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El Viaje Abrimos el coche con el mando, y aunque la llave presenta el aspecto de modelos de gama alta, no nos transfiere estas sensaciones, el que presente holguras con su bajo uso, no nos da la mejor de las confianzas. El maletero se abre también con ese mando y dentro dejamos nuestras cosas, debajo de la lona que impide que se pueda descapotar cuando llevamos algo que interfiera la maniobra. La tapa del maletero es grande, el acceso al mismo es amplio y si no fuera por que pretendemos usarlo para alojar otras partes del vehículo podría desplazar gran cantidad de equipaje, cerramos el maletero, nos acordamos de lo bueno que seria tener un asa por dentro que impidiera ensuciarnos con el polvo que acompaña el exterior del coche . Acercamos la mano a la puerta y sin abrir, ya notamos que el cristal baja unos milímetros para no interferir con el techo y salvaguardar las gomas del mismo cuando se cierre la puerta dejando un ajuste propio de un coche de gran calidad, nos sorprende el detalle abrimos la puerta y accedemos al vehículo, no es bajo, parece un coche normal, heredar la configuración de un medio monovolumen como es su hermano el compacto, le hace ser un coche como otro cualquiera al que nos subimos y no nos bajamos como suele ser habitual en los coupes.
Tiramos del asa interior y el tacto de la puerta al cerrar es mediocre, su tamaño nos lo hacia sospechar, pero la sensación que da es que aún siendo sólida, no mantiene el tacto de otros modelos de precio muy superior, el dinero sigue siendo buen consejero en normas de calidad, aún así el aspecto interior es atractivo y la calidad de materiales y montaje está muy por encima de lo esperado. Miramos el salpicadero y la presencia de un alojamiento para la tarjetas SIM del teléfono, nos hace dibujar una sonrisa, el avance de la tecnología es a veces tan rápido que deja inútiles y hasta obsoletos acciones que hace días eran avanzadas, los sistema bluetooth han superado la necesidad de duplicar tarjetas SIM y el riesgo de dejarlas en un vehículo. Insertamos la llave, y arrancamos el motor, se percibe pero no molesta su sonido pisamos el freno y ponemos la palanca en R a la vez que maniobramos relajando la presión sobre el peda del freno, empujados por el suave arrastre del convertidor los sensores de proximidad de aparcamiento pitan, aumentando su frecuencia conforme nos acercamos, cuando el pitido es continuo miramos la pantalla de información y las señal de proximidad se ha vuelto roja, pero sabemos que hay más de 10 cm de margen, de hecho podemos usarlos sin mirarlos y a un ritmo de maniobras que desde fuera llega a asustar.
Salimos y la caja de cambios pasa a ser nuestra aliada, mientras callejeamos ella se ocupa de nuestros menesteres más tediosos despreocupándonos de casi todo, los espejos están ajustados y la pantalla nos ha informado del nivel OK de aceite, el ordenador de a bordo nos amenaza con un consumo desmesurado, pero sabemos que una vez salgamos a carretera, el primer digito dejará el 2 para ser un 1 y con un poco de maña y buenas artes podemos incluso bajarlo a solo 1 digito, no es mucho, pero dado el peso que mueve y a la ayuda que el convertidor nos proporciona es todo lo que podemos aspirar, a ver si de una vez se imponen los pilotados y podemos disponer de la ventaja del automático sin sus inconvenientes. La dirección se muestra rápida y precisa, pero nos ha costado desencajarnos del hueco donde se alojaba el vehículo en el garaje, el tamaño por dentro del coche no se acompañan con el que realmente tiene y nuestra percepción están sesgada por el habitáculo reducido frente al tamaño real del coche.
Las miradas de la gente siguen siendo de atención, aunque ya no sea una novedad tener un techo abrelatado sigue despertando interés cuando ven pasar a uno sin ese trozo de chapa que salvo cuando llueve no se muestra necesario. Hundimos el pie y notamos el interruptor del final del pedal, el cambio baja un marcha, lastima no pueda bajar 2, ser tan parcos en relaciones le hace no poder disponer de la marcha adecuada encada momento, aún así agradecemos no tener que pensar que marcha llevamos o vamos a poner para la ocasión que decidamos en cada momento, es sorprendente que una vez alcanzada la velocidad deseada levantemos el pie y el coche como adivinando nuestras intenciones se quede en una marcha ligeramente corta, con idea de que podamos necesitar la potencia que esto proporciona, como si una mente le aconsejara a pensar que si hace un rato pediste potencia a base de dar gas, la causas que lo provoco puede seguir latentes, el molesto subir de marcha que en cambio automáticos antiguos implicaba relajar gas, en este no se nos muestra . Aún así ponemos la marcha en manual y elegimos la relación más larga por que nuestra intención es llevar el control absoluto. Dejándonos llevar por el trafico lento, la velocidad se modera paulatinamente hasta que el régimen del motor anda por 1500 rpm, pero el cambio no toma decisión sino es por nuestra orden, solo una bajada de régimen aún mayor que haga perder regularidad de giro al motor puede obligar a reducir la marcha . Es un alivio saber que no hay que atender al cambio incluso cuando vas en manual, pero que solo bajará la relación cuando no exista otra vía esperando pacientemente tu decisión. De igual manera aumentamos el régimen del motor, al llegar al régimen de giro máximo salta a la marcha siguiente a menos que antes no se lo hayamos solicitado, o si hundimos el pie a fondo aunque lo llevemos en manual el cambio interpreta que demandamos máxima potencia por una necesidad, el interruptor del final del acelerador no se hunde si no se pisa muy aposta, en tal caso reduce la marcha para llevar el motor a máxima potencia, el resultado es control absoluto con un respaldo por si se nos olvida o queremos algo de forma desesperada, realmente nos convencen lastima que solo 4 relaciones mal elegidas dejen coja la caja e impidan a un motor que mantienen muy bien el tipo mover el coche con la alegría que debiera. Paramos en un semáforo y en la duración de este ponemos el techo, las miradas de la gente vuelven a centrarse en nosotros, es normal, el vestido y desvestido siempre es motivo de atractivo y si se hace con glamour entra en la fase de arte. Arrancamos de nuevo y ahora el coche es diferente tenemos un coche cerrado a todos los efectos ni el ruido del motor que antes nos llegaba de la calle ahora nos perturba, miramos atrás y cabrían un par de personas, pero deberíamos elegirlas de talla menuda si queremos mantener su amistad después de nuestra excursión. Llegamos a la gasolinera y mientras llenamos el deposito, vemos que nada es gratis y todos tenemos nuestros defectos, al monótono sonido del surtidor se suma nuestra insistente mirada a la llave que cuelga del tapón de deposito, molesto por no tenerla más controlada en el bolsillo nos genera una queja que es más fruto de la inquietud, en el fondo es un buen compañero, el mejor compañero para tener el cielo por montera.
Prueba y Redacción: Juan José Hidalgo
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