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Domable hasta un límite De gran ayuda es la tracción total ya que el hecho de contar con algo de mordiente en el eje delantero hace olvidarse de la sensación de flotación de las ruedas directrices, sensación de la que es culpable el peso retrasado del propulsor, y que hace que incluso en recta se note pequeñas variaciones en la dirección. Esto, unido a unas inmensas ruedas, muy sensibles al relieve del asfalto, hace necesario ir con el volante siempre bien asido y no bajar nunca la atención, sobre todo al practicar una conducción decidida, ya que si te encaras con este coche, tienes todas las papeletas de perder. El límite dinámico es muy elevado dada la excelente motricidad, estabilidad y capacidad de retención, pero si lo sobrepasamos es fácil acabar en la cuneta. Olvidaros de desconectar el control de estabilidad PSM, pues sólo entra en funcionamiento cuando realmente es necesario.
Aunque puede conducirlo cualquier persona, para llevarlo muy deprisa hay que ser muy preciso y mantener una elevada concentración, además de estar dispuesto a sentir la conducción en su máxima expresión. En curvas hay que agarrarse bien al volante, mantener la trazada, controlar la dirección y los rebotes y pisar el acelerador con decisión en el momento adecuado. Una conjunción de operaciones que, bien llevadas a cabo, conducen al placer, a una sensación de control que pocas veces se puede conseguir en un automóvil. Ojo, no es un coche que te pida guerra continuamente ya que es muy fácil y placentero conducirlo suavemente a velocidades prudenciales. Por si fuera poco, los consumos son otro de los regalos de este Porsche ya que, gracias a una séptima velocidad muy larga, entre otros, es fácil que se sitúen en torno a los 10 litros cada 100 kilómetros, así como no sobrepasar los 18 si nos calentamos al máximo. Cifras extraordinarias en un coche de 1.500 kilos de peso capaz de rozar los 300 kilómetros/hora y de alcanzar los 100 kilómetros/hora en 4,7 segundos. Prueba y Redacción:
arpem.com
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