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CAMPERO "low cost" Estética campera y funcionable La versión todocamino del Sandero es un vehículo con algunas posibilidades para adentrarse por caminos de tierra gracias a su carrocería elevada. Por lo demás, coincide con el Sandero en cuanto a la sencillez de su mecánica, chasis, componentes e interiores, algunos procedentes del Renault Clio anterior, fiables pero algo anticuados. A cambio tenemos un coche equipado con lo necesario, muy básico y a un precio realmente rompedor: 11.887 euros. Pese a que el Stepway carece de tracción a las cuatro ruedas –posibilidad que estará disponible en el Duster, el nuevo Dacia próximamente a la venta–, el echo de contar con una suspensión más larga y reforzada que la versión normal, con una carrocería con una altura libre al suelo mayor que la del Sandero –175 milímetros frente a 155– permite adentrarse por caminos y pistas de tierra con cierta holgura. Además, el coche ofrece una serie de elementos que sirven para salvaguardar al vehículo de golpes leves e impactos de piedras, como por ejemplo una serie de protecciones de plástico sin pintar ubicadas en el perímetro de la carrocería, unas molduras metálicas en el centro de los paragolpes y en la parte baja de los laterales, así como unas protecciones de plástico para los bajos en las zonas delantera y trasera. Aditamentos que suponen un plus en cuanto a diferenciación y personalidad, dentro de una imagen robusta y modesta. Estética campera y funcional
En el habitáculo hay pocos cambios con respecto al Sandero del que deriva. Salvo una tapicería específica –algo más robusta, muy útil para un trato duro– y una posición de conducción un poco más alta –un detalle a la hora de circular sobre terrenos de tierra–, se mantiene el mismo estilo correcto y sencillo. Dentro es fácil encontrase a gusto, sobre todo por la buena habitabilidad. El espacio hacia prácticamente todas las cotas es bueno, sobre todo en anchura y altura, no tanto en cuanto a el hueco que queda libre para las rodillas en las plazas traseras. De esta manera, es posible acoger a cuatro adultos y un joven en la plaza central de la parte posterior. Todo ello en una carrocería bastante contenida de tan sólo cuatro metros de longitud. El maletero es el correcto, gracias a un volumen útil de 370 litros que pueden llegar a los 1.200 si se abaten completamente los respaldos –en proporción 60/40– de los asientos de las plazas de atrás. La rueda de repuesto es idéntica a las de fuera, algo poco habitual en los tiempos actuales. Va ubicada debajo de la carrocería, en un lugar también atípico. Uno de los problemas de diseño se encuentra en la puerta trasera, cuya parte posterior cuenta con un reborde bastante pronunciado, que puede convertirse en un punto peligroso si alguien intenta acceder al interior sin la necesaria atención. Básico y limitado en marcha
A la hora de conducir, parece como si viajase al pasado, ya que es necesario adaptarse a una serie de incomodidades obviadas en los coches de última generación. Encontrar la óptima posición supone una pequeño pero por lo comentado en cuanto a la limitación de las regulaciones tanto del volante como del asiento. Menos mal que la elevada altura del asiento permite tener toda la carretera bajo control, lo mismo que los mandos, escasos pero dispuestos muy a mano. El pedal del embrague cuenta con un recorrido bastante largo, lo que implica una rápida adaptación para evitar acelerar en vacío. También resulta incómodo el elevado ruido que se percibe en el interior, procedente principalmente de la mecánica, de la limitada aerodinámica de la carrocería y del propio habitáculo, donde hay vibraciones quizá de piezas mal ajustadas. Hasta los 130 kilómetros por hora el nivel acústico es soportable, a partir de ahí se torna en bastante incómodo. No obstante, no es un coche para viajar a velocidades elevadas de manera constante –su punta es de 150 kilómetros por hora– , con lo que este problema queda en parte mitigado. Motor voluntarioso
