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Prueba AUDI A5 Sportback 3.0 TDI
Quattro DPF S
Tronic 240 Cv

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EL REGALO DEL SIGLO

Coincidiendo con la
celebración en 2009 de los 100 años de historia de la marca,
Audi
decidió celebrarlo con el lanzamiento del
A5 Sportback, un precioso
cupé de cinco puertas que aglutina lo mejor del diseño y de la
tecnología de la firma. La versión probada es la más poderosa de
entre las mecánicas turbodiésel, cuenta con tracción integral
Quattro y
cambio secuencial S Tronic de siete velocidades. El
precio, algo elevado, es de 50.000 euros.
La moda de los vehículos
cupé de cuatro ó cinco puertas comenzó a ser un fenómeno comercial
con el lanzamiento del
Mercedes Benz CLS, modelo muy bien recibido
por el mercado por la dinámica y practicidad que aporta tan singular
línea. Curiosamente este concepto ha sido explotado por otras
marcas, principalmente alemanas –aunque los italianos cuentan con el
Maserati Quattroporte y en breve aparecerá el británico
Aston Martin
Rapide– cuyos ejemplos son el
Volkswagen Passat CC, el
Porsche Panamera, el
BMW Serie 5 GT y nuestro protagonista el
A5 Sportback.
La fórmula estilística es sencilla si previamente se cuenta con una
plataforma válida, algo que se confirma en cualquiera de los modelos
mencionados. En el caso del
A5 Sportback, la intervención ha sido
relativamente sencilla pues se ha conseguido añadiendo un par de
puertas y retocando algunos detalles de diseño en el magnífico
A5,
modelo que comparte plataforma con el
A4 y que está disponible
también en cupé puro de dos puertas y cabrio.
Ancho y bajo
La atractiva carrocería de 4.711 milímetros está muy estilizada
gracias a un techo muy rebajado –1.392 milímetros, 19 milímetros
menos que un
A5 cupé y 36 menos que el de un
A4–, un voladizo
delantero muy corto, batalla larga, vías anchas y cuatro puertas sin
marco. Si a esto se añaden los efectivos detalles estilísticos
típicos de
Audi, el resultado es una imagen de un deportivo de gran
elegancia y una discreción que no resta para robar miradas. En el
frontal predominan las líneas horizontales y la característica
parrilla ‘single frame’, enmarcada por una moldura fina de aluminio
anodizado que se prolonga hacia el capó en forma de V por medio de
dos cantos laterales. Los
faros son muy anchos y cuentan con
compartimentos aislados. Unos pequeños pilotos
antinieblas
enmarcados en aluminio completan la dotación de luces.
El lateral aporta dinamismo al conjunto gracias también al techo
bajo, a los grandes pasos de
rueda con neumáticos de 17 pulgadas
–ampliables hasta una medida de 20–, a la estrecha franja
acristalada enmarcada con un bisel de aluminio, y a un montante
trasero que se desliza hacia atrás en forma de onda. En dicho pilar
C se integra una tercera ventanilla lateral de pequeño tamaño cuyo
vértice apunta hacia arriba, detalle que rinde homenaje al Audi 100 Coupé S de 1969. En la zaga, al igual que lo que ocurre delante, las
líneas horizontales son las protagonistas y responsables de subrayar
el efecto de anchura. También llama la atención la ruptura
aerodinámica que ocurre en el borde del portón del
maletero, así
como el deportivo tubo de escape con salida doble separada. Los
pilotos traseros se dividen en dos piezas y terminan en punta en su
parte interior, y la tercera luz de freno –con 24 leds
independientes– va integrada por medio de un fino bisel en el borde
superior de la luneta trasera.
Un detalle típico de la firma de los cuatro aros es la constante
relación entre las superficies de chapa y de cristal, que es de un
tercio a dos tercios. También los afilados cantos en la chapa, que
limitan las superficies arqueadas cóncavas y convexas de trazo tenso
y musculoso, formando así el perfil, la línea de cintura, que forma
una curva que se desliza por debajo de las ventanillas, mientras que
la línea dinámica transcurre por encima de las taloneras. Los
retrovisores exteriores con intermitentes en tecnología led aportan
su propio toque especial.
