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Prestaciones también exclusivas Tras numerosas pruebas y estudios, el resultado es este superdeportivo de tracción trasera de prestaciones impresionantes, propulsado por un motor V10 de 4,8 litros que gira a altas revoluciones y genera, sin turboalimentación pero con distribución variable, 560 CV – a 8.700 revoluciones – y 480 Nm de par motor –a 6.800 vueltas– para alcanzar nada menos que 325 kilómetros/hora y acelerar de 0 a 100 kilómetros/hora en tan sólo 3,7 segundos. Lo mejor es que el 90 por ciento de la fuerza está disponible en un amplio margen de revoluciones: entre las 3.700 y las 9.000, lo que da una idea de la gran elasticidad mecánica. Otro dato interesante es que sólo tarda seis décimas de segundo en alcanzar las 9.000 revoluciones desde el ralentí. Una pasada.
Este nuevo propulsor, situado en la parte delantera central y equipado con cárter seco, ha sido específicamente diseñado para el LFA y va unido a una caja de cambios secuencial con embrague robotizado (ASG), dispuesto de levas de cambio para un máximo control de conducción. Dicha transmisión, que se sitúa sobre el eje trasero para proporcionar una distribución del peso óptima entre la parte delantera y la trasera –relación 48:52–, recibe la potencia del motor a través de un rígido eje hueco. Los cambios de velocidades se hacen de manera ultra rápida, en tan sólo 0,2 segundos en sport, por medio de una transmisión capaz de trabajar en cuatro modos diferentes: auto, normal, sport y mojado. Una tecnología probada en competición, por medio de la participación del LFA en las durísimas 24 horas de Nürburgring, en Alemania, las ediciones 2008 y 2009, dónde se comprobaron, entre otras, las ventajas del cárter seco, fundamental para soportar fuerzas laterales de giro de más de 2 G, un requisito fundamental para el rendimiento en pistas de carreras a altas velocidades.
Texto y fotos: arpem.com 8 de Febrero de 2010
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