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El Viaje

 Mientras nos acercamos al coche y apretamos el mando, las puertas se abren y el coche enciende sus faros mientras da destellos con los intermitentes, mantenemos apretado y tras unos segundos los cristales comienzan a descender y el techo practicable a abrirse, en el rato en que alcanzamos su posición ya se ha dispersado el calor del interior que de estar todo el día al sol había acumulado, a veces estas opciones que parecen insulsas tiene ventajas palpables, el frescor del atardecer se renueva fácilmente sin que ni siquiera hayamos accedido al interior. La silueta de coche es llamativa y el color junto con los neumáticos y llantas hacen que se vuelvan las cabezas algo anormal si consideramos que a día de hoy ver modelos de la marca es algo habitual frente a la situación de exclusividad de hace una década.

Aunque aún hay claridad percibimos que se iluminan los faros y, la señalización de posición. Va a ser imposible evitarlo durante nuestro recorrido, de día nos saludan viandantes y automovilistas intentando hacernos ver que no es necesaria la iluminación, nosotros desistiremos en breve de agradecer el aviso, pero antes intentaremos quitar el sistema encendido automático pensando que ha fallado algún sensor. Antes de montar en la manilla de la puerta luce un diodo led que nos facilita reconocer su forma de noche y el interior del coche se ilumina como si de un estudio de cine se tratara, no es una tenue luz ni siquiera un exceso de la misma, el reparto de bombillas por el habitáculo incluso cuando estamos montados y apagamos la iluminación interior no deja de sorprendernos, la tonalidad rojiza que perdura una vez nos hemos puesto en marcha aportan una calidez de ambiente que dan idea de la seriedad con que BMW se ha tomado la ambientación interior.

BMW 325 i  

 

Al subir y situarnos en los asientos, vemos que el tamaño de la puerta nos perjudica cuando hay un coche en batería a nuestro lado y el acceso está encomendado a la precisa contorsión para entrar, entonces vemos que nos entorpece el riñón del asiento, aún así nos acomodamos y tras abrocharnos el cinturón que el mecanismo automático no acerca, pisamos el embrague arrancamos pulsando un botón, el sonido del motor se percibe más procedente del exterior a través de la ventanilla, que de la filtración al habitáculo del vano motor, aún así es muy bajo, maniobramos para comenzar a andar y notamos la dirección algo dura, el ancho del neumático que finamente rodeaba la llanta ofrece gran parte de la resistencia con el suelo, agradeceremos con posterioridad su agarre lateral que ahora nos molesta.

BMW 325 i Comenzamos a andar y lo primero que nos viene a la cabeza es la suavidad de motor, su entrega en bajos y empuje lineal, no exigimos al motor pues está frío…¿frío?, ¡¡Dios!! no hay reloj de temperatura, acordándonos de todos los ingenieros, hurgamos en el ordenador de a bordo, esperando encontrar algo… pero nada, solo valores de consumo y configuraciones varias de check control, mascullando, decidimos afrontar lo que nos viene con lo que nos han dejado, es entonces cuando percibimos que las instrumentación es de una claridad propia del fabricante bávaro, al menos no se ha perdido todo, en el lugar del medidor de consumo instantáneo, han dejado uno de temperatura de aceite, no todo está abandonado este tarda más en subir y sube menos en su indicación, pero es más sensible a la carga del motor y no está filtrado como el del agua, la verdad es que es más útil que el más habitual de refrigerante, termínanos dando la razón y el cambio ha sido favorable, aún así nos molesta el simplismo que este recorte ha dejado en el cuadro, a veces dudamos que tan escueta información tenga una razón lógica.

Conforme andamos notamos como el coche va ganando aplomo, la inicial dureza de dirección ha pasado a un segundo plano ahora solo nos llegan lectura del asfalto podemos leer la carretera como si en braile estuviese escrita, el guiado es perfecto y la deriva nula, aumentamos el ritmo y el comportamiento del coche no deja de sorprendernos, abordamos las curvas cada vez con mayor velocidad y las suspensiones se lo tragan todo, frenamos en seco en alguna curva y nos asusta la facilidad de seguir la trayectoria de semejante maquina, son más de tonelada y media y la capacidad de agarre, la absorción de la dura suspensión y el chasis parece no pedir tregua, empezamos a sentirnos tremendamente cómodos, el motor empuja en bajos como una locomotora, en medios igual o más que en bajos, por un momento dudamos si el peso está inflado o si el motor es de mayor cilindrada, dejamos subir el régimen y pasamos las, 4000, 5000, 6000 y llegamos hasta las 7000 ,el sonido del motor nos turba los sentidos, en un acto involuntario subimos la radio pensando que la música que oímos sale de los altavoces, el zumbido que produce el baile del 6 cilindros en línea llega a embriagarnos, con lástima cambiamos de marcha y el empuje sigue siendo igualmente elevado, no hay relación que lleve mal el motor, da igual subir en marcha pares saltando las impares, que alternar las mismas pasando secuencialmente, la rapidez de la caja conjugada con el empuje del motor no anima a adjudicar continuamente relaciones, vemos que salvo maniobra de recuperación en bajos regimenes, no hay maniobra que no le siente de maravilla.

Las curvas enlazadas intentan balancear el coche, pero este sigue asentado al asfalto como si de un camino de hierro se tratara, las inercia son mínimas y solo la cierta incomodidad de los muelles nos hacen bajar el ritmo, miramos la radio y ¡¡sorpresa!! se oscurece la pantalla, al observarla, inclinamos levemente la cabeza y mágicamente aparecen nuevamente las emisoras en el dial, si la pantalla del cuadro nos parece muy lograda por que cuando el sol se cuela por el techo no molesta cambiando la tonalidad de rojo a blanco, en el del climatronic la cosa es diferente el aspecto es más cutre y en la radio, el aspecto es de juguete, a esto se suma que las gafas polarizadas empleadas en la conducción para eliminar los reflejos, lo dejan oscuro obligándonos a inclinar la cabeza.

BMW 325 i Todo el subidón que el coche proporciona se ve empeñado por estas menudencias y si para colmo tenemos la mala suerte de pillar un “tornillo” que nos obligue a parar por perder aire rápidamente las runflat nos permitirán llegar a un taller, pero los planes que tengamos hechos y trastoquemos por el percance nos dejaran ese mal sabor de boca que ni una buena publicidad sabrá endulzar y es que renunciar a las rueda de repuesto aunque repercuta en un aumento del maletero es un precio muy alto para nuestra ajetreada y encorsetada vida.

La verdad es que el coche se sigue comportando en carretera con un aplomo envidiable, dejando un margen al chasis que hace parecer al motor falto de un empuje que realmente tiene. Cuando llegamos a ciudad y queremos aparcar vuelve a perseguirnos la dureza de la dirección y a esto se suma que podemos fallar fácilmente las maniobra de 1º queriendo arrancar varias veces en 3º, esto junto con la maniobrabilidad que aunque no sea mala, es inferior a la que esperaríamos de un vehiculo de propulsión, no reduce la magnifica impresión que el coche proporciona.

Suerte que al bajarnos y cerrar, siempre que volvamos la cabeza miraremos con agrado su grácil silueta, soñando por volver a dar una vuelta, y es que si un berlina de las nuevas series 3 de BMW puede tener detractores de su aspecto estético, la imagen de este coupé nunca deja indiferente y aunque sea en una versión básica de motor como la que nos ocupa, hay mínimos en el automóvil que colman un máximo de deseo.

Prueba y Redacción: Juan José Hidalgo