Interior amplio y equipado
El acceso al interior resulta algo incómodo dada la rebajada altura
de la carrocería, que obliga a inclinarse para acceder a los
asientos. Menos mal que las puertas son de grandes dimensiones y que
la larga distancia entre ejes (batalla) favorece un habitáculo
amplio, más holgado que el del
A5 cupé. Dentro hay cuatro plazas
–algo limitadas las dos
traseras, sobre todo en altura–, con unos
asientos ergonómicos dispuestos en una posición baja, muy deportiva.
La postura de conducción es muy buena tanto para conducir de manera
tranquila como para atacar las curvas con decisión. El
salpicadero
dispone de unas líneas arqueadas que tocan los revestimientos de las
puertas, mientras que la
consola central se encuentra posicionada
hacia el conductor. La información que percibe el dueño del
volante
proviene, principalmente, de dos relojes de gran tamaño y unos
indicadores adicionales, todos ellos enmarcados por molduras
cromadas en forma de gota, otro detalle de familia. El
monitor de la
consola central informa de una serie de datos, relativos a los
sistemas de navegación, audio y configuración del vehículo, que se
manejan por medio del Multimedia Interface –MMI, similar al de los
A6 y
A8–, cuyo mando redondo, situado tras la palanca de cambios, es
fácil e intuitivo de manejar. Su utilización es bastante cómoda,
sobre todo con el coche parado, pero en marcha es necesario retirar
la vista de la carretera para consultar la posición de algunas de
las teclas auxiliares del MMI ya que no resulta fácil memorizar su
posición. Este inconveniente puede reducirse con la opción de
control por voz para ciertas funciones, como por ejemplo las del
navegador y el teléfono.
Una de las virtudes del
A5 Sportback es el
maletero, de gran tamaño,
formas regulares y fácil acceso gracias a un largo portón con
maletero y a un borde de carga –protegido con una moldura de acero
inoxidable– situado en una posición relativamente baja. Admite un
volumen de 480 litros, 25 más que el del
Audi A5, capaz de ampliarse
hasta los 980 litros al abatir los respaldos de los
asientos
traseros. Su interior está muy bien acabado ya que va revestido con
materiales de cierta calidad del mismo color que el interior y
cuenta con detalles prácticos de serie, como ganchos para colgar
bolsas y argollas de anclaje, un bolsillo y una cinta para sujetar
objetos en los laterales, y una fina cubierta a modo de tapa. Esta
se ha diseñado de una manera muy original e inteligente ya que va
dividida en dos piezas: la más corta encaja en los enganches
integrados en los laterales del revestimiento del
maletero, mientras
que la pieza más larga se acopla en el portón del maletero. Esta
última se desplaza hacia arriba junto con el portón al abrirlo, y al
cerrarlo vuelve a unirse con precisión a la pieza más corta. Para
facilitar el transporte de objetos largos, como por ejemplo unos
esquíes, entre los dos respaldos traseros puede utilizarse una
abertura en su parte central por medio de una escotilla con tapa.
El equipamiento de serie se encuentra a la altura del modelo, con
los elementos habituales en su segmento: seis airbags, climatizador
automático, ESP con sistema de bloqueo transversal, llantas de
aleación, sistema de freno electromecánico, llave de arranque con
mando a distancia, entre otros, que puede ser completado con
diferencial deportivo en las unidades V6; sistema Audi Drive Select,
que actúa sobre la configuración de acelerador, cambio y dirección
para ofrecer una conducción más dinámica; paquete S-Line, que rebaja
la altura de la carrocería en 10 mm y potencia la imagen exterior
con
parachoques específicos, entradas de aire de mayores
dimensiones, molduras pintadas en el mismo color del coche, etc.
También se encuentran disponibles en opción los airbags laterales
para las plazas traseras, llave de confort –no es necesario
insertarla en el contacto–, sistema de iluminación en curva, control
de crucero adaptativo con sistema de frenada automática, diferentes
equipos de
navegación, de sonido, etc.
Ayudas a la conducción
En el apartado mecánico, el
A5 Sportback cuenta con un motor ubicado
en posición longitudinal y elementos compartidos con el
A5 y el
A4.
