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TRANSMOROCCO SANTANALIGERO
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Aventura en Estado Puro
Hace aproximadamente dos años, el Club
Santanaligero empezó a plantear un viaje. ¿Cómo debía de ser ese
viaje?. Pues como otras reuniones del club, con su misma filosofía,
¡de aventura!. Pero este iba a ser de aventura pura, ya que
pretendíamos bajar a Marruecos, pero no como un paseo de clásicos,
sino como 4x4 puros y duros que son estos coches fabricados en la ya
extinguida fabrica de Linares.
Si hace 30 años, la gente se movía con estos
coches, por que no, nosotros en la actualidad. La mayoría de los
integrantes de este viaje tiene coches modernos, pero como personas
un poco incomprendidas de la sociedad, preferíamos bajar en estos
coches, duros, sin A/A, con direcciones extremadamente duras, con
frenos algo justos, con unas ballestas que ayudan a pagar la
hipoteca a cualquier amigo fisioterapeuta, y con unas velocidades de
vértigo que son incapaces de superar la velocidad legal de
cualquiera de nuestras carreteras. Pero ahí estábamos, con una
ilusión tremenda, de la que puede mover montañas.
El planteamiento del viaje fue sencillo, llegar a
Merzouga a disfrutar de las dunas. Otra prioridad fundamental era
que la velocidad la marcaba el más lento y si uno rompía, rompían
todos.
Algo que tienen de bueno estos coches en Marruecos
es su facilidad para encontrar recambios, aunque por si acaso, y por
gentileza de dos patrocinadores del Club, Todox4 y Talleres de hijos
de Juan Jesús Luna, nos prepararon un pack de recambios para
posibles averías.
Con estas premisas emprenderíamos el viaje, y
nuestro punto de partida fue en Algeciras, ya que había gente que
llegaría desde Vitoria, Palencia y Madrid.
En total fueron 7 coches los que finalmente se
enfrascaron en esta aventura, 3 Santana Ligero, un Santana Serie
III, un Santana Serie II, un Santana 109 militar y un Land Rover
Defender TD4.
Ahí estábamos el viernes 15 de abril a las 14:00 en
Algeciras. Ya no había vuelta atrás, más de uno decía ¡estamos
locos! Y no es para menos, le íbamos a añadir 4.000 Km. al marcador
de nuestros coches, lo que muchos hacen al año, en 10 días.
El viernes lo utilizamos para pasar el estrecho, y
poder emprender el viaje en territorio Marroquí el mismo sábado. Ese
mismo viernes, ya teníamos ajustado con una persona de allí el tema
del cambio de divisa, que puntual y muy formal efectúo la operación,
y encima a un inmejorable cambio.
Ya el sábado 16 emprendimos el viaje, en este día,
teníamos una etapa larga, ya que debíamos llegar a Midelt para
hospedarnos en Kasba Asmaa. Al comienzo de la etapa conocimos a una
pareja (Edu y Mamen) que iba también a Merzouga, ellos iban en un
camión con una célula y decidieron acompañarnos en el viaje y
hacerlo juntos, la verdad, una compañía de lo más agradable. Durante
todo el día hicimos un viaje tranquilo sin ningún sobresalto,
haciendo una parada en Meknes para comprar las ultimas provisiones
en el Marjane y comer entre los coches en el parking.
Llegamos a Midelt echada la noche, ya con unas
ganas locas de dejar ese maravilloso asiento. Cenamos comida típica
y nos improvisamos una sobremesa al estilo español.
Ya estábamos en el domingo 17, era una etapa corta
para llegar a Merzouga, continuamos el viaje, entre nosotros
teníamos un paisaje espectacular, inusual para nuestros ojos en los
que los árboles brillaban por su ausencia. Paramos a comer en un
maravilloso oasis con miles de palmeras en el Valle del Ziz. Después
de una comida tranquila, continuamos el viaje hasta llegar a Erfoud,
ahí paramos a repostar y ya cogimos la ansiada pista que nos
llevaría a Merzouga (estábamos hartos de circular por carretera).
Desde Erfoud, por pistas rápidas, íbamos a lo máximo que podían dar
nuestros coches, estábamos como chavales el día de los Reyes Magos,
todos disparados dirección Merzouga con una sonrisa de oreja a
oreja, fueron 60 Km. de pista intensísimos, y en el primer bancal de
arena, como cerdos en una charca, todos allí metidos, se notaba que
había ganas de arena.
Finalmente llegamos a la Kasba Le Touareg donde
pasaríamos varios días y lo tendríamos como campamento base de
nuestras excursiones.
Perfectísimo el trato que recibimos en la Kasba Le
Touareg por parte de Hassan y toda la plantilla de la Kasba.
Ya el lunes 18 por la mañana hicimos nuestra
primera ruta, consistía en rodear el Erg Chebbi, en un total de 150
Km., pero debido a la tormenta de arena y que uno de los coches se
quedo en tracción 4x2, resultaba imposible continuar. Decidimos
salir del río de arena y volver al hotel, este Ligero fue eslingado
por nuestro maravilloso coche de apoyo improvisado el Land Rover
Defender TD4, que iba remolcando al Ligero sin inmutarse.
Ya en el hotel vimos que la avería no era tal, ya
que simplemente era un exceso de grasa en uno de los liberadores de
las ruedas delanteras.
