|
|
|
|
 |
Opel Insignia 2.0 CDTi 160 CV Sport 5p

|
MADERA DE LIDER

Hay coches que nacen
con estrella y otros ya sabéis cómo. El
Insignia, sustituto del
Vectra, es de los primeros. Durante el año que lleva
comercializándose está consiguiendo unas ventas importantes,
especialmente en estos últimos cuatro meses, colocándose líder de su
segmento entre las marcas generalistas. Su éxito está en una
estética acertada, precios contenidos, amplia oferta de motores y
equipamiento extenso. Veamos cómo es este
Insignia CDTi de 160 caballos de potencia en carrocería de cinco
puertas, la opción más interesante de la gama, sus virtudes y
defectos.
Entraré a degüello con lo que más os interesa, el precio y el
equipamiento de esta versión Sport, la más deportiva del catálogo,
con cambio manual de seis velocidades. Cuesta de serie exactamente
28.500 euros –tanto con carrocería de
cuatro como de
cinco puertas– y 900 euros menos que la
familiar, que es ocho centímetros más larga que la berlina. En
principio es una cantidad ajustada que se sitúa a medio camino de lo
que hay que pagar por otras berlinas generalistas del segmento D con
unos 4,80 metros de longitud y mecánica, acabado y equipamiento
similares.
Este
Insignia es, por ejemplo, más barato que un
Peugeot 407 2.0 HDi Sport 140 CV –exactamente 3.620 euros
menos–, 4.900 euros más económico que un
Renault Laguna 2.0 dCI Initiale 150 CV, 2.100 euros menos
costoso que un
VW Passat 2.0 TDi Advance Plus 170 CV, y comparado con un
Ford Mondeo 2.2 TDCi Titanium S 175 CV el ahorro es de 2.600
euros. En la parte baja del segmento está el
Chevrolet Épica, que en versión
2.0 VDCi 16V LXT 150 CV sale por 8.753 euros menos. Por encima
de nuestro protagonista, en cuanto a desembolso, aparecen los
Audi A4 2.0 TDi 170 CV –34.320 euros–,
Citroën C5 2.2 HDi Exclusive 173 CV (29.690),
Honda Accord 2.2 iDTEC Luxury Innova 150 CV (36.700) y
Mazda 6 2.2 CRTD Luxury 163 CV (32.320).
Equipamiento convincente
Con tan dura competencia, el
Insignia tiene en su equipamiento de serie buenos argumentos que
convencen. De origen monta la suspensión auto adaptativa FlexRide,
controles de estabilidad y de tracción,
llantas
de aleación de 18 pulgadas en neumáticos 245/45,
asientos delanteros calefactables con banqueta extensible,
asiento del conductor con regulación eléctrica de la altura y del
apoyo lumbar,
reposabrazos delantero,
reposabrazos trasero con acceso al
maletero, climatizador,
ordenador con check control, velocidad de crucero,
pomo
del cambio de cuero,
pedales
deportivos de aleación,
espejos retrovisores eléctricos y térmicos, luces diurnas,
encendido automático de luces, seis airbags,
radio CD
compatible con MP3,
controles de audio en el volante, y conexión Bluetooth.
También en el apartado de opcionales,
Opel
propone todo tipo de extras. La unidad que he probado monta, entre
otros, pintura metalizada (410 euros); tapicería de cuero perforado
(2.100);
faros auto adaptativos AFL Plus con luz diurna de leds (1.000);
airbags laterales traseros (300); freno de mano eléctrico con
sistema de salida en cuesta (220); climatizador bizona (350); pack
visibilidad con sensor de lluvia con espejo interior electro
cromático y encendido automático de faros (200);
espejos retrovisores plegables eléctricamente, térmicos y
fotosensible el del conductor (170); asistente de aparcamiento
delantero y trasero (650);
rueda de repuesto estándar (90); y radio DVD 800 con navegador,
pantalla
de 7 pulgadas y conector USB que, en combinación con el freno de
mano eléctrico, incorpora el
mando multifunción (1.400). En total, la nada despreciable cifra
de 6.890 euros, que incrementa el precio final del coche hasta los
35.390, cantidad que se puede destinar, por ejemplo, a la compra de
todo un
Mercedes Clase C 200 CDi Elegante de 136 caballos, de mayor
calidad pero más pequeño, menos potente y no tan bien equipado en
origen como el
Insignia. No obstante, del listado de opcionales mencionado, yo
no renunciaría, tras una semana de análisis, a los
faros
AFL Plus, airbags traseros, climatizador bizona, pack de
visibilidad, asistente de aparcamiento y radio DVD 800 con
navegador, lo que suma 3.900 euros, con lo que tendríamos un
Insignia muy bien equipado por 32.400 euros.
