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Interior robusto pero sin lujos Al acceder al habitáculo la primera sensación que se percibe es la de estar ante un producto bien acabado, de gran robustez y practicidad pero que carece de detalles de cierto lujo propios de otros modelos del segmento. Los asientos delanteros son cómodos y sujetan bien. El del conductor puede regularse en altura y cuenta con apoyo lumbar. Permite conducir en una posición muy baja, lo que agradecerán algunos conductores. Al volante de este Mazda se puede acceder a todos los mandos con bastante facilidad. Desde el volante se controlan con gran facilidad el ordenador, el climatizador, el teléfono, el sistema de audio y el control de crucero. Las teclas no son abundantes y están muy bien ubicadas, lo que permite conducir sin distracciones. Peor resuelto está la ubicación de la pantalla central desde la que se visionan parte de las funciones que se activan por medio de los botones del volante, ya que está algo separada de la vista, lo que obliga a apartar la mirada del frente. Desde el ordenador se controla fácilmente la hora, el consumo instantáneo y medio, la autonomía, un avisador acústico de límite de velocidad y la velocidad media. También me ha gustado la palanca de cambios de seis velocidades, de reducidas dimensiones y colocada cerca del conductor. El freno de mano, en cambio, se sitúa algo lejos, muy cerca del asiento del acompañante. En cuanto a la instrumentación, es muy sencilla pero completa. Cuenta con dos esferas grandes que informan del régimen del motor y de la velocidad, además de otras dos más pequeñas que avisan del nivel de combustible y de la temperatura del agua del motor. Entre los relojes principales se haya una pequeña pantalla que registra el cuentakilómetros total, dos parciales y la temperatura del exterior del coche.
Prueba y Redacción: arpem.com
Julio 2009
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