|
|
|
|
30 años de Audi Quattro en competición, una huella imborrable

Parece que fue ayer, pero han pasado ya tres décadas
desde que nació un concepto que revolucionó el mundo
de la competición. La llegada del Audi quattro al
Campeonato del Mundo de Rallies dio un giro radical
a esta especialidad, dejando una huella imposible de
borrar. Treinta años después el sistema sigue
plenamente vigente en el deporte de los tramos
cronometrados, donde todos los vehículos punteros
son de tracción a las cuatro ruedas, y también han
sido numerosos los certámenes de circuitos en los
que ha triunfado.
Los más escépticos dibujaron una sonrisa al conocer
que Audi pretendía ganar en el Mundial de Rallies
con un vehículo equipado con tracción a las cuatro
ruedas. El que no pensaba que su fiabilidad no
aguantaría los rigores de los tramos cronometrados,
creía que al repartir la potencia a los dos ejes su
competitividad se quedaría muy comprometida. Incluso
muchos pensaban que un modelo de cinco cilindros
nunca sería ganador¿ pero todos ellos se tuvieron
que rendir ante cuatro garras que han dejado una
huella imborrable en la historia mundial del
automovilismo.
Han pasado ya tres décadas desde que el primer Audi
quattro fue mostrado en el Salón de Ginebra, y desde
entonces se han conseguido 24 triunfos en rallies
del Mundial, dos títulos de pilotos y otros dos de
marcas, tres victorias en el Pikes Peak y 23 títulos
de circuitos. Un historial casi imposible de
igualar.
Pero más que esas frías aunque impresionantes
cifras, lo que realmente ha conseguido la tecnología
Audi quattro en el mundo de la competición es dejar
una huella imborrable. Esas cuatro garras que se
aferran al asfalto, la tierra o la nieve se han
convertido en todo un símbolo para los amantes de
las carreras. Tanto es así, que se puede asegurar
que hay un antes y un después de la llegada de los
Audi quattro a la competición.
Y si no, no hay más que echar un vistazo a los
parques cerrados de los rallies actuales, donde los
vehículos que pelean por las victorias van equipados
en su gran mayoría con un sistema de tracción
total¿ese mismo sistema que hace treinta años
levantaba las suspicacias de los menos convencidos.
Revolución en el Mundial de Rallies
El Campeonato del Mundo de Rallies acababa de
arrancar en los años setenta. Desde 1973 hasta 1978
tan sólo había título de constructores, y fue a
partir de 1979 cuando se instauró el campeonato de
pilotos. Entonces los vehículos de tracción trasera
eran los dominadores de la contienda, con algunas
tímidas incursiones de modelos de tracción
delantera. Entre otras cosas, el reglamento prohibía
la utilización de la tracción total en los rallies,
y ningún fabricante ni siquiera se cuestionó su
uso... hasta que apareció el Audi quattro.
La Federación Alemana, a instancias de Audi,
solicitó desde 1977 a la Federación Internacional de
Automovilismo autorización para que los vehículos de
cuatro ruedas motrices fueran permitidos en el
Mundial de Rallies. Al mismo tiempo, la firma de
Ingolstadt había consultado con el resto de
fabricantes involucrados en la disciplina si tenían
algún problema en rescindir la norma que prohibía la
tracción total. La respuesta fue unánime, "¡Por
supuesto que no hay problema alguno!" Entonces nadie
creía viable un vehículo 4x4 de rallies¿y si además
era Audi quien los solicitaba, la amenaza era
prácticamente inexistente, ya que el único modelo
del catálogo del productos del Grupo Volkswagen que
incorporaba este tipo de tracción era el Iltis de
tan sólo 75 caballos. Lo que nadie conocía es que
desde la primavera de 1977 en la firma de los cuatro
aros se trabajaba en un proyecto, cuya denominación
interna era "262", para crear un vehículo deportivo
de tracción total. Tres jóvenes ingenieros
trabajaban en él: Jörg Bensinger, director del área
de comprobación de trenes de rodaje, Walter Treser,
director del proyecto y el doctor Ferdinand Piech,
máximo responsable técnico de la empresa. Así, en el
Libro del Año 1979 de la FIA (el denominado "Libro
Amarillo") se incluía una sección en la que se
permitía el uso de vehículos de tracción total en
los rallies.