Por ejemplo la colocación del diferencial delantero, que va delante
del embrague o del convertidor de par. De esta manera se intenta que
el
motor quede lo mas próximo al centro de gravedad del vehículo, al
acercarlo lo máximo posible a las
ruedas delanteras, lo que
repercute positivamente en el comportamiento dinámico. La tracción
es total y permanente en las cuatro ruedas, por medio de un
diferencial central tipo Torsen, con distribución asimétrica de la
fuerza mecánica. Cuando no hay pérdidas de tracción, dicha fuerza se
distribuye un 40 por ciento delante y el 60 restante detrás. Pero si
cualquier rueda patina de forma desigual, el diferencial puede
variar la relación de la distribución de la fuerza motriz en cada
uno de los ejes, con un máximo del 65 por ciento delante y el 85 en
las posteriores. Además, en esta versión 3.0 TDi de 240 caballos el
diferencial trasero tiene un comportamiento deportivo ya que dispone
de un sistema que permite variar el reparto del par motor en cada
una de las
ruedas de dicho eje. Este ingenio permite que cuando se
acelere fuerte en plena curva, haya mayor tracción en la rueda
exterior, lo que favorece el giro. Obviamente, el eje delantero
carece de diferencial autoblocante, aunque en la práctica el control
de estabilidad actúa como si lo fuera ya que al detectar en una
curva la pérdida de tracción de una rueda interior, el sistema actúa
sobre ella frenándola para permitir que la rueda opuesta haga más
fuerza contra el asfalto.
El comportamiento dinámico está marcado por el equilibrio. Aunque es
unos 40 kilogramos más pesado que el
A5 cupé –1.720 kilos en total–,
no resulta torpe en movimiento, ni mucho menos. Su poderoso
motor V6 turbodiésel de 240 caballos junto a la eficaz transmisión automática
y secuencial de siete velocidades hacen del
Sportback un coche muy
ágil, pese a su larga distancia entre ejes, en prácticamente
cualquier terreno, ya sean en curvas enlazadas o en ciudad.
La
dirección de desmultiplicación variable es uno de los grandes
aliados ya que al variar el giro entre las
ruedas y el
volante en
función de la velocidad –más blanda a bajas velocidades–, se adapta
perfectamente al tipo de curvas. En pleno apoyo se nota la actuación
de la tracción integral, permitiendo que el coche vaya prácticamente
entre raíles y, en caso de una desviación imprevista, las ayudas
electrónicas sirven de corrección inmediata. Por si fuera poco, la
suspensión adaptativa de amortiguación variable, con tres modos de
utilización: automática, confort y sport, limita cualquier tipo de
balanceo en curva. Los viajes por carreteras amplias son una gozada
ya que la comodidad es sobresaliente.
Los consumos llegan a ser sorprendentes dada las prestaciones de
este
Sportback, ya que es fácil mantener unos 6,5 litros cada 100
kilómetros mediante una conducción atenta. Claro que esta cifra se
puede disparar casi al doble si exprimimos al máximo el gran
potencial mecánico. Además de una aerodinámica optimizada, este
coche cuenta con numerosos elementos encaminados a ahorrar energía.
Como por ejemplo un alternador que limita el uso del
motor, o los
sistemas de arranque y parada automática, entre otros.
Conclusión
El
Sportback pudiera
parecer un coche de capricho dada su estampa y
precio, pero creo que
aporta un punto práctico que también hay que tener en cuenta. No
sólo está el hecho de disponer de cuatro amplias plazas con sus
respectivas puertas, sino que además aporta un amplio
maletero con
un portón grande que permite cargarlo bastante. De entre sus
competidores, apartando al
A5 cupé, sin duda menos práctico –y algo
más caro–, el rival más directo es el
Volkswagen Passat CC, algo más
modesto y menos impactante pero también algo por debajo en cuanto a
precio.

A destacar
- Diseño.
- Agilidad en la conducción.
- Comodidad en marcha.
- Tracción integral Quattro.
A mejorar
- Menos funcional que un A4.
- Precio elevado.
- Espacio limitado detrás.
- Carece de rueda de repuesto.
Prueba y Redacción:
Arpem.com
Fotografía: Jesús María Izquierdo
Abril 2010
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