículo probado contaba con el modelo RCD 510, que suena de maravilla. Trae sintonizador de radio multibanda, seis altavoces, lector de CD para formatos musicales comprimidos MP3, cargador frontal de 6 discos, ranura para tarjeta de memoria SD, toma auxiliar encufable y pantalla TFT en color y táctil, desde la que también se controla visualmente el asistente de aparcamiento trasero. El RCD 510 forma parte del imprescindible paquete opcional Play&Polo, que, por 825 euros, viene con el reseñado equipo de sonido, volante multifunción forrado de cuero, conexión multimedia en la guantera, espejo interior antideslumbrante, sensor de lluvia y climatizador automático. Se trata de un Climatronic monozona, de eficaz y silencioso funcionamiento. Va emplazado por debajo del radioCD e iluminado en azul, tonalidad que contrasta con la blanca de la retroiluminación del cuadro de instrumentos.
La parte inferior de la consola es un gran hueco donde se ubican dos posavasos. Uno de ellos puede alojar el cenicero, que se ofrece como accesorio por 45 euros. Tras ellos hay una toma de 12 voltios (utilizable para el mechero) y otra de sonido auxiliar. Al fondo se ubica un práctico cajón para objetos, al que no le vendría mal ir iluminado cuando se busca algo de noche. En él caben las gafas, que no tienen un sitio específico en el techo, anexo al espejo retrovisor, del que si disfruta el Golf.
Éstas también pueden alojarse en los cajones bajo los asientos delanteros o en la guantera, que ofrece una buena capacidad, bastante mejor que la de muchos de sus rivales de segmento. Además, con el Climatronic, va refrigerada. Asimismo podemos guardar bártulos en el apoyabrazos abatible que va entre los asientos. Y las puertas cuentan con bolsas bastante espaciosas y receptáculos para botellas de 1,5 litros. Mayor calidad El renovado Polo recibe materiales de mayor calidad y presencia, especialmente los de la parte superior del salpicadero, de mullido tacto. Los de la inferior son plásticos más rígidos y menos aparentes, si bien están en la línea de lo que se estila en su segmento. Eso sí, el acabado y ajuste de todos ellos es impecable, sin grillos ni ruidos parásitos al transitar por zonas bacheadas. Tan sólo desentona visualmente la distancia existente entre la tapa de la guantera y el plano superior del salpicadero. Un detalle a revisar. Más capaz
Este aumento de dimensiones se traduce en un interior más habitable. El acceso al habitáculo, con unas puertas de buen tamaño, no plantea problemas tanto para el conductor como para el resto de pasajeros. Sólo los de las plazas traseras tienen más justo la entrada de los pies, pero nada comprometido. Una vez dentro, el conductor –que goza de una espléndida postura al volante- y el acompañante son acogidos en cómodas butacas. De corte deportivo, sus pétalos laterales están muy conseguidos, ya que sujetan sin presionar en exceso el costado de los ocupantes. El mullido es bastante firme, con lo que no cansan en largos viajes. Sólo se echa en falta mayor alegría cromática en el tapizado, en consonancia con lo que se espera de un acabado sport.
La segunda fila de asientos también es muy acogedora pero, por anchura y por configuración de la banqueta y de la parte central del respaldo, resulta mejor para dos personas que para tres. Con todo, dos adultos y un infante viajan sin problemas. El espacio para cabeza también es bueno en las plazas traseras, salvo para los ocupantes que tengan talla de baloncestista.
El maletero también hace gala de un buen acceso merced a su amplio portón. Y su plano de carga bastante bajo facilita la estiba del equipaje y bártulos al plano de carga. Ofrece 280 litros de capacidad, que pueden crecer hasta los 952 litros abatiendo el asiento trasero, cuyo respaldo se pliega asimétricamente (en proporción 40/60%) para modular el espacio entre los pasajeros y los bultos, o para transportar objetos especialmente largos. Para los de menores dimensiones, el maletero cuenta con un práctico doble fondo, bajo el que, en la unidad probada, se guardaba una rueda convencional de medida 185/60 R15. 1.6 TDI ¡de sólo 75 CV!