Y fue en el Salón de Ginebra de 1980 cuando el Audi
quattro vio la luz por primera vez¿mostrando al
resto de fabricantes la que sería su arma para los
rallies. En ese momento sólo se habían construido 24
unidades de las 400 necesarias para su homologación
como vehículo de competición, su desarrollo para la
calle no se había completado, y no estaba listo para
la comercialización. Menos aún lo estaba para su
entrada en el Mundial, ya que ni siquiera se había
iniciado el proyecto en el recién creado
departamento de Audi Sport. Pero ya se comenzaron a
dar los primeros pasos. A pesar de que ese año Hannu
Mikkola, uno de los pilotos finlandeses más punteros
del momento, tenía contrato para correr el
Campeonato del Mundo compaginando un Ford Escort del
equipo de David Sutton y los Mercedes-Benz
oficiales, fue contratado por Audi para la puesta a
punto de su nuevo modelo.
La primera demostración de su potencial llegó en el
Rally de Algarve, a finales de 1980. Los
organizadores portugueses de esta prueba del
Campeonato de Europa permitieron a Audi que sacara
su nuevo modelo quattro conducido por Mikkola
ejerciendo las labores de coche cero. Aunque no
compitió oficialmente, se tomaron tiempos y el
resultado final habría sido una contundente
victoria, ya que su tiempo total fue ¡26 minutos!
mejor que el del ganador.
Debut en el Rally de Montecarlo, victoria en el de
Suecia
Con ese excepcional antecedente se llegó al Rally de
Montecarlo de 1981. El equipo oficial Audi debutaba
en el Campeonato del Mundo. Además del coche
conducido por Hannu Mikkola, se inscribía otro para
una mujer, la francesa Michelle Mouton, que
completaba el equipo oficial para esa temporada. Y
de la mítica cita monegasca se regresó con un sabor
agridulce. Mouton ni siquiera llegaba a completar el
primer tramo cronometrado, ya que su coche tuvo
problemas de alimentación en la etapa de
concentración y se tuvo que retirar. Mikkola por su
parte dejaba claras muestras de la competitividad
del nuevo quattro. Tras seis especiales lideraba la
clasificación con seis minutos de ventaja sobre el
segundo clasificado, aunque entonces tuvo problemas
con el alternador, se salió de la carretera¿y al
final acabó en la posición 91ª.
La demostración efectuada por el piloto finés quedó
confirmada en la segunda cita del certamen, Suecia,
en la que sobre la nieve y el hielo quedó clara
constancia de la superioridad del Audi quattro.
Mikkola acabó casi dos minutos por delante del Ford
Escort de Ari Vatanen, culminando la primera
victoria de un vehículo con tracción total en el
Campeonato del Mundo, además de ser la primera vez
que un piloto no sueco ganaba la cita escandinava.
Al tratarse de un vehículo totalmente nuevo, el
trabajo de puesta a punto dio algún quebradero de
cabeza, aunque ya en agosto, en el Rally 1000 Lagos
de Finlandia, Mikkola regresaba al podio. Pero en la
temporada de 1981 se vivieron más hechos históricos
de la mano del nuevo modelo de rallies de la marca
de los cuatro aros. Fue en octubre cuando por
primera vez una mujer, Michelle Mouton, se alzaba
con el triunfo absoluto en una prueba del Mundial,
el Rally de Sanremo. La temporada se culminaba con
el triunfo de Mikkola en el RAC y la tercera
posición final para el finés en el campeonato de
pilotos.
