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MiniGolf
La nueva entrega del Polo rompe estéticamente con el pasado –adiós a los faros redondos independientes-, adoptando la agresiva y seductora imagen del Golf para la carrocería, especialmente en su parte delantera. Una clonación a escala que no puede entenderse, ni por asomo, como un demérito de VW, sino como todo un acierto de su equipo de diseñadores, liderado por Walter de Silva.
El frontal de este MiniGolf copia las formas de los faros y también de la calandra del mítico compacto. Los primeros, que integran en su interior los intermitentes, muerden ligeramente el voluminoso paragolpes. Llevan bombillas halógenas H7 que proporcionan un buen haz de luz. Para los opcionales de xenón habrá que esperar a 2010. La segunda, muestra una única lama –que va cromada en su filo en el acabado Sport- y un generoso escudo de VW en el centro.
El faldón delantero incorpora luces diurnas en sus extremos y, en la terminación reseñada, ópticas antiniebla de encendido independiente según el lado hacia el que se gire el volante. Iluminan eficazmente el interior de las curvas. El labio inferior del faldón destaca por sus dos salientes, cual punta de lanza –semejantes a los del Audi A4- que le otorgan un aspecto muy fiero.
El perfil del Polo se identifica por una línea de cintura alta, pero sin exagerar, no transmitiendo sensación de agobio a los ocupantes. Las dos primeras ventanillas, bastante amplias, proporcionan mucha luminosidad al habitáculo. La tercera engulle parte del pilar C. El lateral de la carrocería lo rematan marcados pasos de rueda, que le confieren un aspecto musculoso, subrayado también con marcados hombros para las ruedas traseras.
La zaga del nuevo Polo conserva de su predecesor tanto la ubicación de los pilotos, de generosas dimensiones, como su forma trapezoidal. Igualmente repiten el núcleo circular, donde se agrupan las luces. El redondeado portón divide sus superficies casi a partes iguales entre la luneta y el plano de chapa inferior. El último se adorna con un reborde transversal en la parte baja como el Golf, del que también adopta el tirador basculante en el emblema de la firma de Wolfsburgo.
El portón presenta en su parte superior un deflector de aire para mejorar la aerodinámica, algo a lo que no contribuye la antena sobre el techo. Además de afear la estética del modelo germano hay que tener mucho ojo con los cacos porque se desenrosca en un santiamén. Lástima que Volkswagen no la integre en el Polo como si hace en el Golf (ver prueba del Golf GTD).
El segundo se sustituye por un medidor digital, que cumple perfectamente su función y que le aporta un toque vanguardista. Además, podemos controlar la autonomía con el ordenador de viaje, que muestra sus datos en una pantalla multifunción, también digital. Prueba y Redacción: Rafael F. Altable Fotos: Miguel A. Fernández Noviembre 2009
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