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Prueba BMW X5 M 4.4 V8 555 Cv

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Comportamiento

Al recoger el coche ya tenía claras un par de cosas, una, es que iba a disfrutar de sus prestaciones puras en carretera (prestaciones que ya conocía por haber probado en circuito a su hermano el X6M en la presentación internacional el pasado mes de julio en el Circuito Road Atlanta de Georgia en USA), y otra, que iba a comprobar hasta donde pueden llegar 555 CV dentro de un SUV de más de 2300 Kg., cuando el terreno se complica de verdad.

Con las cifras de potencia y par que entrega, parece que lo más sorprendente vayan a ser sus rápidas reacciones, sus prestaciones puras, pero sin embargo, lo que más destaca es su facilidad de conducción. Es un coche que puede conducir cualquiera, con la única condición de ser suave con el pedal del acelerador. En medio del tráfico urbano, o paseando placidamente por carreteras secundarias, dejando la palanca de cambios a la derecha, en la posición D, el motor responde con una suavidad digna de elogio, las marchas se enlazan rápidamente consiguiendo que el motor vaya todo el tiempo girando muy bajo de vueltas, ronroneando con suavidad y no mostrando ninguna reacción áspera o violenta en ningún momento.

Si nos volvemos más enérgicos con el acelerador, en primer lugar lo que empezamos a notar es su impresionante par, pues empuja con firmeza desde prácticamente el ralentí, y en cuanto pasamos de las 1500 r.p.m., régimen en que alcanza su par máximo, la aceleración solo está limitada por nuestra presión sobre el acelerador, los cambios de marcha se realizan a más revoluciones y la sensación, a pesar del tamaño y peso del coche es de total agilidad.

Al entrar en alguna carretera de curvas conocida, pasamos la palanca de cambios a la izquierda, a la posición S y automáticamente el coche “quita” una marcha sobre la que habitualmente irías en D, todavía no hemos pasado de regímenes intermedios del motor y, sin pisar mucho, logramos que el cambio vaya subiendo marchas al llegar a la zona de las 4 – 5.000 r.p.m., así, aún va “paseando” pero lo cierto es que el empuje y la velocidad que alcanzamos ya en esas circunstancias poco tiene que ver con un paseo.

bmw x5

Comprobado el asfalto y que “no hay moros en la costa”, decidimos hacernos otra pasada, también con la palanca en la posición S, pero esta vez pisando de verdad y... se destapa la caja de los truenos. Cuando el motor detecta que lo que quieres es correr de verdad y pisas a fondo el pedal del acelerador, puedes oír como de debajo del capó sale una sonrisilla y una voz que dice “te vas a enterar”. Las marchas se estiran hasta bien pasadas las 6.500 vueltas, el empuje te clava literalmente al respaldo del asiento y antes de que el cambio vaya a cambiar a cuarta tienes que levantar el pie porque ya vas a 150 Km./h. y falta carretera. Las curvas, salvo las más lentas (“gañotes de más de 180º) se toman en 2ª o 3ª, no bajando nunca a primera porque no le hace falta, la aceleración es sencillamente brutal, vas sobrado de frenos y el coche lo que transmite es que no le estás haciendo ni cosquillas. En ningún momento a entrado el ABS, el DSC, el ASC o el CBC o yo, por lo menos no lo he notado.

Con esta primera “toma de contacto” aprobada con nota, lo siguiente que me propuse fue probar sus aptitudes de tracción cuando el asfalto se complica, así que, aprovechando las persistentes lluvias que estaban cayendo sobre Madrid, y que en la sierra eran en forma de nieve, dirigimos nuestros pasos hacia el Puerto de Navacerrada, que pudimos alcanzar gracias a una “mentirijilla” que le solté al Guardia Civil que estaba obligando a los coches a dar la vuelta o a poner cadenas; casi sin parar el coche y con la ventanilla bajada le grité “llevo neumáticos de invierno” (mentira cochina) a la vez que continuaba por la carretera, lo que, visto mi convencimiento, no le dejó más opción que darme paso con la mano.

 

Prueba y Redacción: Miguel Ángel Fernández

Fotografías: Mar Loeches / M.A.F.

Abril 2010