Técnica: totalmente innovador
La llegada del Audi quattro al Campeonato del Mundo
de Rallies se produjo en un momento de cambios en la
especialidad. Era el fin de la reglamentación de los
grupos 1, 2, 3 y 4, que dejaban paso a los grupo N,
A y B. Para homologar un grupo N ó A había que
construir 5.000 ejemplares de serie, y para el grupo
B eran necesarias 200 unidades. Pero como el Audi
quattro debutó en competición en 1981, un año antes
de la entrada de esta nueva reglamentación, fue
homologado como grupo 4, por lo que hubo que
construir 400 unidades¿ que no estuvieron
completadas hasta casi el momento de la salida del
Rally de Montecarlo.
Además de su sistema de tracción a las cuatro
ruedas, que anteriormente a su debut tan sólo había
sido utilizado en rallies por Subaru y Land Rover en
las pruebas africanas, el Audi quattro también se
distinguía por la utilización de un propulsor de 5
cilindros y 2,1 litros de cilindrada que, gracias a
la turboalimentación, desarrollaba una potencia de
360 caballos. Para hacernos una idea, los mejores
coches de la época rondaban los 250 caballos de
potencia. Pero en el Audi quattro había que
solventar su mayor peso, producido por montar un
motor de cinco cilindros y por equipar un sistema de
transmisión también más pesado.
Precisamente esa era una de las pegas que frenaron a
otros fabricantes a montar sistemas de tracción
total en sus vehículos. Aumentaba mucho su peso y la
potencia del motor debía ser repartida entre dos
ejes. Según los "gurus" técnicos de otras marcas, lo
que se ganaba en agarre se perdía en peso,
distribución de la potencia¿y fiabilidad. Porque
nadie creía que un sistema de transmisión 4x4
aguantaría las inclemencias a las que está sometido
un vehículo de rallies, que pisa piedras, baches,
cunetas y todo tipo de golpes en sus diferenciales.
Y de ahí el éxito de Audi, que demostró al mundo que
una cosa no estaba reñida con la otra, y pronto el
resto de marcas participantes en el Mundial tuvieron
que seguir sus pasos.
Llegan los títulos mundiales
No tardó Audi en conseguir su primer título mundial.
Fue en 1982, su segunda temporada en la contienda.
Ese año el equipo se reforzó con el sueco Stig
Blomqvist, que acompañó a Mikkola y Mouton a lo
largo de la temporada. Ya en Montecarlo se vio que
habría que contar con la fémina, ya que en una
edición con poca nieve estuvo peleando hasta casi el
final por el triunfo. Una salida de carretera la
impedía conseguirlo.
Suecia fue de nuevo territorio del quattro, cuyas
"garras" se aferraban a la nieve mejor que ningún
otro rival, aunque esta vez era Blomqvist el que se
llevaba el triunfo. En Portugal ganaba Mouton, que
posteriormente repetiría en el Acrópolis griego y en
Brasil, por lo que llegó a la última cita de la
temporada en Costa de Marfil peleando por el título
frente al alemán Walter Röhrl, que entonces corría
con Opel. La francesa mostró un coraje fuera de lo
común, ya que tomó la salida a pesar de que su padre
había fallecido la víspera. Pero la suerte no estuvo
de su lado, ya que sufrió algunos problemas cuando
marchaba cómoda en cabeza, y posteriormente sufría
un accidente que la apeaba del rally¿y del título.
Pero los tres triunfos conseguidos por ella, sumados
a los dos de Blomqvist en Suecia y Sanremo y los dos
de Mikkola en el 1000 Lagos y el RAC británico daban
a Audi el primer título de marcas. En el campeonato
de pilotos Mouton era subcampeona y sus dos
compañeros ocupaban la tercera y cuarta plaza final
de la tabla.
Y si un año antes la marca de Ingolstadt se hacía
con el título de constructores, en 1983 conseguía el
campeonato y el subcampeonato de pilotos con Mikkola
y Blomqvist. De nuevo era el resbaladizo Rally de
Suecia el que abría el marcador de victorias para
Audi, que conseguía el doblete de la mano de Mikkola
y Blomqvist, repitiendo doblete en Portugal, esta
vez con Mikkola y Mouton. Los triunfos en Argentina
y el 1000 Lagos daban el título al finlandés en un
año que se culminó con una nueva victoria del
quattro en el RAC, esta vez de la mano de Blomqvist.