Subsanado el problema el martes 19 volvimos a
emprender la misma ruta, y esta vez si la conseguimos terminar, no
sin pasar por una fuerte tormenta de arena que no te dejaba ver a 5
metros y entre el viento lateral y el río de arena, avanzamos muy
lentamente, no sin antes auxiliar a un Suzuki Vitara que había
desllantado. Paramos a comer en un oasis y continuamos la tarde por
pistas rápidas. Fue un día completo, tuvimos dunas, ríos de arena,
tormentas, pistas rápidas, oasis, etc.…
Al salir del oasis tuvimos que pegar un empujón a
un perezoso Toyota Land Cruiser que quería hacer trabajar a sus
acomodados viajeros, los cuales se debieron quedar impresionados al
ver semejante tropa de antiguallas pasar a su lado sin inmutarse,
con esa buena marcha que tienen, porque al tran tran, un Santana
llega donde te propongas.
El Miércoles 20 planteamos ir a repostar a Erfoud y
hacer una ruta por pistas rápidas y descansar de masticar arena de
las tediosas tormentas de arena que había ese día en Merzouga, en
las que los botes y los saltos fueron nuestros acompañantes durante
todo el día. Ya a la vuelta, nos paramos a ayudar a tres motoristas
de los cuales uno venia con fiebre y agotando sus últimas fuerzas,
no pudo superar un bancal de arena, cayendo hasta dos veces, por que
no podía aguantar el peso de su BMW. Les ofrecimos todo lo posible,
desde medicamentos, comida, agua, hasta llevarle la moto donde
necesitasen, ya que llevábamos más conductores que coches.
El jueves 21 fue un día intenso de dunas, unos
salimos tempranito, y otros se incorporaron después, ya que los
niños no merecían sufrir con tanto madrugón. Disfrutamos como enanos
los 4 coches que salimos pronto, hasta que una “olla” se nos cruzo
en el camino y nos hizo palear más de la cuenta, algo que era
previsible, pero que con el ritmo que llevamos los españoles, nos
estresaba eso de tener que esperar y es cierto lo que decían los
lugareños “la prisa mata”. Poco a poco salieron los coches y
continuamos el día, parando a comer en el hotel, unos decidieron ir
haciendo las maletas, y otros, después del ultimo sorbo del café de
la sobremesa, salimos a volver a surfear por las dunas, esta vez sin
ningún atranco, y pasando de duna a duna, como si hubiésemos nacido
allí. Como no íbamos pasar el día sin hacer la obra buena del día,
allí en el horizonte vimos un VW Touareg empanzado, fuimos, y
nuevamente al tran tran, sacamos a este melillense de la arena y
hasta le enseñamos a utilizar los controles electrónicos de su coche
y a limpiar el filtro de aire para su correcto funcionamiento.
Vamos, todo un curso avanzado en 5 minutos.
El jueves 21 comenzamos la andadura de vuelta,
hasta Fez. Un viaje que se hizo algo pesado al llegar a la zona de
Ifrane ya que pasamos de estar a 30º en Merzouga a los 5º en la zona
de montaña. Parada para abrir el grifo de la calefacción que va
ubicado en el bloque motor, ya que se hacia un poco incomodo. El
gasoleo de mala calidad, junto con la climatología y la altitud,
hacia que bajasen las prestaciones de nuestras monturas, y una
tromba de agua a unos 50 Km. de Fez, hizo que llegásemos algo
cansados por la especial atención que había que prestar a la
carretera.
Al llegar al hotel, ya una vez aparcados los
coches, unos a cenar a un restaurante típico, otros querían quedarse
a cenar en el hotel por cansancio, pero el restaurante estaba
cerrado, y se unieron al grupo de los que íbamos al McDonald, si, al
McDonald, con tres niños en el grupo, estos estaban deseosos de
comer comida “que conocen” y como se portaron como machotes en todo
el viaje, era merecido darles ese premio, que tanto a los pequeños
como a los mayores les supo como un restaurante de la guía Michelin.
Al día siguiente, el camino a Tánger se presentaba
como una etapa tranquila, que se trunco con una salida de la
carretera de uno de los Ligeros, debido a la cantidad de suciedad de
la calzada y de la lluvia que había caído. Sin consecuencias para su
ocupante, y algunos daños estéticos para su coche, nos pusimos todos
manos a la obra para sacar el Ligero de la cuneta, como si de
expertos en rescate se tratase, allí nos pusimos a cortar el trafico
para meter en medio de la calzada al Defender y al Serie II (los dos
coches que llevaban cabrestante), estaban tan resbaladiza la calzada
que les tuvimos que agarrar por detrás al guardarrail, por que se
escurrían al tirar del Ligero. Saliendo de la nada se incorporo un
gendarme a ayudarnos a controlar el trafico y a seguir nuestras
indicaciones ¡increíble!.
Finalmente salio el Ligero de la cuneta, y una vez
comprobado que eran solamente daños estéticos, continuamos el viaje.
Finalmente, pudimos terminar nuestra aventura sin
grandes percances, solamente la salida de carretera y una parada por
un problema de frenos de otro ligero que fue subsanado en Erfoud
sustituyendo la polea del depresor que se quedo sin dentado. Por lo
demás, sobresaliente mecánicamente. Se nota que estos coches están
hechos para rodar y no parar, sea la situación que sea, aunque la
mayoría de los coches superasen los 30 años de edad, increíblemente
no hubo que utilizar nada de los repuestos cedidos.
Y una vez llegados cada uno de los “aventureros” a
su lugar de residencia, ya estamos deseosos de la segunda
“Transmorocco” del club Santanaligero.
El club quiere dedicar esta aventura a la propia
marca “SANTANA” que recientemente ha cesado su producción y
finalmente parece que desaparecerá, aunque en el corazón de muchos
sigue existiendo como su aliado de aventuras.
 
Reportaje: Roberto Crespo
Abril 2011
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