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Mitad
italiano mitad alemán, el benjamín de la gama Ford es un atractivo
vehículo de dimensiones contenidas, capaz de desenvolverse por entre
el tráfico ciudadano como pez en el agua y que no renuncia a
cualquier tipo de trayecto interurbano ofreciendo a sus ocupantes
cierto confort y muchísima seguridad. Gracias a una alianza
estratégica con Fiat, el
Ka
utiliza la plataforma del 500 –que a su vez es la del Panda–, lo que
se traduce en cerca de un 80 por ciento de piezas compartidas,
básicamente plataforma, motores y mandos del climatizador. Ambos se
fabrican en una misma línea de montaje localizada en la factoría que
la marca italiana tiene en Tichy (Polonia). Como no podía ser de otra manera, se trata de un coche mucho mejor en todos los aspectos que el exitoso modelo de 1996 al que sustituye. Monta por primera vez una avanzada mecánica turbodiésel de origen Fiat de excelentes prestaciones, bajos consumos y emisiones, y cuenta con un equipamiento, tanto de serie como en opción, propio de coches de segmentos superiores. Y aunque a simple vista las dimensiones del Ka 2009 parece que hayan crecido bastante con respecto a su antecesor, lo cierto es que ofrece un espacio interior más holgado en una carrocería cuya longitud es prácticamente idéntica. Sí es cierto que la altura del modelo nuevo es algo mayor –cerca de 1 centímetro–, lo que unido a un diseño más robusto hace parecer que estamos ante una carrocería más grande de lo que realmente es. Concentrado de Fiesta Maravillas de un diseño denominado por Ford como ‘kinético’, en contra posición al ‘new edge’ de la gama de mediados de los años 90. Un estilo visible en los productos más recientes de la marca, como Mondeo y Kuga pero sobre todo en el Fiesta, modelo que es un calco del Ka pero en una talla más grande. El ‘kinetic design’ se percibe, exteriormente, en detalles como una prominente parrilla trapezoidal y unos faros de grandes dimensiones que se alargan hacía atrás. Unos laterales marcados por unos pasos de rueda prominentes, con amplios faldones de puerta y una cintura alta y en forma de flecha que une las manillas de las puertas con los pilotos traseros. La zaga aporta un aspecto macizo y el cristal del portón muestra unas esquinas inferiores biseladas. En el interior el concepto ‘kinético’ también está presente gracias a algunos elementos en forma trapezoidal y a una moderna combinación de materiales y colores.
Buen puesto de mando Me gusta la facilidad con la que se accede al asiento del conductor, debido al inmenso hueco que deja libre unas puertas de gran tamaño. Una vez sentado en el asiento encuentro casi sin dificultad una óptima postura de conducción, gracias a la regulación en altura del volante –que no en profundidad– y a un asiento que aunque no permite un movimiento de la banqueta en altura completo si permite hacer que esta pivote de arriba abajo desde la parte más cercana al respaldo.
Pero si en la zona delantera no hay casi nada que criticar en cuanto a espacio y visibilidad, detrás la cosa cambia. Para empezar, acceder a ella es algo complicado debido al escaso espacio que queda libre al mover hacia delante el respaldo del asiento anterior. Una vez sentado, la sensación de espacio real es escasa, aunque hay altura suficiente como para que viajen cómodos dos adultos de no más de 1,75 metros. A diferencia de algún modelo de la competencia, como por ejemplo el Renault Twingo, no es posible ganar espacio moviendo el asiento trasero hacia atrás. La luneta es muy pequeña y su visibilidad se ve reducida notablemente en el momento de colocar unos reposacabezas que, curiosamente, no forman parte del equipamiento de serie. La visibilidad a través de los cristales laterales traseros, desde el asiento del conductor, está muy limitada, no sólo por el tamaño escueto del cristal sino, sobre todo, porque el reposacabezas del copiloto impide la visión. Para finalizar, me resulta incómodo en un coche de talante urbano que los asientos delanteros no recuperen su posición inicial ni al acceder a la parte posterior ni al salir de ella. Y también se echa en falta algún asidero en el techo donde el acompañante pueda agarrar su mano derecha. Información fácil y completa De vuelta al puesto del conductor, subrayar la excelente ergonomía que ofrecen los mandos. Todos ellos, de diseño tradicional y fácil utilización, se encuentran perfectamente a mano y la información que ofrecen es completa y de fácil lectura.