La era dorada de los grupo B
La nueva reglamentación de los grupo B iba cuajando,
y si en 1983 aparecía el Lancia 037 como máximo
rival de los Audi, aunque con tracción trasera, en
1984 llegaría otra marca que seguía los pasos de los
quattro: era el Peugeot 205 Turbo 16 de tracción
total, que debutó en el Tour de Córcega. Pero en
Ingolstadt no se dormían y tras comprobar que la
competencia llegaba apretando fuerte, decidieron
homologar una nueva versión denominada A1.
Como el primer Audi quattro se desarrolló como grupo
4, la firma de los aros decidió aprovechar la mayor
permisividad de la reglamentación de los grupo B
para evolucionar su vehículo de rallies. Se le llamó
A1 porque su principal aportación era su bloque
motor, ahora de aluminio, aunque un poco más
adelante, en mayo de 1983, aparecía una nueva
evolución, el A2, cuya cilindrada se había rebajado
para beneficiarse de las ventajas de la
reglamentación en cuestión de peso. Así, gracias a
esta medida y a la incorporación de puertas de
kevlar, se rebajó a cerca de 1.000 kilos su peso.
Además, en esta nueva versión se incorporaba una
culata de 20 válvulas que elevaba la potencia por
encima de los 400 caballos.
Y si su eficacia ya quedó probada con el título de
Mikkola de 1983, en 1984 los Audi dominaron
absolutamente el Mundial. Para esa temporada la
formación se reforzó con el fichaje de Walter Röhrl,
el piloto que marcaría una época dorada de la firma
de los cuatro aros en competición. Ya debutó de
manera inmejorable en el Rally de Montecarlo, en el
que ganaba encabezando el triplete que completaron
Blomqvist y Mikkola. También hubo triplete en la
segunda cita del año, Suecia, el territorio favorito
del modelo de los cuatro aros, con Blomqvist, Mouton
y Per Eklund. Y la racha no se frenó en la tercera
prueba, Portugal, donde era Mikkola el que daba el
triunfo a la marca alemana.
Blomqvist asumió el protagonismo del equipo a mitad
de la temporada, ganando el Acrópolis, Nueva Zelanda
y Argentina (donde de nuevo Audi firmaba otro
triplete que completaban Mikkola y el argentino
Jorge Recalde), siendo su triunfo en el Rally Costa
de Marfil el que le daba el título de pilotos.
Además de proclamarse campeón, Blomqvist conseguía
una marca histórica, ya que se convertía en el
primer piloto capaz de ganar cinco rallies en una
misma temporada¿ un récord que permaneció imbatido
hasta muchos años después. Para el campeonato de
marcas hubo que esperar al RAC de Gran Bretaña, en
el que se culminó el año más brillante del quattro
en competición.
Nuevos rivales, pero Audi sigue triunfando
La llegada de nuevos rivales obligó a seguir
evolucionando el Audi quattro de rallies. A pesar de
que estaban dominando la temporada 1984 con
claridad, en el Tour de Córcega la firma germana
estrenó su nueva evolución, la versión Sport S1,
cuya potencia se elevaba a la nada desdeñable cifra
de 510 caballos de potencia. Pero echando un simple
vistazo, lo que más destacaba de esta versión era su
nueva fisonomía externa, producto de un
redimensionamiento en el que se buscó un mejor
reparto de pesos.
Así, la nueva versión del victorioso modelo de
competición era 244 milímetros más corta que la
anterior, y 57 milímetros más ancha. Pero el
problema era que su elevado potencial, igual al de
un fórmula 1 de esa época, resultaba difícil de
controlar. A pesar de que se comenzó a trabajar con
diferenciales viscosos Torsen y que se incorporó una
caja de cambios de 6 velocidades, los pilotos que lo
conducían se bajaban extenuados por las elevadas
exigencias a que se veían sometidos.
