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Prueba FORD KA 1.3 TDCi

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Buen puesto de mando

Me gusta la facilidad con la que se accede al asiento del conductor, debido al inmenso hueco que deja libre unas puertas de gran tamaño. Una vez sentado en el asiento encuentro casi sin dificultad una óptima postura de conducción, gracias a la regulación en altura del volante –que no en profundidad– y a un asiento que aunque no permite un movimiento de la banqueta en altura completo si permite hacer que esta pivote de arriba abajo desde la parte más cercana al respaldo.

 Hecho en falta algún portaobjetos pues sólo se dispone de los huecos de las puertas y de una pequeña guantera para vaciar los bolsillos. Los dos espejos retrovisores son de gran tamaño y se pueden regular cómodamente desde dentro y de manera automática por medio de una sola tecla. La visibilidad frontal, digna de elogio, se ve favorecida por un parabrisas de grandes dimensiones que va encastrado en dos montantes estrechos, algo que se agradece a la hora de girar en curvas de radio corto. Los cristales laterales, también de gran tamaño, facilitan una óptima visión.

Pero si en la zona delantera no hay casi nada que criticar en cuanto a espacio y visibilidad, detrás la cosa cambia. Para empezar, acceder a ella es algo complicado debido al escaso espacio que queda libre al mover hacia delante el respaldo del asiento anterior. Una vez sentado, la sensación de espacio real es escasa, aunque hay altura suficiente como para que viajen cómodos dos adultos de no más de 1,75 metros. A diferencia de algún modelo de la competencia, como por ejemplo el Renault Twingo, no es posible ganar espacio moviendo el asiento trasero hacia atrás. La luneta es muy pequeña y su visibilidad se ve reducida notablemente en el momento de colocar unos reposacabezas que, curiosamente, no forman parte del equipamiento de serie. La visibilidad a través de los cristales laterales traseros, desde el asiento del conductor, está muy limitada, no sólo por el tamaño escueto del cristal sino, sobre todo, porque el reposacabezas del copiloto impide la visión. Para finalizar, me resulta incómodo en un coche de talante urbano que los asientos delanteros no recuperen su posición inicial ni al acceder a la parte posterior ni al salir de ella. Y también se echa en falta algún asidero en el techo donde el acompañante pueda agarrar su mano derecha.

ford ka  

 

Prueba y Redacción: arpem.com

 

Febrero 2009