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Circuito de MónacoConclusión de la Carrera 2011
Mónaco, una vez más. Y en esta ocasión con más emoción de lo que nos suele dejar el trazado de Montecarlo. No me entra en la cabeza que haya gente a la que disguste Mónaco. Por historia, por leyenda, por ser la Fórmula 1 en sí. Vale que no se puede adelantar, pero siempre ha sido así. Si acaso sobran las copias malas (no quiero mirar a Valencia), o los circuitos donde adelantar resulta tarea muy complicada. Pero este tiene que estar siempre. Esa esencia de los entrenamientos libres en jueves, ese luchar del piloto contra el desasosiego de la rutina en la ciudad, ese formalismo en la entrega de trofeos, únicamente roto por el baño de Sebastian Vettel a un guarda de seguridad. Dejó algún detalle esa ceremonia, como que Fernando Alonso fue el único piloto que no dio dos besos a Carlota Casiraghi, y si buscan en google a la susodicha verán que fue una mala decisión del asturiano. Vayamos a lo que importa. Toca empezar por Sebastian Vettel, el vencedor y líder del Mundial. Vale que tuvo suerte, pero con matices. Y esos matices son que hizo más de sesenta vueltas con el temible neumático Pirelli, que aguantó más de veinte vueltas delante de Alonso y Button y que "solo" le quedaban seis más cuando se paró la carrera. Digo solo entre comillas porque nadie sabe lo que hubiera pasado, pero es muy atrevido decir que iba a ser adelantado, y más hablando de Mónaco. Así pues, en la mayoría de casos si la suerte no va acompañada de trabajo no funciona de nada. Por cierto, garrafal el fallo que tuvo Red Bull en la parada de Vettel, al equivocarse de neumáticos. Ahí perdió mucho tiempo, así que las gallinas que entran por las que salen. Ese error de Red Bull nos hace pensar que son humanos y tienen fallos, ya empezábamos a dudarlo. El alemán sigue con paso firme hacia el bicampeonato. Ya hemos disputado carreras en diferentes circuitos y ha vencido en casi todos. Desde uno semiurbano como Albert Park, hasta otro urbano como Montecarlo, pasando por Estambul o Montmeló. Los dos últimos grandes premios nos muestran que Hamilton o Alonso pueden darle guerra, pero que Vettel aguanta estoicamente. Alonso, Vettel, Hamilton, en el orden que ustedes prefieran, la Santísima Trinidad de la Fórmula 1 actual. Nunca me cansaré de recordar lo buen piloto que es Lewis Hamilton, pero tiene cosillas que siguen equilibrando su enorme talento. La maniobra con Massa sacó sus dos caras: primero se lanza a por el de Ferrari tocándole en Loews, y, al poco, le pasa en el túnel (mi memoria no me permite recordar otro adelantamiento en esa zona). Luego arruinó la carrera de Maldonado. Estuvo furioso durante la carrera, quién sabe si enfadado por la mala suerte del sábado (cuando ocurrió el accidente de Sergio Pérez aún no había realizado ninguna vuelta), por la sanción de calificación, o por el toque con Schumacher en la primera curva. O quizás por la rabia de tener que desperdiciar su potencial en esas posiciones atrasadas. Sea como fuere, hay que reconocer que estuvo desafortunado. Y si en Mónaco no se le mostró la bandera negra, esa bandera debería dejar de existir, pues no habrá ocasión más idónea para enseñársela. Las quejas tras la carrera fueron desmesuradas, y no hacen si no confirmar lo que cuento siempre: no hay conspiraciones por parte de la FIA hacia ningún equipo ni piloto, simplemente son malos tomando decisiones. Por ejemplo el desenlace de carrera. Con el accidente de Alguersuari y Petrov, lo lógico hubiera sido dar por terminada la carrera, ya que se había cumplido más del 75% de la misma. Parando, lo que se conseguía era alargar la historia sin opción a cambiarla. Y es que el reglamento permite realizar modificaciones en los monoplazas, y los equipos aprovecharon para cambiar neumáticos. Las reglas son esas, y es lo que hay cuestionarse. Esa permisión nos impidió ver un emocionante final, una lucha por la victoria que se antojaba apasionante. Me dirán que, al reanudarse la carrera sí hubo cambios de posición, pero ya he dicho que lo de Hamilton fue una maniobra fuera de lo legal. Fernando Alonso volvió a salir bien, demostrando que el embrague instaurado en Montmeló funciona. Buena noticia para Ferrari. Luego tuvo ritmo y pudo llevarse la victoria. No quisiera yo frenar el optimismo que nos deja esta carrera, pero entraba en los planes. Tampoco me extrañaría verle cerca de ganar en Canadá, o más tarde en Valencia. Luego llegará Silverstone y nos devolverá a la realidad -o no, quién sabe-. De momento con la marcha de Aldo Costa se dan pistas sobre cuál es el camino a seguir de cara a un futuro no muy lejano: cambiar. Volviendo a Hamilton, hay dos conceptos que los aficionados de la Fórmula 1 no debemos olvidar: agresividad y violencia son términos cercanos pero diferentes. Y yo soy el primero que pide pilotos agresivos, con mordiente, con sangre ardiendo. Pero lo de Lewis no fue eso. Hay otra cosa que los aficionados debemos entender. ¿Por qué damos por lógica la aplastante diferencia entre Alonso y Massa y buscamos conspiraciones entre Webber y Vettel? la Santísima Trinidad de la que hablaba antes está un paso por encima del resto, cuanto antes lo aceptemos mejor. En otro tiempo Schumacher estaría ahí, pero ésta no es su época. No obstante, nos dejó un bonito adelantamiento a Rosberg, y se defendió bien de Hamilton hasta que fue imposible. El inglés podía haber aprendido ahí que a veces no tienes más remedio que respetar al rival. ¿Y de Alguersuari qué contamos? el sábado reconoció haber chocado adrede con Kobayashi para, según sus palabras, "recordar que estaba ahí". El domingo se llevó por delante a Hamilton, aunque habría que ver si el de Mclaren frenó al ver a Sutil cruzándose en su camino sin rueda. Sea lo que sea, no terminó la carrera y su compañero sumó un punto. Todo cuenta, y Alguersuari se ahoga poco a poco. Si Toro Rosso decide sustituirle, la Fórmula 1 seguirá hablando español. Sergio Pérez y Pastor Maldonado entraron en Q3 en calificación. El mexicano tuvo el desafortunado accidente y no corrió, pero pronto le veremos conseguir buenos resultados para su escudería. Igual que Maldonado, que lo estaba haciendo genial hasta que el coco Lewis apareció en su camino. Pasito a pasito van mejorando, haciéndose notar. Es agradable. Igual de agradable fue ver a tres pilotos luchar hasta el último momento por la victoria. Está preciosa la Fórmula 1 actual. De muestra vale un botón: mis padres me permitieron ver la carrera en el salón y, en vez de buscar otra tele en la casa, se mantuvieron ante el televisor las más de dos horas que duró, sufriendo con mis pilotos, lamentando algunas cosas y celebrando otras. En estos momentos es fácil que cuaje entre los menos habituales. Dentro de dos semanas intentaré que vean el Gran Premio de Canadá. Disfrutemos.
Jose Carlos de Celis |
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