Pero la culminación del Audi quattro de competición
llegó con su última evolución, denominada E2, en
1985. A pesar de que exteriormente su fisonomía
resultaba muy espectacular gracias a la profusión de
elementos aerodinámicos, la verdadera filosofía de
este nuevo modelo era conseguir un mejor reparto de
pesos entre el tren delantero y el trasero una vez
más. Si en su anterior evolución un 58% del peso
recaía en el tren delantero, en esta nueva versión
se conseguía un equilibrio casi perfecto del 52%
delante y 48% detrás, entre otras cosas, gracias al
traslado de los radiadores, construidos en fibra de
carbono, los ventiladores y el alternador a la parte
trasera del vehículo.
Aunque hay quien especula que se llegaron a superar
los 600 caballos de potencia, las cifras oficiales
de la marca hablaban de 550, con una aceleración de
0 a 100 kilómetros por hora de sólo 3,1 segundos. Y
es por ello por lo que el trabajo aerodinámico
resultó vital para conseguir que el "avión" no
despegara al pisar los pilotos el acelerador. Al
tiempo también se buscó la máxima refrigeración. En
el motor se usaba un sistema de inyección e agua,
elemento que también era usado para regular la
temperatura de los frenos. A nivel de transmisiones
también se trabajó mucho en los diferenciales Torsen
de accionamiento viscoso y unidades hidráulicas.
Adelantándose una vez más a su tiempo, se introdujo
una caja de cambios semiautomática similar a la
Porsche PDK utilizada en los vehículos de Sport
Prototipos y Le Mans, y precursora de los actuales
cambios S tronic de serie.
La mejor demostración del poderío de este "monstruo"
de la competición llegó en el Rally de Sanremo de
1985, donde Walter Röhrl se impuso por más de seis
minutos al Peugeot de Timo Salonen. Ese año Stig
Blomqvist consiguió el subcampeonato de pilotos, y
el propio Röhrl fue tercero, y Audi también acabó
subcampeona de marcas.
El camino iniciado por Audi en 1980 fue seguido por
otras muchas marcas. Además del Peugeot 205 Turbo
16, Lancia también se introducía en el mundo de la
tracción total con el S4, Ford con el RS200, Citroën
con el BX 4TC o Rover con el MG Metro 6R4. Pero la
escalada de potencias se había desbordado, y la de
1986 fue una temporada trágica. Ya en el Rally de
Portugal Joaquim Santos se salía en la Sierra de
Sintra con su Ford RS200, arrollando a varios
espectadores. Tres de ellos fallecieron y otros
treinta acabaron heridos. Los equipos oficiales
decidieron retirarse en señal de duelo, pero Audi
fue más lejos, anunciando su retirada de la
contienda pocos días después¿y adelantándose una vez
más a los acontecimientos. Poco después, en el Tour
de Córcega, era el Lancia Delta S4 de Henri Toivonen
y Sergio Cresto el que sufría un accidente en el
tramo de Corte-Taverna, en el que ambos murieron al
explotar el vehículo tras el impacto. Entonces la
Federación Internacional de Automovilismo decidía
acabar con la escalada, prohibiendo los grupo B a
partir de la siguiente temporada, 1987.
Pikes Peak: la carrera de las nubes
El interés de Audi por el mercado norteamericano
llevó a su departamento de competición a buscar
nuevos retos. En 1985 decidieron competir en la
subida de montaña más famosa del mundo, Pikes Peak,
la carretera que lleva al cielo en las Montañas
Rocosas de Colorado, denominada popularmente como
"la carrera de las nubes". Todo un desafío, ya que
los 20 kilómetros arrancan desde 2.866 metros, para
acabar después de sortear 156 curvas sin guardarraíl
a 4.301 metros sobre el nivel del mar, tras haber
superado un desnivel medio del 7%, con zonas que
alcanzan el 10%. Una competición cuya primera
edición se disputó en 1916 y que es todo un
acontecimiento en Estados Unidos.
