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La decisión La compra de un vehículo de carácter lúdico como el que nos ocupa es siempre difícilmente justificable, por lo que no pretendemos hacerla lógica. Pero existe una variedad de gama dentro del mismo modelo, por lo cual debe existir una variedad de razones. El cliente que busque un modelo automático lo tiene fácil, la variedad en este modelo son bajas y en ese caso la solución a la ecuación está decidida. Una vez elegida la marca y modelo la elección del motor queda en manos del uso que pretendamos darle. La versión de 1.6 se muestra lógica para el uso de paseo y desplazamientos diarios, ya que mueven el coche dignamente, sin embargo si queremos ya una agilidad dentro de la media del mercado, deberemos recurrir al 2.0 que lleva nuestra unidad. La versión diesel queda para aquel que justifique el kilometraje o bien para aquel que por su forma de conducir prefiera la entrega en regimenes medios que proporcionan los motores turbos. Para los que precisen de mayor alegría y sean forofos de subir el régimen de motor sin miramientos, las versión de 180 cv, con mayor alzada, hará las delicias en la medida en que estos lo soliciten. Nuestra opinión es que la versión diesel es la que mejor cubre el rango de uso de la mayoría del mercado. El coche se adapta perfectamente al uso diario e incluso tolera muy bien el empleo como primer coche siempre que atrás viajen personas de una talla no excesivamente elevada, a esto unimos el empleo de un motor diesel que permite mover el coche de forma similar al 2.0 de gasolina lo que genera un cóctel que se adapta al grueso de los potenciales clientes del vehículo.
Puesto que a nivel de motores, el diesel es la versión más avanzada, no vemos razón alguna para que uno de los modelos de gasolina sea mejor que otro atendiendo a su supremacía tecnológica o modernidad, salvo por la lógica entrega mayor de potencia debida a su cilindrada o régimen.
Nuestro mercado ha sido siempre reticente a la adquisición de cajas automáticas, por lo incrementos de consumo y pérdidas de prestaciones que ello generan, sin embargo cada vez más se va incrementado la oferta por parte de los fabricantes y creemos, que bien informado el público asumiría el mayor coste de adquisición de estas por el placer y comodidad que supone el prescindir de embrague en uso de ciudad o atascos. El avance que han desarrollado las cajas automáticas en sus 50 años de existencia y la incorporación de robotizadas, o cajas de variador hace que los defectos originales de las cajas automáticas, achacados principalmente al convertidor, hayan quedado en el pasado, cubriendo en sus distintas variantes todas las aspiraciones que cualquier tipo de conductor les demande. No hemos de olvidar que hasta en competición los pedales de embrague han pasado a mejor vida.
Prueba y Redacción: Juan José Hidalgo
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