Os recomiendo montar los
faros
AFL Plus porque, a diferencia de sistemas similares, estos son
realmente prácticos. El dispositivo varia automáticamente la
dirección e intensidad de las luces de xenón, hasta en nueve
posiciones diferentes, para ofrecer la mejor iluminación posible. Se
activa mediante la función auto de la ruedecilla de los
faros y
funciona así: en ciudad y hasta los 30 km/h los haces de luz
iluminan ambas aceras; de 30 a 50 km/h aumenta la intensidad y el
campo de visión; en intersecciones, y sólo al activar los
intermitentes, el haz aumenta hacia el lado al que se gire.
Realmente es una gran ayuda. En cuanto a su actuación en autopista,
la intensidad de la luz aumenta significativamente pero sin
deslumbrar a los conductores que se nos cruzan. Y en vías
interurbanas, el haz de luz gira hasta 15 grados en el sentido de la
curva. Otra función interesante del AFL Plus es el asistente de
luces largas, que hace que éstas se enciendan automáticamente cuando
no detecta puntos de luz (coches) delante del vehículo, y se
desconectan cuando se cruza un coche hasta 200 metros de distancia.
Estética muy atractiva
Otro de los puntos fuertes del
Insignia es su diseño. Impacta al verlo por fuera por la
sensación de poderío, elegancia y cierta exclusividad que transmite.
Se nota que
Opel
ha echado el resto en este sentido para modernizar las líneas
maestras del estilo que lucirá éste y toda su gama de productos. La
silueta del
Insignia sigue la moda de los cupés de cuatro puertas, un
acierto en lo estético y la aerodinámica pero que hipoteca algo el
espacio del interior así como la visibilidad. Otros rasgos
distintivos es el nuevo logotipo de
Opel
que luce en la parrilla, unas ligeras formas de ala que recorren el
frontal y la trasera, así como la hendidura lateral que fluye de
rueda a rueda. Completa el conjunto, en la unidad probada, unos
‘llantones’ de aluminio de cinco palos abiertos de 18 pulgadas de
diámetro embutidas en unas ruedas desmesuradas en medida 245/45.
Detalles que dan al
Insignia un toque musculoso pero sin estridencias.
En el interior se repiten las líneas en forma de ala de la
carrocería. El tablero de mandos, por ejemplo, envuelve a los
ocupantes desde el panel de instrumentos hasta las puertas. La luz
roja que ilumina el habitáculo aporta calidez, detalle que se
extenderá a toda la gama
Opel.
Los materiales empleados son, algunos, de calidad, aunque hay
ajustes deberían ser revisados. La unidad de prueba contaba con
18.000 kilómetros y se oían molestos crujidos procedentes de la
consola
central prácticamente en cualquier curva. También detecté algún
filo de plástico cortante y ninguno de los numerosos huecos para
portar objetos llevaba revestimiento alguno para evitar que lo
introducido se mueva. Sí es cierto que los sitios para dejar cosas
son abundantes. Por ejemplo entre los asientos, las versiones con
freno de mano eléctrico cuentan con un portalatas doble con
cortinilla además de un hueco grande bajo el
apoyabrazos. También hay un cajetín a la altura de la rodilla
izquierda del conductor y bolsas en las
puertas delanteras con capacidad para llevar botellas de 1,5
litros.
Habitáculo algo limitado
El espacio disponible en el habitáculo es inferior a lo que
transmite la carrocería desde fuera, aunque es suficiente para
cuatro adultos y un niño. La carrocería de cinco puertas ofrece una
altura algo inferior al cuatro puertas. En la práctica esto hace que
los conductores de a partir de 1,80 metros sólo vayan cómodos si
regulan los asientos de manera que el respaldo quede algo tendido.
El resto de las cotas, anchura y espacio para las piernas en la
parte trasera, tampoco es holgado. El
maletero es espacioso pero poco aprovechable por la escasa
altura que deja libre entre el fondo y su parte superior. Estas
limitaciones se deben principalmente a la forma cupé de la
carrocería, con mucha chapa y poco cristal, lo que a su vez hace que
la visibilidad no sea demasiado buena. No obstante, una vez
encontrada una óptima postura al
volante,
algo sencillísimo gracias a las numerosas posibilidades de
regulación de
volante
y asiento, la vista hacia fuera es más que suficiente. Un único
punto que en este sentido debería mejorar es las forma de los
espejos retrovisores, demasiado afilada en los extremos, lo que
impide algo la visión.
Los
asientos delanteros de la versión Sport son realmente buenos,
por calidad y por las múltiples regulaciones que ofrece, además de
contar, como extra, de ventilación, algo muy útil en verano. Los
mandos se encuentran perfectamente a mano, aunque en la versión con
cambio manual la
palanca
va demasiado retrasada, lo que en ocasiones es un estorbo. Tampoco
es cómoda la utilización del ordenador, ya que al hacerlo desde la
palanca de los intermitentes, obliga a soltar la mano izquierda
del
volante. Otras funciones se manejan desde el
volante,
desde los mandos de la
consola
central o por medio del la
unidad multifunción, un mando giratorio parecido al iDrive de
BMW o
al MMI de
Audi
pero que en el de
Opel
sirve para manejar menos funciones: navegador, audio y teléfono. Me
parece muy útil por lo sencillo de su uso y porque no obliga a
apartar la vista del frente.