La primera participación fue en 1985, y de nuevo el
Audi quattro hacía historia. Por primera vez una
mujer, Michelle Mouton, se imponía en la
clasificación de la prueba al volante de una
variante del S1 aún más espectacular. El principal
trabajo de los ingenieros, además de regular las
transmisiones para esta específica competición, fue
mejorar aún más la aerodinámica del vehículo, cuya
imagen se asemejaba a la de una nave espacial.
Un año después fue Bobby Unser, el patriarca de una
de las sagas de pilotos estadounidenses más
arraigada, el que daba la segunda victoria al Audi
quattro. Y, una vez más, Peugeot decidió seguir los
pasos de Audi y en 1987 presentó un completo equipo
formado por Ari Vatanen, Andrea Zanussi y Sekhar
Mehta. Pero ninguno de ellos pudo con Walter Röhrl,
que daba el tercer triunfo consecutivo a la marca de
los cuatro aros, que quedó imbatida en el palmarés
de esta importante carrera, dejando además un récord
que tardó muchos años en ser superado.
Y de América nos desplazamos a África, ya que la
trayectoria de Audi en los rallies se cerró con un
brillante doblete conseguido por Hannu Mikkola y
Walter Röhrl en el Safari de 1987. Y de nuevo la
marca de Ingolstadt lograba un hito histórico, ya
que por primera vez un vehículo de tracción total se
imponía en la dura prueba keniana. Se rompía así el
tabú de que la transmisión total no aguantaría en la
prueba más complicada del calendario, y se cerraba
de una manera gloriosa el periplo por el deporte de
los tramos cronometrados, donde los quattro marcaron
una época y obligaron al resto de las marcas a
seguir sus pasos.
Quattro también triunfa en los circuitos
Una vez superada la etapa de los rallies con el
colofón del Pikes Peak, la singladura del
departamento de competición de Ingolstadt prosiguió
en territorio norteamericano. En 1988 la marca de
los cuatro aros decide enfocar su trayectoria
deportiva a las series TransAm. Aprovechando el
mismo motor de cinco cilindros turbo y 510 caballos
con el que se había hecho historia en los tramos, el
Audi 200 quattro se impuso en el campeonato de
pilotos con Hurley Haywood y en el de marcas tras
lograr la victoria en ocho pruebas puntuables.
El siguiente paso fue afrontar el campeonato IMSA
GTO en 1989, una disciplina que permitía aún más
libertad en la preparación del vehículo. Así, el
Audi 90 quattro preparado para afrontar este nuevo
reto tan sólo se parecía al modelo de serie en su
fisonomía. El interior era una estructura
multitubular a la que se había "disfrazado" con una
carrocería de fibra de carbono cuya anchura llegaba
hasta los 2 metros. Las cifras de este modelo
asustan aún más que las de sus antecesores, ya que
el motor de cinco cilindros llegó a desarrollar la
nada desdeñable potencia de 720 caballos. Para
hacernos una idea de su poderío, las llantas tenían
14 pulgadas de ancho.
Y de nuevo Audi volvía a triunfar. Esta vez de la
mano del alemán Hans Joachim Stuck consiguieron
siete victorias en las trece pruebas puntuables del
campeonato, obteniendo el subtítulo en la
clasificación de marcas.
Superada la fase americana de sus programas de
competición con nota, Audi decidía regresar a Europa
continuando su trayectoria en los circuitos. Y de
nuevo se marcaron un gran reto, al afrontar el
certamen más competido y de mayor complejidad
técnica, el Campeonato Alemán de Turismos DTM. Y los
técnicos de la marca no se anduvieron con remilgos,
eligiendo para este nuevo desafío el motor
atmosférico V8 de 3,6 litros de cilindrada. A su
favor tenía los 462 caballos de potencia, pero
también había que superar su punto débil, que era su
superior peso, que llevaba al coche hasta 1.220
kilogramos.