A su favor, el de mayor cilindrada ofrece un fino y callado funcionamiento, dejándose sentir claramente en habitáculo sólo a partir de las 3.000 rpm. Parece difícil que el futuro 1.2 TDI, de tres cilindros, sea tan eficaz en ambos apartados. Habrá que verlo.
Al que si supera claramente en este examen el 1.6 TDI es al tricilíndrico 1.4 TDI de bomba inyector que sustituye. Cuenta para ello con un cilindro más, que reduce las vibraciones, y un sistema de alimentación por conducto común, que hace lo propio con los decibelios. Éste presuriza a 1.600 bares el gasóleo y lleva inyectores piezoeléctricos, que actúan de forma más rápida y precisa que los convencionales de solenoide. Además, permiten varias pulverizaciones en la cámara de combustión por ciclo de funcionamiento, lo que minimiza el claqueteo típico de lo propulsores diésel. De hecho, prácticamente no lo hace al arrancar en frío, pasando desapercibido desde el habitáculo con la puerta y las ventillas cerradas. Digno de vehículos de superiores segmentos y precios.
El 1.6 TDI también vence claramente al 1.4 TDI en respuesta a bajas revoluciones. Entrega los 195 Nm de par máximo que proporciona a sólo 1.500 rpm, cifra que mantiene hasta las 2.000 rpm. El medio régimen también es superior, así como su capacidad para ganar y girar alto de vueltas (la línea roja del cuentarrevoluciones se sitúa en las 5.000 rpm). Dotado de filtro de partículas contaminantes, el 1.6 TDI emite 109 gramos por kilómetro de dióxido de carbono (está exento de pagar el Impuesto de Matriculación) y cumple la normativa medioambiental Euro 5. Vehículo anticrisis El progresivo y voluntarioso motor permite moverse ágilmente tanto en la ciudad como en carretera. No es el rey de los semáforos (acelera de 0 100 km/h en 14 segundos) pero no se queda atrás en el tráfico urbano. En autovía y autopista circula sin problemas a velocidades legales y más (170 km/h de velocidad punta). Si cumplimos los límites establecidos por la DGT, el ordenador de viaje nos premia con registros de consumo de gasóleo por debajo de los cinco litros. Y apurando sus prestaciones, la cifra supera ligeramente los siete. El gasto urbano no llega a seis y el ponderado obtenido durante la prueba fue de 4,6 litros. Un fantástico vehículo anticrisis. Comportamiento deportivo
Con ellos, el Polo brinda al conductor un comportamiento muy deportivo. La inclinación en curva es mínima, la dirección es muy precisa y, el bastidor, preparado para, al menos el doble de potencia, va sobrado. Los exagerados zapatos proporcionan un elevado agarre lateral pero penalizan las aceleraciones y recuperaciones. Prescindibles. Los neumáticos 185/60 R15 que trae de serie el acabado Sport son más que suficientes. Estas cubiertas concuerdan más con el talante rutero que tiene este Polo por motor. Conviene tener claro que se dispone de 75 CV para mover, con el conductor a bordo, un vehículo que supera las 1,2 toneladas.
Tampoco son de carreras sus frenos, que tienen potencia inicial pero que, con tambores en las ruedas traseras, tardan pocos kilómetros en perder eficacia si se hace un uso intensivo de ellos. El enemigo, en casa
Lo destacable - Motor. -Consumo. - Comportamiento. - Estética. - Calidad. -Habitabilidad. Lo mejorable - Antena no integrada. - Sin testigo temperatura del motor. - Resistencia de los frenos. - Quinta plaza. - Faros de xenón no disponibles. - Tapa de la guantera. Prueba y Redacción: Rafael F. Altable Fotos: Miguel A. Fernández Noviembre 2009
|
||||||||||||||||