Turbodiésel de 160 CV y bajo consumo
De entre la extensa oferta de motores –cuatro de gasolina de 140,
180, 220 y 260 caballos, más otros tres diésel de 110, 131 y 160,
estos dos últimos en versiones ‘ahorradoras’ EcoFlex’–, la opción
más interesante por relación precio y prestaciones es la
2.0 CDTi de 160 CV. Esta mecánica, acoplada a la transmisión
manual de seis velocidades de la unida de pruebas –hay una
automática con el mismo número de marchas y un sobreprecio de casi
2.700 euros–, destaca por su bajo consumo y buenas prestaciones,
aunque es algo ruidoso al arrancar en frío y cuando se acelera con
decisión en regímenes bajos. Es relativamente sencillo circular por
autovía consumiendo sólo siete litros/100 kilómetros reales, algo a
lo que contribuye la buena aerodinámica de la carrocería, cifra que
se dispara a no más de 10 si se aprieta el acelerador con
contundencia. La sexta marcha es algo larga, lo que favorece la
reducción del gasto de gasoil, aunque hay par suficiente como para
salir con brío sin necesidad de reducir marchas. Sólo en
pronunciadas cuestas hacia arriba hay que jugar algo con el cambio.
El carácter burgués del
Insignia queda subrayado por la teórica comodidad que ofrece a
sus ocupantes en marcha. La suspensión FlexRide permite cambiar la
dureza de la amortiguación en tres niveles, así como la actuación
del cambio automático –en su caso–, la asistencia de la dirección,
la respuesta del acelerador y la interferencia del control de
estabilidad. En el modo más blando (Tour) la suspensión ‘flota’
demasiado lo que se traduce en ligeras inclinaciones de la
carrocería en curvas y en la transmisión de las irregularidades del
asfalto al habitáculo. Si se cambia al modo Sport –el más duro–, el
conductor lo nota porque la iluminación del cuadro cambia de blanco
a rojo, el coche se nota más asentado, es más ágil porque limita los
cabeceos de la carrocería en curva y porque la dirección es más
precisa, pero resulta algo incómodo para los pasajeros. Eso sí, en
este modo la adherencia es bastante alta, algo a lo que ayuda los
generosos neumáticos que monta. Un detalle interesante es que en
modo Sport, es posible desactivar algunos de los parámetros que se
modifican: la suspensión, la respuesta del acelerador o la
dirección. No obstante, para el conductor estándar, el modo Normal,
es el que quizá más utilice en viajes largos.
Buenas prestaciones y frenos excepcionales
Puestos a correr, el
Insignia es capaz de alcanzar sin dificultad los 200
kilómetros/hora y acelerar de 0 a 100 km/h en menos de diez
segundos. Las recuperaciones no son brillantes, ni en quinta ni en
sexta velocidad, algo normal en un coche que ronda los 1.500 kilos
de peso y que cuenta con unos desarrollos de cambio largos.
Circunstancia que no debe tener en cuenta el cliente objetivo de
este coche, que circulará principalmente por autovía a ritmos
tranquilos pero con la tranquilidad de saber que el
motor
va a responder perfectamente al acelerador. Los frenos, en cambio,
me han parecido muy buenos, por tacto y capacidad de dosificación, y
no he notado que pierdan eficacia tras utilizarlos sin piedad.
En conclusión
La
firma alemana le debe mucho al
Insignia, ya que gracias a su éxito comercial
Opel
es la marca generalista que más crece en España. Algo importantísimo
en estos momentos de crisis y dudas sobre la viabilidad de la
empresa de Figueruelas, cuando está pendiente de ser comprada por
Magna. Algo que, sin embargo, poco debe importar al futuro comprador
de esta berlina, fabricada en la planta alemana de Rüsselsheim, ya
que si se decide por el
Insignia, se llevará un coche muy atractivo, por diseño y
equipamiento, a un precio que está en la media del segmento D y con
una amplia oferta en cuanto a motores, transmisiones, carrocerías y
motores.
Lo destacable
-Luces auto adaptativas AFL Plus
-Relación precio, equipamiento y prestaciones.
-Consumos contenidos.
-Diseño exterior e interior.
-Facilidad de uso de la unidad multifunción.
-Aerodinámica.
-Capacidad de frenada.
Lo mejorable
-Espacio interior y visibilidad limitados.
-Ajustes de la consola central.
-Palanca del cambio algo retrasada.
-Huecos sin fondo revestido.
-Manejo del ordenador.
-Maletero limitado en altura.
-Ruido mecánico en frío.
Prueba y Redacción:
arpem.com
Fotos: Jesús María Izquierdo
Octubre 2009
|
|