De nuevo la tecnología Audi quattro volvía a
demostrar su imbatibilidad en competición, ya que en
1990 se imponía el veterano Hans Joachim Stuck en el
DTM, y un año después, en 1991, era el joven Frank
Biela el que se alzaba con el entorchado tras una
competición final de infarto en el circuito de
Hockenheim. Esos dos títulos consecutivos abrieron
la polémica, ya que algunos rivales comenzaron a
levantar sospechas sobre la legalidad de un nuevo
cigüeñal utilizado en los vehículos estrenados en
1992, por lo que la firma de Ingolstadt decidía
retirarse a mitad de temporada.
Campeones de España
La inagotable historia de la marca de los cuatro
aros en competición tomó rumbo a los campeonatos
nacionales de turismos. Su primer título llegó en
1993 al ganar en Francia con el Audi 80 quattro. Ya
en 1995 la firma se imponía en la Copa del Mundo con
el Audi A4 quattro, vehículo con el que también
conseguían el título nacional italiano esa misma
temporada.
Pero fue en 1996 cuando se lograron el mayor número
de campeonatos nacionales de Superturismos. Esa
temporada el Audi A4 quattro se impuso en Alemania,
Australia, Bélgica, Gran Bretaña, Sudáfrica y
Suecia¿pero también en España, donde la marca
germana se hacía con la corona de la mano de Jordi
Gené. La conjunción del motor de cuatro cilindros y
2 litros y el sistema de tracción a las cuatro
ruedas se mostró imbatible esa temporada en la que
se lograron siete títulos nacionales.
"Fue un año muy bonito", recuerda el propio Jordi
Gené. "El coche era muy competitivo, y comenzamos el
año arrasando. Pero según fue avanzando la temporada
los rivales fueron espabilando, nos lastraron con
peso para restarnos competitividad y en Michelin
sacaron un neumático muy competitivo para nuestros
rivales, porque nosotros usábamos Dunlop. El caso es
que llegamos a la última prueba en Montmeló con
mucha presión, ya que el resto de campeonatos
nacionales en los que participaba Audi ya habían
finalizado consiguiendo seis títulos, y sólo faltaba
el nuestro para completar el gran año. Nuestros
rivales se reforzaron, y tanto Alfa Romeo como
Nissan trajeron pilotos de fuera para apoyarles,
pero al final conseguimos el campeonato que
completaba aquella excepcional temporada para Audi".
Jordi destaca "la gran facilidad para adaptarte al
coche. En seguida conseguías el noventa y nueve por
ciento de su competitividad y te sentías muy a gusto
conduciéndolo. Para que se hagan una idea, durante
dos años al acabar la temporada hicimos un acto
promocional con el piloto de motos Carlos Checa. El
primer año con el Opel de tracción delantera en diez
vueltas se quedó a 6 segundos de mi tiempo. El
segundo, ya con el Audi A4 quattro, en las mismas
diez vueltas se quedó a sólo dos segundos. Esto
demuestra claramente que era un coche fácil de
conducir, al que te adaptabas de una forma muy
rápida".
La trayectoria del Audi A4 quattro en las
competiciones de turismos se completó con el título
centroeuropeo de 1997, el campeonato alemán de 1999
y el título sueco conseguido en 1999, 2001 y 2002.
También se ganaron las Speedvision GT Series en
2001, 2002 y 2003, y las Superstar Series en 2006,
2007 y 2008.
Como vemos, han sido tres décadas en la que la
tecnología Audi quattro ha dejado marcada su
impronta en el deporte del automóvil. Desde la nieve
de Suecia hasta los rotos caminos de Kenia, pasando
por las Montañas Rocosas de Colorado o los circuitos
de medio mundo, allí donde han llegado las cuatro
garras de la marca de Ingolstadt se ha triunfado. Y
tras tanto éxito llegó el momento de buscar nuevos
retos. La tecnología quattro ya había demostrado
sobradamente su eficacia en todo tipo de
competiciones, y fue entonces donde se decidió ganar
una de las pruebas míticas del calendario, las 24
Horas de Le Mans, con un motor TDI, otra innovación
de la firma de los cuatro aros que rápidamente ha
sido seguida por sus rivales¿pero eso es ya harina
de otro costal.
05 de Marzo de 2010
Gregorio Patiño
Barahona
|
|