Al tiempo que tomo nota del sencillo manejo del ordenador de a bordo y compruebo el agradable tacto de los plásticos duros que recubren el salpicadero y las puertas –aunque detecto algunas piezas que ajustan de manera imprecisa y bordes con labios algo cortantes–, intento encontrar, en vano, un mando desde el que abrir el portón trasero. Sencillamente no existe ni dentro ni fuera. Para acceder al maletero no hay más remedio que utilizar o bien el mando a distancia o bien la llave; un auténtico engorro que implica, con el motor en marcha, tener que desconectarlo, quitar la llave y apretar el botón del mando. Una vez abierto el portón, se accede a un maletero de cierta amplitud para un coche ciudadano, que cuenta con hueco para llevar, de serie, un kit reparapinchazos o, a cambio de 25 euros, una rueda de repuesto de emergencia.
Equipamiento personalizado
Eficaz en ciudad
Suspensiones afinadas La estabilidad en recta es muy buena, siempre que no haya un fuerte viento lateral, y las suspensiones trabajan a la perfección para ofrecer el máximo confort a los ocupantes. También en tramos de curvas reviradas el coche se comporta correctamente, con ausencia de rebotes en la carrocería.
Por si fuera poco, la unidad probada disponía del siempre recomendable control de estabilidad ESP –desconectable a mano– programado con bastante acierto para permitir una conducción alegre ya que no entra en acción excesivamente pronto ante un deslizamiento inesperado de las ruedas. Un dispositivo que se paga a parte, por sólo 475 euros, y que en conjunción con los frenos ABS de serie también dispone de control de tracción ASR y de un dispositivo de asistencia en pendiente, que evita que el vehículo ruede hacia atrás al arrancar en subida. Pude probarlo y comprobar que el coche permanece parado en cuesta sólo un par de segundos. Por cierto que los frenos –con discos delante y tambores detrás– se comportan de manera más que correcta en prácticamente cualquier circunstancia. El único ‘pero’ está en que suelen perder prestaciones tras un uso intensivo, por ejemplo al bajar un puerto de montaña a elevada velocidad, inconveniente que desaparece con sólo esperar a que se enfríen. Conclusión Responder a la pregunta de si merece la pena la compra de este vehículo es relativamente sencillo: sí. Y lo es porque estamos ante un coche moderno y sobre todo seguro, bien acabado y fiable, muy bien equipado y que puede cumplir a la perfección, en cuanto a prestaciones, si los interesados en él son parejas jóvenes o solteros que se mueven por ciudad y hacen viajes de vez en cuando, e incluso puede servir a la perfección como segundo coche familiar. Ahora bien, no está tan claro decantarse por esta mecánica turbodiésel cuando se puede optar por la versión de gasolina Duratec de 1.200 centímetros cúbicos y 69 caballos. La versión de gasoil cuesta unos 1.500 euros más, cantidad extra que compensa pagar si realmente vamos a hacer un uso intensivo del vehículo, dado el precio actual del combustible.
Lo destacable -Diseño moderno -Buenas prestaciones -Suspensiones afinadas -Equipamiento completo -Alta seguridad Lo mejorable -Aislamiento acústico -Espacio en las plazas traseras -Sistema de apertura del maletero -Visibilidad trasera -Reposacabezas traseros de ‘pago’
Prueba y Redacción: Javier Montero
Febrero 2009
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