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TECHO FUERA Para esta nueva generación BMW ha desechado el techo de lona de su anterior versión y se ha decidido por la práctica y efectiva del techo rígido que se descompone en secciones. En 22 segundos y pulsando solo un botón, se abre completamente el techo dividiéndose en tres partes y quedando escondido tras las plazas traseras y restando algo de espacio al maletero. Además de abrir o cerrar el techo con el botón del interior, también podemos realizar esta operación pulsando un botón de la llave siempre que no nos alejemos más de cuatro metros. Las plazas traseras, solo dos, disfrutarán plenamente de la visión completa del cielo aunque el espacio en ellas no es uno de sus puntos fuertes. Además de no tener mucho espacio para las piernas, la altura con el techo cerrado es escasa. Nada recomendable para trayectos largos. Para acceder a ellas, el reposacabezas de los asientos delanteros nos ayuda ya que desciende automáticamente en cuanto abatimos los asientos.
En marcha ni el viento ni el ruido molestan hasta que no rodamos rápidos, la calefacción cumple su función y hace que aunque la temperatura sea baja, mientras no llueva, nada ni nadie nos impida disfrutar del placer de conducir a cielo abierto. En la versión Coupé el exterior del techo es de fibra de carbono para reducir el peso, en el cabrio no es así, la lucha contra el peso de la versión cerrada aquí no tiene tanto protagonismo. Los 230 kilos que engorda el peso del cabrio con respecto a la versión cerrada no importan demasiado si no buscamos prestaciones puras porque desde luego en las cifras si se dejan notar. A cambio, el cabrio nos permite disfrutar más del ronroneo de su V8.
Prueba y Redacción: arpem.com Fotografías: Alex Blanco Noviembre 2009
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