Fuera de la ciudad, el Stepway se muestra voluntarioso y ofrece la posibilidad de viajar con cierta soltura y adelantar sin dificultad siempre que llevemos el régimen mecánico en la zona de par máximo. El peso total del vehículo –1.216 kilogramos– es de gran ayuda. Eso sí, a plena carga hay que ser algo paciente ya que los adelantamientos y las cuestas en pendiente pueden llegar a atragantársele. Si rodamos de manera fluida sin abusar del acelerador, es posible conseguir unos consumos cercanos a los seis litros cada 100 kilómetros, una cifra muy buena y acorde a la modestia de este vehículo. La suspensión trabaja bien para aportar cierta comodidad en carretera, aunque es algo seca, lo que llega a ser una molestia a la hora de superar los baches de la carretera. La elevada altura de la carrocería y la flexibilidad de los amortiguadores desaconsejan hacer machadas en curvas cerradas, aunque la nobleza del chasis permite solucionar cualquier contratiempo con poco que estemos atentos al pedal del acelerador y al volante. La tendencia en pleno apoyo es a irse ligeramente del morro, pero la ligereza del eje trasero ayuda a corregirlo sin complicación alguna. Pesa poco –1.100 kilogramos–, el guiado es fácil, la motricidad ayuda y, salvo errores ocasionados por la imprudencia, no se echa de menos la carencia del control de estabilidad, ingenio básico para la seguridad que Dacia no lo ofrece ni tan siquiera en opción. Como es lógico, el balanceo se nota en curva, por la altura de la carrocería, aunque no llega a molestar a los pasajeros. Sí monta frenos ABS con repartidor electrónico de la frenada EBD y sistema de asistencia al frenado de la emergencia, con un tacto bueno y una eficacia correcta siempre que no lleguemos a agotarlos rápidamente. Uso limitado en campo
Si el equipamiento de serie es exiguo –llantas de aleación, cierre centralizado, faros antiniebla, airbag para el conductor y el acompañante, dirección asistida y ABS, básicamente–, el que se ofrece en opción no se queda atrás. Dacia vende únicamente dos paquetes diferentes. El Confort, que incluye aire acondicionado y radio CD compatible con archivos MP3 y cuesta unos 600 euros. Y el Eléctrico, con elevalunas eléctrico y cierre centralizado con mando a distancia. Conclusión El echo de que el Dacia Sandero sea básicamente un Logan, con el comparte numerosos elementos del Renault Clio de la generación anterior, tiene sus pros y sus contras. Las ventajas están en la posibilidad de ajustar el precios. Los inconvenientes, disponer de unos materiales de una calidad y tactos pelín obsoletos además de un equipamiento, tanto de serie como sobre todo opcional, bastante justo. En cuanto a diseño, el Stepway ha conseguido romper eficazmente con una imagen algo anticuada de los modelos de la firma rumana, propiedad de Renault. Sin embargo, es justo afirmar que los 12.000 euros que cuesta se acercan mucho al de varios utilitarios de marcas generalistas, algo que puede plantear serias dudas de compra cuando la estética campera no es una prioridad. La competencia también se encuentra en la propia Dacia: el Sandero berlina con el mismo propulsor y el acabado Laureate se comercializa por 10.050 €, y por lo tanto el Stepway nos exige un desembolso de 2.000 € extras por las mejoras estéticas y el aumento de 20 milímetros de la distancia libre al suelo, cuando la berlina ya cuenta con una altura de la carrocería de 155 milímetros, que se encuentra por encima de la media. En cuanto a competidores de otras firmas, no hay prácticamente ninguno ya que lo que hay dispone de tracción a las cuatro ruedas. Es el caso de los Daihatsu Terios, Fiat Sedici, Skoda Fabia Combi Scout y Suzuki SX4, entre otros.
Lo destacable - Versatilidad - Comodidad. - Habitabilidad. - Maletero. - Precio. - Utilidad. Lo mejorable - Detalles de terminación. - Elevada sonoridad. - Ligeras vibraciones. - Sin ESP ni en opción. - Volante sin regulación.
Prueba y Redacción: arpem.com Fotografía: Jesús María Izquierdo Marzo 2010
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